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miércoles, 24 de abril de 2013

Proverbios, aforismos y refranes de Mesopotamia. Homenaje a Ángel María Garibay Kintana.


Para Ana Delgado.



La literatura, aun en sus etapas iniciales,
es el medio mejor de unión de los hombres.

Ángel María Garibay, Voces de Oriente, pág. 10.






Voces de Oriente, Antología de textos literarios del Cercano Oriente.
(Editorial Porrúa, México, 1964).





Hallé este libro sin buscarlo: así tienen lugar los encuentros más afortunados de la existencia humana.

Acudí a la calle de Donceles, donde hay varias librerías de ejemplares antiguos. Iba en pos de libros sobre Mesopotamia, y el hallazgo de Voces de Oriente, del que desconocía su existencia, fue agradabilísimo, y aún más cuando me costó menos de 30 pesos mexicanos.

Durante su lectura en los siguientes días, concebí la idea de preparar una entrada en esta bitácora para homenajear a uno de los eruditos más generosos que ha dado este país: Ángel María Garibay Kintana, cuyas traducciones del poeta texcocano Nezahualcóyotl pueden consultarse en este espacio.

Decidí hacerlo seleccionando algunos de los proverbios que el padre tradujo y compilo en esta “antología de textos literarios del Cercano Oriente”. Asimismo, aproveché la ocasión para repasar brevemente la historia de la escritura cuneiforme.

Los conflictos bélicos que surgieron en Iraq obligaron a los arqueólogos a trasladarse al norte de Mesopotamia, donde repararon en lugares como Tell Brak y Hamoukar que han hecho a los especialistas reformular mucha de la información que se tenía respecto de esta región. Sin embargo, las recientes revueltas sociales, ahora en Siria, han interrumpido esta labor.










Ángel María Garibay Kintana (1892-1967). Nació en Toluca y murió en la Ciudad de México. Sacerdote católico, profesor, filólogo, investigador e historiador mexicano.

Humanista considerado como el precursor de los estudios modernos sobre la literatura náhuatl. Acaso su discípulo más destacado sea el antropólogo e historiador, Miguel León Portilla, quien en alguna entrevista televisiva recuerda que le preguntaban a Garibay “por qué, siendo un clasicista, perdía su tiempo dedicándole atención a la obra de los indios”. A lo que respondía que “los textos indígenas eran tan valiosos como los de los griegos y romanos”.

Entre las lenguas que el padre Garibay dominaba figuran el náhuatl, el otomí, el latín, el griego, el hebreo, el inglés, el francés y el alemán.

Tradujo al español la totalidad de las tragedias de Esquilo, Sófocles, Eurípides y las comedias de Aristófanes; además de algunos textos en hebreo que compiló en Sabiduría de Israel.

Doy noticia de algunas páginas donde se ahonda en la vida y obra del maestro:











Bandeja de Uruk con inscripciones.
Uruk (actualmente Warka), sur de Iraq,
ciudad que se habitó hace 5ooo años.
(Las evidencias más antiguas de escritura se han encontrado en Eanna).
Período prehistórico tardío, aproximadamente del 3300-3000 a. C.
Museo Británico de Londres. 





En la Introducción general de Voces de Oriente, Ángel María Garibay, resume así el decurso de la escritura cuneiforme (Escritura cuneiforme: Historia de su interpretación, pág. 15):


Idearon en el cuarto milenio antes de C. o acaso antes los hombres una manera de conservar su pensamiento: en plaquetas de arcilla blanda imprimir signos con unas cuñas de madera, y darles un sistema de expresión. Esa es la llamada escritura cuneiforme (del lat. cuneus). Fue el sistema de transmisión del Oriente mesopotámico por cerca de tres milenios. Las primeras tabletas son de Uruk IV, hacia el siglo 30 antes de C. Usaron esta escritura los sumerios, acádicos, hititas, asirios, babilónicos, persas, ugaríticos y aun otros pueblos no totalmente identificados.

El procedimiento era bastante sencillo: se tomaba la tableta blanda, se imprimían en ella los signos con unas cuñetas de madera y se dejaban secar al sol o se cocían al fuego. Al principio se ponían las palabras en forma vertical; más tarde se hicieron renglones más alargados. Se comenzó usando la dirección de derecha a izquierda —como el hebreo de hoy— pero en el tercer milenio a. C. ya hallamos de izquierda a derecha, o el llamado surco de buey, en que una línea va de izquierda a derecha y la que sigue de derecha a izquierda.


Y al referirse a la escritura en Sumeria, escribe en la página 18:


Comenzó siendo figurativa, como la egipcia o como la náhuatl. Quiero decir, si se habla de una casa, dibujaba el escribano una casa. Es también el origen de la escritura china. Pero la ley del menor esfuerzo fue haciendo, en las tres culturas mencionadas, y en esta también, la modificación al símbolo. Ya no era la casa, sino la puerta, el tejado, etc. Y al fin llegó la forma de cuñas que iban siendo como simbólicas de sonidos y de palabras, ya en cambio de nuestro alfabeto. No ha sido fácil ni breve la evolución de la humanidad para dejar en forma estable su pensamiento.






El mundo antiguo, I, Mesopotamia, Egipto, India.
(Secretaría de Educación Pública, México, 1976).





Para complementar la información anterior recurro a Ralph Turner y a su obra Las grandes culturas de la humanidad (1941), capítulo III, La cultura sumeria, en traducción de Francisco A. Delpiane y Ramón Iglesia que recoge José Luis Martínez en el volumen I de la colección El mundo antiguo, correspondiente a Mesopotamia, Egipto e India:


El desarrollo del sistema de escritura sumerio abarca desde los alrededores del año de 3500 a. C. hasta los tiempos en que empezó el poderío de Acad, época en que se usó por primera vez para fijar por escrito una lengua semita. El desarrollo quedó terminado tal vez hacia el año 2, 700 a. C. Sin embargo, ya mucho antes se había vulgarizado el uso del estilo de caña con que se hacían los signos en forma de cuña de donde proviene la palabra “cuneiforme”, y el de la tableta de arcilla, material característico de Mesopotamia. Hacia fines del desarrollo del sistema de escritura sumerio se estableció la costumbre de escribir en columnas divididas en compartimentos o casilleros, como se denominan en lenguaje técnico, y también el uso de escribir de izquierda a derecha.





Registro de asignación de cerveza, la bebida más popular en Mesopotamia.
Período prehistórico tardío, 3100-3000 a. C.
Probablemente del sur de Iraq.
Museo Británico de Londres.





Los signos de las tabletas más antiguas halladas en Uruk son pictográficos. Algunos de ellos son manifiestamente dibujos de cosas; otros son a las claras dibujos estilizados, y otros más son símbolos abstractos. En las tabletas que ahora conocemos, las dos últimas clases son mucho más numerosas que la primera. Según parece, los dibujos propiamente tales se emplean para significar objetos que no solían hallarse en el valle del Tigris-Éufrates, como, por ejemplo, el león, le venado y la cabra montés. Cada signo representaba una sola palabra. A veces se juntaban dos signos para formar un solo significado; así, por ejemplo, para significar “esclava” se combinaban el signo “mujer” con el signo “montaña”, que significaba “país extranjero”. Es interesante advertir que los signos eran sencillos y que, pese a la variedad de caligrafías, estaban escritos con gran uniformidad. Parece que quienes los empleaban, probablemente sacerdotes de los templos más antiguos, sentían aversión por lo complicado y por lo irregular. Aunque, según se cree, las tabletas más antiguas de Uruk representan el primer empleo de la escritura en el valle del Tigris-Éufrates, no es posible atribuir a los sumerios la invención de ella; porque las tabletas no se han traducido, y, por consiguiente, no se conoce el lenguaje anotado en ellas...






Control de víveres (con pictogramas).
Período prehistórico tardío, cerca del año 3000 a. C.
Probablemente del sur de Iraq.
Museo Británico de Londres.





En la evolución de la escritura sumeria se dejó sentir una tendencia general hacia la claridad y facilidad de la expresión; y se obtuvieron tales fines, tanto cuanto lo permitieron las limitaciones propias de una escritura con base pictográfica. Lo más difícil fue representar conceptos abstractos, mediante dibujos o dibujos modificados. Se hallaron soluciones a tal problema, adaptando los signos como determinativos. Cuando los acadios adoptaron la escritura de los sumerios, conservaron estos procedimientos sin modificarlos ni perfeccionarlos de modo importante. También en aquel entonces perdieron los signos sus últimos elementos pictóricos posibles de reconocer.   






Tablilla cuneiforme con trabajo escolar
(en la inscripción figura un proverbio).
Antigua Babilonia.
Probablemente del sur de Iraq, aproximadamente 1900-1700 a. C.
Museo Británico de Londres.





Puede admitirse que los sumerios crearon el sistema de escritura que dominó en Mesopotamia hasta el final de los tiempos del antiguo oriente. A este propósito debemos hacer presente que el sumerio sobrevivió como lengua sagrada hasta mucho después de suplantado por el acadio, como lengua hablada de la vida ordinaria y como lengua escrita de los negocios, el gobierno y la literatura.   






Historia Universal Daimon, I, El alba de la civilización.
(Círculo de Lectores, México, 1983).





En 1983, Círculo de Lectores publicó Historia Universal Daimon, traducción de la versión francesa que, a su vez, fue traducida de la sueca Varldhistoria folkens liv och cultur de Carl Grimberg y Ragnar Svanström. Me pareció interesante copiar algunos fragmentos de las páginas 274 a 279 del primer tomo, El alba de la civilización, donde se desvela cómo se descifró la escritura cuneiforme:






Georg Friedrich Grotefend (1775-1853).





No fue en tierras de Babilonia o de Asiria donde se encontró la clave de la escritura cuneiforme, sino en Persia. Y es que los persas heredaron esta escritura de los babilonios y la fueron simplificando hasta que sólo conservaron unos cuarenta de los quinientos signos originales. [...]

Un joven profesor alemán, Georg Friedrich Grotefend, sería el primero en penetrar el misterio. En su infancia su mayor placer consistía en solucionar acertijos y enigmas similares, y, siendo adulto, trabajó mucho tiempo en copiar inscripciones cuneiformes. En 1802, veinte años antes de la hazaña de Champollion [quien había descifrado los jeroglíficos egipcios, a partir de la famosa piedra de Rosetta], y a sus veintisiete de edad, llegó a un resultado decisivo.










Dos inscripciones descubiertas en el portal de un palacio real de Persépolis, y que supuso indicaban los nombres y títulos de los reyes que lo hicieron construir, dieron al joven investigador la clave del enigma. Según uso muy antiguo, los nombres de los reyes persas debían ir en primer lugar y después seguir sus títulos tradicionales: «Gran soberano, rey de reyes». 

[...]
La traducción completa era, pues: Darío, gran rey, rey de reyes, señor de naciones, hijo de Histapes, Aqueménide que construyó este palacio de invierno.

Y la de la segunda inscripción: Jerjes, gran rey, rey de reyes, hijo del rey Darío, Aqueménide.

Finalmente, Grotefend llegó a conocer la pronunciación de algunas letras. Descompuso los nombres propios y dio a cada signo cuneiforme un valor fonético. Cometió algunos errores, pero en general su interpretación se considera todavía como buena en el momento actual. [...]

Las hipótesis de Grotefend fueron confirmadas veinte años más tarde, en el Louvre, valiéndose de un maravilloso vaso de alabastro que llevaba grabada una corta inscripción, en parte cuneiforme y en parte jeroglífica. Nadie había conseguido descifrar todavía ninguna de estas inscripciones, pero gracias a la clave descubierta por Grotefend un sabio francés reconoció el nombre de Chschjarscha (Jerjes) en caracteres cuneiformes, y Champollion tradujo los jeroglíficos de este mismo nombre. Por tanto, los dos lingüistas más geniales del siglo estaban de acuerdo.






Henry Creswicke Rawlinson (1810-1895).





Sólo la Sociedad Real de Ciencias de Gotinga tenía poca confianza en los trabajos de Grotefend y no se atrevió a publicarlos. Por tanto, los descubrimientos de este adelantado de la epigrafía quedaron casi desconocidos y ello tuvo una grata consecuencia sorprendente: otro investigador, un oficial inglés, atraído por la ciencia, Henry Rawlinson, llegó a descifrar las inscripciones cuneiformes persas sin conocer a Grotefend. Hacia 1830, el servicio militar le llevó a Persia, y durante su estancia se interesó por ciertas inscripciones que antes ya llamaron la atención de muchos turistas. Estas inscripciones estaban grabadas en una alta pared rocosa, cerca de Behistún, sobre la antigua pista militar que unía Babilonia con la Media Central.










Hoy sabemos que estas inscripciones rupestres se deben a Darío. [...] El texto está reproducido en las tres lenguas principales del reino de Darío: el persa antiguo, la lengua de Susa y la de Babilonia.

Joven y lleno de energía, Rawlinson acometió la empresa de copiar los diferentes signos, trabajo erizado de dificultades que le exigió años enteros. Dos franceses que realizaron el viaje con la misma intención volvieron a su país declarando que las inscripciones eran indescifrables. Pero Rawlinson alcanzó su objetivo y después intento interpretar los signos cuneiformes persas. Y lo consiguió a grandes rasgos. En los textos constaban el nombre, los títulos y la genealogía de Darío. Sin saberlo, Rawlinson confirmó las teorías de Grotefend y además pudo corregir ciertos errores de su predecesor. [...]

A Rawlinson, sobre todo, es a quien debemos los valiosos documentos cuneiformes que el British Museum pone a disposición del mundo entero.



A partir de este enlace remito al Museo de Louvre, donde el interesado podrá consultar en línea obras de Mesopotamia: http://www.louvre.fr/recherche-globale?f_search_cles=mesopotamie&f_search_univers=






Carta de disputa entre hermanos.
Período temprano de colonia.
Kültepe (antigua Kanesh), Turquía, cerca del año 1850 a. C.
Museo Británico de Londres.





Voces de oriente, Antología de textos literarios del Cercano Oriente.
Traducciones, introducciones y notas de Ángel María Garibay Kintana.







Tablilla con inscripciones cuneiformes.
Instituto Oriental de la Universidad de Chicago.





(págs. 25-27; 35-36)



[...]
Esta cultura se implanta con certeza al mediar el milenio IV antes de C. La lengua en que se hallan los documentos que tenemos y de los que se da muestra abajo es una lengua aún totalmente no clasificada. Hallan algunos semejanza con el turco y aun con el chino. [...]

Varias capas de pobladores no fáciles de identificar sucedieron a los más antiguos. Floreció una cultura en el milenio III antes de C. Es la que llaman de Yemdert Nasr, a 23 km. al N. de Kis. En esta capa se hallaron los principales documentos de que tomamos ahora los fragmentos que van en esta colección. Hubo una serie de dinastías difícil de precisar. Vino enseguida la invasión de los pueblos de habla semítica, hacia el medio milenio III a. C. con Sargón el viejo. Los recién llegados se asimilaron y tomaron el método de escritura y las formas de cultura y expresión literaria que nos transmiten. Mantuvieron la lengua sumérica como ritual y literaria. [...]

Su literatura fue abundantísima. Hay muchas tabletas ya interpretadas y traducidas, pero quedan muchas aún por conocer.

La mayor parte de estas tabletas están en el Británico de Londres o en la Universidad de Pennsilvania, USA.
  


Proverbios sumerios

No hables de lo que has hallado: habla de lo que has perdido.

No engendra odio el corazón: engendra odio la lengua.

Puse la vista en el agua y vi correr mi destino.

La zorra orinó en el mar y dijo: Todo es mi orina.

Agrega mano a otra mano y se edifica una casa.
Agrega estómago a otro estómago y la casa se destruye.

La casa que edificó el recto la destruye el pervertido.


(Se toman estos proverbios de Glimpses of everyday Life in Ancient Mesopotamia, de Edmund I. Gordon. Pennsylvania. Fil., 1959. Da texto, versión. Llenan en conjunto 79 pp. Datan del segundo milenio a. C.)







Estatua de Bassetki que data del reinado de Naram-Sin.
Contiene una inscripción en la que se menciona la edificación
de un templo en Acadia. Período acadio, 2350-2100 a. C.
Museo Nacional de Iraq.





(págs. 69; 74-75.)



En la región N. del territorio babilónico. La sitúa el A[ntiguo] T[estamento] como reino de Nembrod (Gn. 10,10). Es reino de pueblos de habla semítica. Se inicia su elevación hacia el 2 500 a. C. Fue la primera invasión de pueblos de esta filiación étnica. Duró hasta el dominio total de los asirios y babilónicos. Tuvo varias dinastías, la más notable, de Sargón y sus sucesores, duró unos doscientos años.

La lengua de este grupo es sumamente interesante para el conocimiento de la rama semítica. Fonética y morfológicamente está influida por el sumerio. Ha dado materia a muchos estudios especiales para el conocimiento del proto-semítico, de donde brotaron lenguas tan importantes como el hebreo, el arameo y el árabe.



Proverbios acádicos


Amigo con mi secreto será mi peor enemigo.

No trabajes con un tema que no entró a tu corazón.

El fuerte se nutre de su salario; el débil, del de sus hijos.

Es dichoso en todo sentido quien un traje bello porta.

Vivo en casa hecha de asfalto y me quejo de que caiga.

La vida que fue de ayer es la que será de siempre.

Anda y toma la tierra de tu enemigo: ya vendrá tu enemigo y tomará la tuya.

Hombre sin fama en su tierra resulta un rey en la ajena.

Una mujer delincuente halla gracia ante su juez mejor que su marido.


(Esta selección de proverbios se toma de diversos. Los más importantes son: Ebeling, Altorientalische Studien. Legrin, Historical Texts.)





(pág. 76)



Normas de vida moral

Guarda tu lengua y guardarás tu palabra.

No tengas prisa en salir al público.

Haz justicia a tu enemigo.

No hables lo que hay en tu alma, sino cuando te halles solo.

Escribe como lo lees y recoge lo que oyes.


(De tabletas babilónicas. Se halla un buen repertorio publicado por Kerr Duncan Macmillian, Some Cuneiform Tablets. 1906. y en Zimmern, Babylonian Wisdom, Londres, 1923.)






Tablilla de la Leyenda de Akat.

Museo de Louvre.


(págs. 93; 100.)



[...]
Lo más importante para nosotros es su literatura y su lengua. Los textos abundantísimos que dieron las bibliotecas de Ugarit están en tres lenguas antiguas de gran potencia: sumerio, acádico y egipcio.  [...]

La lengua materna de aquel pueblo era semítica, con semejanzas con el hebreo. Es llamada ugarítica y a veces safónica.

La escritura, como se dijo en su lugar, es cuneiforme fundamentalmente, pero tiene sus modalidades muy especiales. Raya en fonética a veces. [...]

El ugarítico propiamente dicho ha sido descifrado totalmente y tiene ya muchas obras publicadas.
[...]



Proverbios y aforismos de la leyenda de Akath
(Se toman aisladamente sin atender a su contexto)

Irradia como la luz entre los que alcanzan a comprenderlo.

Hombre que cuida de otros es como el buey fecundo que ara el campo.

Llega la muerte a su hora y el que queda vivo le vierte una copa de lodo.

Reposarás como el jugo de la vid para florecer en alegría.


(La leyenda de Akat es también una de las obras halladas en 1930 y sgtes. Se llamó antes la Epopeya de Danel. Han mudado el nombre al reconocer mejor el texto. Este se halla en tres tabletas y se piensa que eran por lo menos siete las que contenían el poema. Como es incoherente y pide muchas anotaciones, solamente he tomado de aquí y de allá estos proverbios. La edición primera se hizo en 1936, París, por Ch. Virolleaud, La Légende phenicienne de Danel. Posteriormente, por Ch. H. Gordon en Ugaritic Hand-book, varias veces citado. Hay versiones por cierto divergentes, como la de H. E. Del Medico, en París, 1950, en La Bible Cananéenne, y la de Gordon indicada.)





Apéndice

Valiéndome del tema de esta entrada, incorporo un fragmento con refranes populares de la Epopeya de Gilgamesh de Jorge Silva Castillo (pág. 91):



Columna vi (Rm 853 r)
[Gilgamesh arengó a Enkidú:]

1’         “En terreno resbaloso, uno solo resbala;
                        dos [pueden pasarlo.]
            Dos son
                                   como si fueran tres...
            Dos triples [cuerdas
pueden más] que una sola cuerda triple.
5’         Dos cachorros son más fuertes
                                   que un león solo.”
                                               ……….

miércoles, 3 de abril de 2013

La Epopeya de Gilgamesh (Milenio III a. C.).



La literatura no es únicamente un recurso de última instancia en el estudio de la historia social y de hecho ha sido de gran utilidad para iluminar períodos de la historia universal ampliamente documentados en otras fuentes [...] los datos suministrados por las obras literarias pueden ayudar a elaborar una interpretación sociológica de la historia, meramente de acontecimientos.

                                                                                                                                                        Jorge Silva Castillo.











Desde muy joven sentí afinidad por las culturas antiguas, del mismo modo en que mi materia favorita en la escuela siempre fue la Historia.

Los viajes me han permitido conocer tanto lugares como vestigios de las primeras civilizaciones.

Al no haber visitado todavía Iraq, respecto de Mesopotamia —concepto griego que significa “entre ríos”—, recuerdo particularmente un par de lugares.

(Como he escrito en algún otro lado, quien pretenda acceder a los restos de las grandes culturas antiguas habrá de ir no a los países donde se establecieron aquellas, sino a los museos de las denominadas “potencias”.)

El primero, el Museo de Pérgamo en Berlín, donde contemplé atónito la Puerta de Ishtar durante varios minutos; además de las tablillas con inscripciones cuneiformes que se exhiben sin protección. El segundo fue el Museo Pushkin de Moscú, cuya sala dedicada a esta parte del mundo me hizo sentir insignificante, no sólo por las figuras colosales que destacan ahí.

Con estos antecedentes, doy comienzo a la publicación de un ciclo de algunos de los poemas épicos más importantes de la Humanidad —sólo espero disponer de la suficiente concentración para no desviarme de este objetivo, dada mi condición inquieta y dispersa.

La (re)lectura reciente del Poema de Gilgamesh, en la eximia edición del erudito mexicano Jorge Silva Castillo, me inspiró esta entrada.

Más adelante se leerá la información de los estudiosos; sin embargo, me gustaría expresar la profunda impresión que causó en mí, un lector mexicano del siglo XXI, esta obra concebida hace aproximadamente ¡50 siglos!

Cada cual es “ser humano de su tiempo” —y todo lo que conlleva serlo. Al acercarme a un documento de esta índole, lo hice irremediablemente con los prejuicios y la pedantería característicos de mi época.

A partir de la lectura identifiqué —¿o acaso sería más preciso decir, “reinterpreté”, “distorsioné”?...— algunos temas que esbozaron en mí una sonrisa, tales como el sexo, en tanto elemento de civilización cuando la hieródula Shámhat fornica con el salvaje Enkidú; o bien cuando éste mismo manifiesta a Gilgamesh que “tiene los ojos llenos de lágrimas y la tristeza en el corazón, por lo que su fuerza disminuye cuando sus músculos se paralizan y sus brazos desfallecen”: ¿Acaso no se vislumbra la “depresión” del amigo del héroe?

¡Vaya capacidad de esta cultura que legó a la posteridad, a partir del lenguaje, la burla cuando Gilgamesh contraviene las advertencias de los consejeros!: “Puesto que tengo miedo, iré.” Sin mencionar el anhelo de trascendencia, el miedo a la muerte, la manifestación de la amistad, la aparición del reproche, la sumisión a la voluntad divina; o la representación de la diosa Ishtar como una mujer manipuladora, entre muchas otras temáticas.

Lo anterior me hizo reflexionar si la sociedad actual, con toda su parafernalia moderna y sus conceptos progresistas, realmente es más avanzada que aquella que pudo reparar y analizar su circunstancia y la de sus miembros —evidentemente al amparo teológico.

Después de todo, a cinco milenios de distancia, los seres humanos aún morimos como aquellos semidioses...




Dos páginas destacadas sobre Mesopotamia (Sumeria, Asiria y Babilonia): Museo Británico de Londres (en inglés) y The Virtual Museum Of Iraq (en italiano). 








Himnos babilónicos. Estudio preliminar, traducción y notas de Federico Lara Peinado.
(Editorial Tecnos, Madrid, 1990).






Federico Lara Peinado, doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, y destacado investigador del antiguo Oriente Próximo en el Estudio Preliminar que precede a su edición de los Himnos Babilónicos (Editorial Tecnos, Madrid, 1990), escribe:  


En cuanto a la mitología babilónica y asiria, debemos decir que fue muy rica y variada, pudiéndose aislar diferentes ciclos míticos, que arrancaban de los ciclos sumerios anteriores, pero que fueron modificados, completados y enriquecidos en número. Puede así hablarse de un ciclo de mitos en torno al Diluvio (Tablilla XI del Poema de Gilgamesh).

[...]

La etapa histórica babilónica, que se desarrolló a lo largo de los dos primeros milenios antes de Cristo, constituyó (en su primera fase) la edad de oro de la literatura del Próximo Oriente antiguo, una literatura profundamente marcada con la impronta de lo religioso.

A dicho período histórico pertenecen, además de las grandes obras de carácter jurídico, histórico y técnico, las magnas y numerosas composiciones míticas, las obras de la sabiduría, los poemas didácticos, los grandes himnos tradicionales, así como infinidad de textos religiosos del más variado carácter.

[...]

Donde los escribas pusieron especial atención fue en la redacción del Poema de Gilgamesh, al fijar ahora una de sus principales versiones, a partir de materiales sumerios anteriores, empezados a recopilar en la etapa antigua babilónica.

Este poema el más famoso de la Mesopotamia de todos los tiempos, fruto último del genio semita, lo conocemos por su versión más completa, la hallada en la biblioteca del rey asirio Assurbanipal (669-629 a. de C.), en doce tablillas o cantos de casi trescientos versos cada uno. Se trata de una larga epopeya donde se narran las aventuras, hechos, y circunstancias del quinto rey de la primera dinastía de Uruk, Gilgamesh, que hubo de vivir a finales del siglo XXVII precristiano. Sus aventuras están inmersas dentro de una riqueza temática de contenido universal: amor, amistad, pecado, mal, concepción de la muerte, inmortalidad, resignación, tratados todos estos aspectos con gran altura ética.


Remito a quien interesado en profundizar en el tema; del propio Lara Peinado: Poema de Gilgamesh: Un viaje fallido a la inmortalidad






Gilgamesh o la angustia por la muerte: poema babilonio.
Traducción directa del acadio, introducción y notas de Jorge Silva Castillo.
(El Colegio de México: Centro de Estudios de Asia y África, México, 2002).





Jorge R. Silva Castillo fungió como profesor, investigador y director del Centro de Estudios de Asia y África del Colegio de México —para los lectores ibéricos que leen, esta institución de educación superior se fundó en 1940, teniendo como antecedente inmediato “La Casa de España”, y se enriqueció con el exilio causado por la Guerra Civil Española.

Fue alumno del erudito Réné Labat en la École Pratique des Hautes Études. También convivió con el historiador francés, Jean Bottéro, uno de los primeros traductores del Código de Hammurabi.

Pionero en la asiriología en México, Silva Castillo destaca por su Gilgamesh o la angustia por la muerte: poema babilonio, traducción directa del acadio cuya primera edición data de 1994.

Para desentrañar en justa dimensión la figura de Gilgamesh —que de acuerdo con el experto se debe pronunciar “Guilgamesh—, pongo a su disposición este enlace: Gilgamesh en las tradiciones sumerias y en la tradición acadia. 

Ahora bien, sobre el poema, el cual “antes de llegar a su forma escrita, fue transmitido de generación en generación por la tradición oral” (nota 8 de la página 201), transcribo algunos fragmentos de la Introducción, así como de la epopeya misma:


El texto más completo, aunque mutilado, del poema acadio de Gilgamesh, fue encontrado en las ruinas de Nínive, entre las tablillas de una colección de obras literarias conocida como Biblioteca de Asurbanipal de Asiria, que reinó del año 668 al 627, a. C. Alrededor de ciento cincuenta fragmentos más o menos importantes, descubiertos ahí y en otros sitios de Iraq [...] hacen ver que existía una versión que se copiaba fielmente, sin modificaciones mayores, aunque con variantes de detalle, por lo que se puede llamar versión estándar. [...] Los estratos en que se han encontrado algunos de estos fragmentos, así como su análisis textual y otros criterios, hacen pensar que la versión estándar se compuso durante el último tercio del segundo milenio a. C. A partir del siglo IX, esta obra, atribuida a un sacerdote exorcista babilonio llamado Sin-leqi-unninni, se reprodujo con un alto grado de fidelidad hasta los albores de nuestra era [...] La composición de Sin-leqi-unninni se basa en otra versión más antigua hecha en Babilonia hacia el primer tercio del segundo milenio, por lo que se puede llamar paleobabilónica.


Más adelante puntualiza:


La versión paleobabilónica, a juzgar por un pasaje que no recogieron las versiones posteriores, ofrecía una suerte de escape al fatalismo pesimista de la intrascendencia; Siduri, una tabernera que a la orilla del océano cósmico trata de disuadir a Gilgamesh de emprender la travesía de ese mar de aguas mortales, da al héroe consejos que no nos sorprenderían en boca de un filósofo romano que viviera según las normas del carpe diem [Lat. Toma el día: aprovecha el momento]:



Gilgamesh, ¿hacia dónde corres?
La vida que persigues, no la encontrarás.
Cuando los dioses crearon a la humanidad,
le impusieron la muerte;
la vida, la retuvieron en sus manos.
¡Tú, Gilgamesh, llena tu vientre;
día y noche vive alegre;
haz de cada día un día de fiesta;
diviértete y baila noche y día!
Que tus vestidos estén inmaculados,
lavada tu cabeza, tú mismo estés siempre bañado.
Mira al niño que te tiene de la mano.
Que tu esposa goce siempre en tu seno.
¡Tal es el destino de la humanidad!

(Fragmento Meissner
MVAG 7/1 : VAT 4105, col. iii, 1’-14’)






Mapa del mundo: el único mapa antiguo que se conserva de Mesopotamia.
Probablemente de Sippar, sur de Iraq, aproximadamente 700-500 a. C.
Museo Británico de Londres.





Me valgo del trabajo citado de Lara Peinado para ofrecer el argumento y la cronología de la obra:


A Gilgamesh, que se comportaba de modo tiránico con sus súbditos, los dioses le oponen un «igual», Enkidú, de naturaleza salvaje, para que refrene su comportamiento. Sin embargo, ambos personajes llegan a hacerse íntimos amigos y juntos corren una serie de aventuras (Bosque de los cedros, muerte del monstruo Humbaba, desprecio de Ishtar, lucha contra el Toro celeste). La osadía que significaba el haber despreciado a Ishtar motiva que ese orgullo sacrílego de Gilgamesh sea castigado por los dioses con la muerte de su amigo Enkidú. Ante la angustia del hecho y dándose cuenta de la precariedad de la vida, el héroe de Uruk busca desesperadamente el secreto de la inmortalidad. Pero todo será inútil y cada fracaso le sumirá en una mayor desesperación. Finalmente, Gilgamesh alcanzará la calma de la resignación al comprender que lo único inmortal del hombre es el recuerdo que de él tenga la posteridad.

En razón de tales temas y de su visión profunda, el poema tuvo amplia difusión, realizándose de él versiones hurritas, hititas y palestinas. Asimismo, episodios sueltos de claro origen sumerio fueron conocidos en el mundo eblaíta.






Gilgamesh o la angustia por la muerte: poema babilonio.
Traducción directa del acadio, introducción y notas de Jorge Silva Castillo.






Máscara de arcilla del demonio Huwawa.
Sippar, sureste de Iraq, 1800-1600 a. C.
Museo Británico de Londres.





Bendecía a Gilgamesh la multitud:
“¿Volverás algún día a la ciudad?”
Los ancianos los bendecían
y le daban consejos sobre el viaje:
“¡No confíes en tu fuerza, Gilgamesh!
¡Estén atentos tus ojos, ten cuidado!
Que vaya por delante Enkidú:
él sabe la ruta y ha hecho el camino,
conoce los pasos de montaña
y los ardides todos de Huwawa
el que va delante cuida a su compañero—;
sus ojos atentos te cuidarán.
¡Que te permita Shamash lograr lo que deseas!
Que lleguen a ver tus ojos lo dicho por tu boca.
Que te abra los senderos cerrados,
disponga para tus pasos el camino,
escoja la montaña para tus pies.
Que te regocije el sueño de tus noches.
Que te conduzca y te asista Lugalbanda.
Conforme a tu propósito,
logro, tan pronto como puedas, tus deseos.
En el río de Huwawa, objeto de tu empeño,
lava tus pies.
En tus altos nocturnos, cava un pozo
para que no falte en tu odre el agua pura
y ofrezcas a Shamash libaciones de agua fresca,
sin olvidar tampoco a Lugalbanda.”

Versión paleobabilónica (Yale)
Tablilla III, columna vi, 245-270.
(Las proezas, La expedición al Bosque de los Cedros,
Proyecto y preparativos, págs. 82-83.)






Tablilla del Diluvio (Tablilla XI). Indudablemente la tablilla cuneiforme más famosa de Mesopotamia. Nínive, norte de Iraq, aproximadamente del siglo VII a. C.
Museo Británico de Londres.






Bendecía a Gilgamesh la multitud:
“¿Volverás algún día a la ciudad?”
Los ancianos los bendecían
y le daban consejos sobre el viaje:
“¡No confíes en tu fuerza, Gilgamesh!
¡Estén atentos tus ojos, ten cuidado!
Que vaya por delante Enkidú:
él sabe la ruta y ha hecho el camino,
conoce los pasos de montaña
y los ardides todos de Huwawa
el que va delante cuida a su compañero—;
sus ojos atentos te cuidarán.
¡Que te permita Shamash lograr lo que deseas!
Que lleguen a ver tus ojos lo dicho por tu boca.
Que te abra los senderos cerrados,
disponga para tus pasos el camino,
escoja la montaña para tus pies.
Que te regocije el sueño de tus noches.
Que te conduzca y te asista Lugalbanda.
Conforme a tu propósito,
logro, tan pronto como puedas, tus deseos.
En el río de Huwawa, objeto de tu empeño,
lava tus pies.
En tus altos nocturnos, cava un pozo
para que no falte en tu odre el agua pura
y ofrezcas a Shamash libaciones de agua fresca,
sin olvidar tampoco a Lugalbanda.”

Versión paleobabilónica (Yale)
Tablilla III, columna vi, 245-270.
(Las proezas, La expedición al Bosque de los Cedros,
Proyecto y preparativos, págs. 82-83.)





Gilgamesh se dirigió a él,
                        a Utanapíshtim:
“¿Cómo no habrían de estar, Utanapíshtim,
            mis mejillas enjutas, mi cara demacrada,

Columna v
mi corazón triste,
                        demacrado mi semblante?
¿Cómo podría no estar
lleno de angustia mi vientre?
¿Cómo no habría de tener el rostro
como el de quien ha hecho un largo viaje,
maltratada la cara
por el frío y el calor?
¿Cómo no habría de andar
vagando por la estepa?
¡Mi amigo, mulo errante,
onagro del monte,
pantera de la estepa;
mi amigo, Enkidú,
            mulo errante, onagro del monte,
                        pantera de la estepa
—con quien, uniendo nuestras fuerzas,
juntos, escalamos la montaña,
nos apoderamos del Toro
                        y lo matamos,
derrotamos a Humbaba, que moraba
                        en el Bosque de los Cedros,
y en los pasos de montaña
                        matamos los leones—;
mi amigo, a quien tanto amé,
quien conmigo pasó tantas pruebas,
Enkidú, a quien tanto amé,
                        quien conmigo pasó tantas pruebas,
llegó a su fin, destino de la humanidad!
            Seis días y siete noches
                        lloré por él,
y no le di sepultura
hasta que de su nariz
                        cayeron los gusanos.
¡Tengo miedo de la muerte y aterrado,
vago por la estepa!
Lo que le sucedió a mi amigo
                        me sucederá a mí.
Tomé un largo camino
                        y vago por la estepa
¿Cómo podría callarme yo,
cómo guardar silencio?
Mi amigo, a quien amaba,
            ha vuelto al barro.
Enkidú, mi amigo, a quien amaba,
                                    ha vuelto al barro.
¿Acaso no habré de sucumbir yo, como él?
            ¿Nunca jamás me habré yo de levantar?”
Gilgamesh prosiguió,
hablando a Utanapíshtim:
Ea —[me dije]— iré a Utanapíshtim el Lejano.
            ¡He de ver a aquél de quien tanto se habla!
Rondé por los caminos
de todos los países,
sorteé peligros
                        en las montañas,
crucé los mares
                        todos.
¡Ah! Mi cara no ha gozado
                        de un buen sueño.
Me he quedado sin dormir.
                        He llenado mis venas de angustia.
Todo esto, ¿a qué me ha llevado?...
            ¡Mi ropa no ha durado para llegar
                        hasta la tabernera!
He matado oso, hienas,
            leones, panteras,
                        tigres, ciervos,
                                   leopardos, rebaños y manadas.
He comido su carne y me he vestido
                        con sus pieles.
¡Oh, si pudiera tapar,
con pez y con betún,
las grietas de la puerta del dolor!
Para mí no hay alegría. A mí, desgraciado,
me ha desgarrado [el destino].”

Tablilla X, columnas iv, 49-v, 34.
(En pos de la inmortalidad,
Travesía del océano cósmico y encuentro con Utanapíshtim,
págs. 156-159.)





(Utanapíshtim le habla a Gilgamesh):

Columna vi (Sm 1681)           

Tú has perdido el sueño:
¿Qué has sacado?
En tus insomnios
te has agotado.
Tus carnes están
llenas de ansiedad.
Haces que tus días
se acerquen a su fin.
La humanidad lleva por nombre
‘Como caña de cañaveral
                        se quiebra’.
[Se quiebra] aun el joven lleno de salud,
                        aun la joven llena de salud.
                                   . . . . . . . . . .
No hay quien haya
                        visto la muerte.
A la muerte nadie
le ha visto la cara.
A la muerte nadie
                        le ha oído la voz.
Pero, cruel, quiebra la muerte
                        a los hombres.
¿Por cuánto tiempo
construimos una casa?                    
¿Por cuánto tiempo
sellamos los contratos?
¿Por cuánto tiempo
            los hermanos comparten lo heredado?
¿Por cuánto tiempo
                        perdura el odio en la tierra?
¿Por cuánto tiempo sube el río
y corre su crecida?
Las efímeras que van a la deriva
                        sobre el río,
[apenas] sus caras ven
                        la cara del sol,
cuando, pronto,
                        no queda ya ninguna.
¿No son acaso semejantes
el que duerme y el muerto?
¿No dibujan acaso
                        la imagen de la muerte?
[en verdad,] el primer hombre
                        era ya su prisionero.
Desde que a mí me bendijeron [los dioses,]
                        no han bendecido a nadie más.
Los Annunaki, los grandes dioses,
                        reunidos [en consejo]
—Mammetu, que crea los destinos,
con ellos los decide—,
determinaron la muerte
                        y la vida.
Pero de la muerte
                        no se ha de conocer el día.”

Tablilla X, columna vi (Sm 1681), 6’-32’.
(En pos de la inmortalidad,
Travesía del océano cósmico y encuentro con Utanapíshtim,
págs. 160-161.)





NOTAS

Lugalbanda fue hijo de Enmerkar, rey de la primera dinastía de Uruk, héroes ambos de leyendas sumerias.

Shámhat (hieródula), prostituta sagrada cuyas funciones rituales tenían que ver con los ritos iniciáticos y de fecundidad de la dios Ishtar. Su nombre se debe pronunciar Shámjat.

Shamash, el dios del sol y de la justicia, era el dios tutelar de la dinastía de la que formaba parte Gilgamesh y, por lo tanto, su protector personal.

Huwawa, monstruo fabuloso puesto al cuidado del Bosque de los Cedros por Enlil. La “h” del nombre propio se debe pronunciar como “j”. Humbaba es forma fonética tardía, equivalente al Huwawa de la versión paleo-babilónica.

Utanapíshtim, el “Noe” mesopotamio, había obtenido la inmortalidad como recompensa por haber salvado a la humanidad de la catástrofe del diluvio.

El término Annunaki está usado aquí como nombre común de los dioses.

Mammētu es otra denominación de Mah, la diosa madre.