Entrevista para Noticias 22.
Se transmitió el 25 de junio de 2014.
Fotografía y diseño: Liliana Morales.
Se transmitió el 25 de junio de 2014.
Fotografía y diseño: Liliana Morales.
del Libro en el Zócalo. Domingo, 19 de octubre de 2014.
Entrevista en Código CDMX: Radio Cultural en Línea, conducido por Brenda Galicia. 12 de octubre de 2014. XIV Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México.
Postal y rompe-postales, inspirados en los Poenimios.
Diseño: Azahel Flores Ortega.
Revista N3rvio. Versión impresa. Presentada el miércoles, 24 de septiembre de 2014, en la Fundación Pedro Meyer, pp. 10-13 (Leer).
En el periódico La Jornada:
Entrevista en Código CDMX: Radio Cultural en Línea, conducido por Brenda Galicia. 12 de octubre de 2014. XIV Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México.
Tres poenimios en Vine.
Cortesía: Revista N3rvio.
Postal y rompe-postales, inspirados en los Poenimios.
Diseño: Azahel Flores Ortega.
Revista N3rvio. Versión impresa. Presentada el miércoles, 24 de septiembre de 2014, en la Fundación Pedro Meyer, pp. 10-13 (Leer).
En el periódico La Jornada:
Documental Tierra Húmeda / Poenimios.
Dirección: José Antonio Ruiz Piña, Ruta de escape, México.
Producción: César Abraham Navarrete Vázquez.
(El vídeo se estrenó durante la presentación del libro.)
Producción: César Abraham Navarrete Vázquez.
(El vídeo se estrenó durante la presentación del libro.)
Presentación en la Casa del Poeta Ramón López Velarde.
24 de junio de 2014.
Fotografías: Javier Aguilar Uribe.
24 de junio de 2014.
Fotografías: Javier Aguilar Uribe.
Texto
leído por Félix Francisco Martínez Rodríguez:
Todo
cabe en un poenimio…
“No haremos obra perdurable. No tenemos
de la mosca la voluntad tenaz.” Escribió mi paisano Renato Leduc. Y en la
siguiente estrofa el paradigma:
Mientras haya vigor
pasaremos revista
a cuanta niña vista
y calce regular
¿A qué viene este recuerdo, en el año
del centenario de Efraín Huerta y en la noche de la presentación de la primera
entrega de los Poenimios de César
Navarrete? Se me ocurren dos razones:
No
soy un crítico literario, a lo más un lector de poesía, que disfruta de la
tarea de hombre libre de leer y escribir versos.
Porque
desde la primera vez que escuché los poenimios (del lugar y el momento hablaré
después) vinieron a mi mente poetas de un mundo perdido, poco valorados y, en
algunos casos, intencionalmente olvidados, como el propio Renato.
Desde ese momento supe que, a pesar de
las diferencias de edad y experiencia, con César me unía algo más importante
que compartir un aula en un espacio académico.
Hay cierta complicidad en el gusto por
recuperar una tradición poética a veces marginal, a veces despreciada, no
siempre valorada en su justa medida.
Regreso, para los jóvenes que no
vivieron el siglo XX mexicano, con una nota histórica. No voy a hablar de que
este mundo es distinto gracias a la internet
y a los smartphones. La democracia y
la libertad no llegan en automático con la tecnología; si no me creen pregunten
a los chinos o los iraníes. No somos una sociedad más tolerante porque tenemos twitter, somos producto de una lucha
social y cultural que viene de un tiempo donde no había computadoras
personales, los teléfonos no funcionaban bien, el correo demoraba más que los
trenes que de por sí tardaban siglos.
En esa sociedad autoritaria y
corporativa, se escribió una gran poesía, alguna, apoyada por el régimen
revolucionario, tenía toques épicos (nerudianos), otros místicos, suaves,
nostálgicos, maravillosos.
El régimen de la revolución, contra lo
que pensaron e hicieron otros regímenes “revolucionarios”, mantuvo una política
de control selectivo, e integró a sus filas a varias glorias literarias. Salvador Novo los expresó de esta
manera:
Pues la Revolución todo lo premia
con aproximaciones y reintegros,
y la cena fatídica de negros
está por terminar, y el tiempo apremia,
Cuántos vivieron esperando que la
revolución les hiciera justicia, aunque fuera poética.
En un país de todos los demonios (diría
Gil de Biedma, si hubiese nacido en México), las corporaciones ocuparon el
espacio público y las capillas literarias nacieron, crecieron y, a veces, se
reprodujeron. La poesía fue ubicada en espacio etéreo al que accedían sólo los
iniciados. Las corporaciones sirven para eso, para establecer los rituales de
iniciación y certificar la disciplina y lealtad al líder máximo.
Por eso, cuando el popular presidente
López Mateos quiso descalificar unas declaraciones críticas de Renato Leduc,
dijo, con su sonrisa carismática de mexiquense: “Renato es un poeta”, por lo
tanto sabe de musas no de realidades. Pero Leduc, como Huerta, y muchos más
eran, a su pesar, poetas y usaban sus armas (cargadas de futuro, diría el
inolvidable Gabriel Celaya) para desnudar, no sólo a un régimen autoritario,
también a una sociedad mojigata y acomodaticia, que marchaba el primero de mayo
para agradecer al tlatoani en turno, su bondad.
Ante la soberbia y la petulancia del
neoclásico bastante tardío, poetas recuperaron la raíz íntima del árbol de la
poesía. Para saber vivir, imaginar y, sobre todo reír. No es que la risa sea un remedio infalible,
tampoco es pecado, ni trivial. Es la manifestación primaria del saber.
El sarcasmo nuestro de cada día, la
ironía que muestra la pequeñez del poderoso y del agremiado. La burla de la
realidad que se empeña, ella misma, en reírse de nosotros.
Regreso a la primera vez que escuche
los poenimios, fue en una sesión del Laboratorio de Poesía de Hernán Bravo; en
ese momento recibí una suerte de golpe en la nuca (un zape), yo escribiendo
versos oscuros, juegos de palabras, solemnes juegos de palabras, rimas
asonantes, endecasílabos fugaces. Y un joven llega y recupera ante mis ojos y
oído una tradición en la que yo crecí y que tenía archivada en un disco duro
externo.
Hoy ante esta, insisto primera
colección, debo recordar que la poesía es un lenguaje que se atrofia si no se
usa. No hay un solo lenguaje poético. Como cualquier lenguaje la variedad
depende de la necesidad. Por ejemplo, si la naturaleza no estuviera escrita en
lenguaje geométrico, como bien estableció Galileo, no podríamos leerla y no existiría
la ciencia tal y como hoy la conocemos. Lo mismo sucede con el lenguaje
poético. El poeta decodifica la realidad y la presenta en un lenguaje, cuya
pertinencia está directamente relacionada con la voz que quiere compartir su
manera de ver y concebir la realidad.
Hablaré del lugar donde conocí los
poenimios, porque el Laboratorio de Poesía ha sido, para un viejo prematuro
como su servidor, una experiencia fundamental, porque como un auténtico
laboratorio la mezcla entre el saber y el hacer ha logrado amalgamar distintos
visiones y saberes y a más de uno encontrar su voz propia.
En ese Laboratorio, César llevó su obra
poética, abrió con ello puertas y ventanas a una tradición que no debe morir,
una voz que abreva de la tradición de los epigramas clásicos, del verso
popular, de la voz que ante la censura grafitea en los muros la burla necesaria
para soportar la solemne y necia realidad.
Como aclaré al principio, no soy un crítico
literario; estoy aquí por la amistad cómplice de César, que me honró con su
invitación.
Les invito a incursionar en los
poenimios y, mediante esa puerta, entrar a un mundo que vivo aún les aguarda.
Termino parafraseando a Efraín Huerta: “Juro
que viviré hasta el 13 de julio para poder beberme a gusto la Copa del Mundo” y
brindar por una larga vida a los Poenimios
y a su autor.
Edición de 100 ejemplares foliados,
con un poenimio escrito de puño y letra del autor.
Entrevista en el programa radiofónico Sonicboom de Ibero 90.9, conducido por Agustín Peña. 23 de junio de 2014.
Separadores.
Diseño: Miguel Viveros.
Adorno: Angélica Navarrete.
Adorno: Angélica Navarrete.
Selección vinícola chilena:
Victorius (Carménère) y Cava de Ana (Cabernet Sauvignon).
Cápsula promocional 2 del documental
Tierra Húmeda / Poenimios.
Edición: José Antonio Ruiz Piña.
Tierra Húmeda / Poenimios.
Edición: José Antonio Ruiz Piña.
Cartel y separadores.
Diseño: Miguel Viveros.
Página de twitter de la Casa del Poeta.
Cápsula promocional 1 del documental
Tierra Húmeda / Poenimios.
Edición: José Antonio Ruiz Piña.
Tierra Húmeda / Poenimios.
Edición: José Antonio Ruiz Piña.
Fotografías: Azahel Flores Ortega.
Cortesía de la Revista Cultural N3rvio.
Cartel de la presentación de los Poenimios.
Diseño: Miguel Viveros.
Dos jóvenes editores: Abraham Peralta Vélez (Tierra Húmeda Editorial
de Poesía) y Alejandro Mendoza (Revista N3rvio).
Ilustraciones: Omar Alejandro Ángel Cortés
Detalles del ejemplar original
(Durante el segundo día de grabación
del documental Tierra Húmeda / Poenimios).
del documental Tierra Húmeda / Poenimios).
Fotografías: Omar Navarrete.
Cartel inicial de la presentación de los Poenimios.
Diseño: Abraham Peralta Vélez.
Segundo día de grabación
del documental Tierra Húmeda / Poenimios.
Fotografías: Angélica Navarrete.
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