Bitácora de literatura: traducción de poesía, sátiras, poemas, fábulas, epístolas, epigramas, aforismos, crónicas, antologías...

viernes, 27 de diciembre de 2013

El cálamo desenvainado: Antología mínima de poesía árabe satírica, burlesca, humorística y epigramática.




Vista del Masjīd Qubbāt Aš-Šajrā, Cúpula o domo de la Roca,
desde el Monte de los Olivos. Yerushaláyim, Jerusalén, Israel, 2008.
Se trata del tercer sitio más sagrado del Islām, después de la Meca y Medina.






El cálamo desenvainado: Antología mínima de poesía árabe satírica, burlesca, humorística y epigramática.











Cápsula de Marruecos: la Kutubía (en mi canal
de YouTubeCaesaris Navarretisy mi bitácora de viaje, Cuadernos de sal).
Proyecto realizado junto a mi amigo José Antonio Ruiz Piña.







Para mis maestros, los arabistas españoles, a quienes nunca conoceré,
cuyas traducciones me acercaron a la riquísima tradición árabe, con gratitud:
 Emilio García Gómez, Josefina Veglison Elías de Molins, Teresa Garulo,
Juan Vernet, Rafael Cansinos Assens, Federico Corriente, Jaime Sánchez Ratia,
Fernando de la Granja, Pedro Martínez Montávez, María Jesús Rubiera Mata,  
Alfonso Bolado, Ahmad Chafic Damaj...





La herida que provoca la lengua es como la que la mano provoca.

Imru’l-Qays, Temible arma.


La palabra traspasa al hombre, la aguja no.

Al-Ajṭal, Arma.


Me gusta la poesía, pero
odio a los poetas por naturaleza,
pues no encuentras un poeta
que no tenga un carácter reprochable.

Al-Sumaysir de Elvira.





A manera de presentación

Como otras recopilaciones que he preparado con anterioridad, y que figuran en esta bitácora —a decir: Antología del epigrama en lengua alemana y Antología de poesía político-electoral (de México)—, esta selección mínima de poesía árabe satírica fue un arranque vehemente —tal parece que gusto de asumir empresas que sobrepasan mis alcances, y después no me queda otra opción salvo encararlas con dignidad. A pesar de todo, considero haber contribuido humildemente con la difusión de aquellos géneros poéticos de los que tanto disfruto como lector: la sátira, el epigrama, la fábula...

Hace algunos años, vagando —no recuerdo por qué— por la zona aledaña a la Biblioteca de México, José Vasconcelos, de La Ciudadela, adquirí un ejemplar de poesía palestina en uno de los puestos de libreros. Después lo guardé en mi mochila. Aquel preciso día tenía una cita en la Embajada de Israel. Entonces cursaba la universidad y transmitía un programa radiofónico llamado “El peregrino”, en que recitaba poesía y reproducía música en otros idiomas.

Me trasladé a la zona de las Lomas de Chapultepec, concretamente a la calle de Sierra Madre, donde se ubica la embajada. El guardia era un enorme soldado. Desconozco por qué no me revisó. Accedí al lugar y en una ventanilla blindada me proporcionaron algunos folletos sobre el país —en la representación de Turquía, la cónsul me recibió personalmente y conversamos; incluso me obsequió con una selección poética de Orhan Veli Kanık, así como con una biografía sobre Atatürk. Eso fue todo.

De regreso abordé el transporte público, y saqué los papeles, sólo para percatarme de mi imprudencia y divagar sobre las consecuencias de mi olvido: ¡Recordé entonces que llevaba conmigo el libro de Poesía palestina de combate! Sé que parece inconcebible, pero sucedió así.

Con motivo de este estudio, hace algunos días retomé la dicha antología para enterarme con sorpresa de que el autor era Abdellatif Laābi, poeta marroquí, exiliado en Francia, de quien traduje algunos poemas en 2012.

Se trata de la versión cubana de Carmen Suárez de Poésie palestinnienne de combat, que data de 1976, y en la que figuran entre otros Maḥmūd Darwīsh, Samīh al-Qāsim y Tawfiq az-Zayad, y de la que sustraigo este fragmento de Rasīd Ḥusayn, acerca de “las propiedades de los ausentes”, una de las leyes promulgadas por el gobierno israelí:

Dios también está ausente, señor
agarre pues el tapiz de la mezquita
venda también el templo
porque le pertenece

Incrusté esta anécdota para ejemplificar acaso el primer acercamiento que experimenté respecto de la literatura árabe.






Fachada del Museo de Pérgamo. Berlín, Alemania, 2011.





Otro recuerdo, más plástico, es aquél que atesoró del Museo de Pérgamo de Berlín, al cual concurrí para conocer no el controvertido Altar que nombra al recinto, sino la Puerta de Istar. Ahí, en la planta alta me encontré felizmente con el Museo de Arte Islámico: el “Salón de Alepo” cautivó mi imaginación. 






Detalle de la fachada de la biblioteca de la madrasa, escuela,
Jāmi’ at al-Qarawīīn, la institución educativa más antigua del mundo, 
donde estudiaron los historiógrafos árabes Ibn Jaldūn e Ibn al-Jaīb.
Fās, Fez, Marruecos, 2013.





Entre septiembre y octubre de 2013 viajé a Marruecos —coincidentemente, cinco años después de mi visita al Oriente Medio (Grecia, Turquía, Israel, Palestina y Egipto)—, lo que despertó no sólo mi interés por dicha sociedad, sino que también me abrió la puerta para acceder a la cultura musulmana.






Detalle de la portada de al-Qu’rān, “la recitación”.





Antes de marchar a Egipto leí El Corán, en traducción directa del maestro de Jorge Luis Borges, Rafael Cansinos Assens —aunque las versiones en otro idioma que no sea el original se consideren indignas de recibir tal título.






Al-Ahrām, Pirámides, Al-Ŷīza, Guiza, Egipto, 2008.






Sin embargo, el impacto del mundo árabe no lo percibí tanto en la “Madre moral” de los países que profesan el mahometismo, como sí lo hice en al-Magrīb, el Poniente, nombre arábigo de Marruecos que evidencia el “occidentalismo” de este país norafricano.






Jardines de la Menara, Marrākuš, Marrakech, Marruecos, 2013.





Anteriormente había adquirido algunas muestras de esta poesía —que permanecieron acumuladas y plastificadas—, pero nunca con la intención de preparar algo.

A mi vuelta comencé a leerlas, y un impulso me llevó a otro hasta que concebí la idea de conformar una antología de poesía árabe, sólo para aceptar después que, dadas mis preferencias, un recuento satírico me sería más provechoso.

Una vez establecido este objetivo, revisé La poesía árabe clásica de Josefina Veglison Elías de Molins —había leído este libro, identificando a algunos poetas que me habían interesado, pero no ahondé en ellos—, y a partir de su nutrida bibliografía rastreé las obras que me podrían servir —a este respecto, externo mi profunda deuda con Lázaro Tello Pedró, quien me facilitó varias de ellas, y a las que de otro modo me habría sido imposible acceder; por cierto, espero que este trabajo lo inspire para que próximamente nos deleite con su propia selección. Recorrí diversas librerías en pos de ellas. Y aunque encontré algunas, otras nunca tuve la oportunidad de conseguir, pero gracias a la generosidad de las nuevas tecnologías de esta época —concretamente de la red— pude consultar más, íntegras y parcialmente.

Desde que supe de la existencia de Hiperión, me convertí en asiduo comprador y lector. Poco a poco sus libros multicolores fueron apoderándose de la parte superior del único librero que tengo y se convirtieron en mis ediciones predilectas, desplazando a El Tucán de Virginia que otrora me fue tan enriquecedor.

Además de las obras de Friedrich Hölderlin y Rainer Maria Rilke por las que es reconocida la editorial española, gracias a su trabajo he conocido tradiciones inaccesibles. Admiro particularmente sus colecciones dedicadas al Oriente, que recomiendo sobremanera: poesías persa, china, japonesa, tibetana, coreana, india..., en eximias ediciones, bilingües preferentemente.

Poesía Hiperión ha hecho concurrir en sus páginas a los grandes arabistas españoles del Siglo XX, así como traducido algunos de los estudios más significativos que existen al respecto en otras lenguas.

Resultaron también invaluables para este recuento los libros de Emilio García Gómez, Juan Vernet, Teresa Garulo y el hispanista alemán Adolf Friedrich von Schack, fungiendo como guías a las que recurrí incesantemente. Sin dejar de mencionar las investigaciones de otros estudiosos, sobre todo en publicaciones especializadas.

Mi intención no es apropiarme del trabajo de los expertos, sino al contrario. A partir de difundir su extraordinaria labor, aspiro a que otras personas abreven como yo de esta vastísima fuente de conocimiento, y que se equilibre, aunque sea un poco, la ignorante y prejuiciosa concepción que se alberga respecto de los pueblos que profesan el Islām.

Después de todo, hay que tener presente que sin la intervención de sus sabios no se habrían preservado obras como las del Estagirita, Aristóteles. Sin mencionar los conocimientos científicos con que enriquecieron a la Humanidad.

Contrariamente a aquellos denostadores de la televisión, yo la aproveché —después de todo, ésta me educó y lo hizo bastante bien, por cierto. Así, mi indagación no sólo se enfocó a los medios escritos, sino que también complementé la información recabada durante mis viajes con un par de documentales: The Seven Wonders of the Muslim World (2008) y The Life of Muhammad (2011), ambos producidos y dirigidos por el británico-paquistaní Fāris Kermānī.

La serie Isabel de Televisión Española, sobre todo la segunda temporada en que aparecen los gobernantes de Granada, también me sirvió de inspiración, recreando la atmósfera de aquella época.

Finalmente, mi vena etnomusicóloga afloró: desde las interpretaciones de los cuatro grandes de la música árabe —Umm Kulūm, Fārid al-Aṭraš, Muḥammad ‘Abd al-Wahāb y ‘Abd al-alīm āfi—, hasta los iconos populares de este tiempo: el egipcio Amūr Diyāb (Amr Diab) —si bien yo prefiero a Muḥammad Munīr (Mohamed Mounir)—, y la hermosísima libanesa Nānsī Aǧram (Nancy Ajram); además de otros músicos y cantantes como ‘Alī Ḥasan Kūbān y Rašid Ṭaha (Rachid Taha).


César Abraham Navarrete Vázquez.

Ciudad de México, octubre de 2013-enero de 2014.





La poesía árabe







Detalle de la portada de El Corán.





El Corán se manifiesta así sobre los poetas (azora XXVI, versículos 225-226): “¿No los ves cómo andan errantes por todos los valles y dicen lo que no hacen?”






Mu’allaqa o casida de Imru’l-Qays.
Los versos dentro de los rectángulos rojos
figuran íntegros en El Corán.





La idea adversa de la naciente religión se modificó a tal grado que el propio Muḥammad —Mahoma en nuestra cultura— señaló a Imru’l-Qays, “el príncipe de los poetas”, quien según la tradición lo acompañó a los infiernos, como “el más excelente de todos”.   

La poesía que otrora se había relacionado previamente con la tribu, se topó con la religión de los árabes para acompañarse en el decurso. Es pertinente citar a Ibn Rašīq (m. 1064) y su ‘Umda fī maḥāsin al-ši‘r wa ādābi-hi wa naqdi-hi, Fundamentos sobre poesía y crítica literaria: “Si lees alguna cosa en el Libro de Dios y no la entiendes, busca su sentido en la poesía árabe preislámica, porque ésta es el archivo de los árabes.”






Vista de la Ka‘aba en el interior del Al-
Masjīd Al-Ḥarām,
la mezquita sagrada, en Arabia Saudita.





Para el siglo VI se organizaban justas poéticas para celebrar ferias comerciales —como la de ‘Ukaẓ, en las inmediaciones de la Meca—, instituyéndose una tregua dentro de aquel belicoso entorno, que coincidía con la circunvalación de la Ka‘aba —este rito tan identificado con los musulmanes se daba entre los árabes mucho antes de la aparición del profeta, y fue sagazmente sincretizado.






Fragmento de una de las 
mu‘allaqāt.





En este contexto, los poetas concursaban por el premio de que sus versos fueran exhibidos en letras de oro —muahhabāt, dorados— sobre los finos paños negros del templo cuadrado que aún hoy resguarda a la piedra sagrada: así surgieron las mu‘allaqāt o “colgadas”, una selección de los poemas preislámicos más sobresalientes que el canon literario establece como siete, aunque también se acepten cinco o diez de acuerdo con el seleccionador.










Dichos poemas se fijaron por escrito hasta finales del siglo VIII por Ḥammād al-Rāwiya (m. 772), no sin cierta controversia, pues se le acusaba de haber atribuido a los autores preislámicos sus propias composiciones.

En la antigüedad ya era famoso aquel verso que inauguraba la casida de ‘Antara (m. circa 615): “¿Han dejado los poetas algo por glosar?”, aludiendo a la actividad poética que presumiblemente existía como mínimo desde el siglo IV.

La poesía preislámica se transmitía oralmente. El aprendiz o rapsoda, rāwī, memorizaba miles de versos de su maestro hasta acceder a su estatus. Oído y memoria pues, eran elementos indispensables para que el poeta se hiciera, según el concepto clásico.










Ahora bien, como se leyó, la realidad adquiere cariz de misticismo al tratar de ofrecer explicaciones primigenias. Esto ocurre también con la génesis de los metros árabes, que Federico Corriente esboza (Las diez Mu‘allaqāt, poesía y panorama de Arabia en vísperas del Islam, págs. 28-29):

La tesis tradicional de los eruditos árabes, y que comprensiblemente nadie ataca abiertamente, por tratarse de terreno tan movedizo, donde a falta total de pruebas, se tiende a aceptar la tradición, es la que aquí llamaremos totémica, dando a este término una extensión algo abusiva, es verdad, pero bastante aproximada: según ella, la combinación de sílabas cortas y largas que constituye los pies y luego, los metros, reproduce el ritmo del paso del camello, al que el arriero ajusta su cansina cantinela para animarlo y distraerse [...] no es absolutamente inverosímil que en un medio como el desierto, donde todo ser vivo busca el apoyo y solidaridad de otro, cualquiera que sea su especie, asimilándose y acompasándose su carácter y acciones al ritmo uniformador de la soledad, hombre y camello impriman la misma cadencia del paso a las operaciones de su cerebro, y de ahí resulte una cantinela peculiar, de donde luego se desarrolle una métrica.










El tema de estas composiciones trataba sobre la vida cotidiana del desierto —al-rub‘ al-jālī, “el cuadrado vacío”. Es decir, el beduino y su mundo determinado por clanes y tribus: el nomadismo, el honor, el agnosticismo, la guerra, el individualismo, el pillaje... La sistematización de la qaṣīda, presuntamente nacida hacia el siglo V en la margen derecha del río Éufrates como perfeccionamiento de la prosa rimada o saŷ‘, que empleaban brujos, hechiceros y adivinos, fue labor del filólogo iraquí de Basora, Jalīl ibn Aḥmad (m. 791).

La casida clásica se componía de tres partes: nasīb, prólogo amoroso en que el poeta recuerda las ruinas del campamento, así como a su amada; raīl, descripción del viaje por el desierto, en que se desarrolla la aventura con descripciones puntuales sobre las monturas de los animales; y madī, panegírico en que se elogia a la persona, tribu o estamento a los que se dedica la composición, con el fin de gozar de su favor.






Estatua de Ibn Jaldūn.





Expresa el destacadísimo historiógrafo Ibn Jaldūn (m. 1406), en traducción indirecta del escritor mexicano, José Luis Martínez, en el apartado “Sobre el arte de la poesía y la manera de aprenderlo” de su Muqaddima o Prolegómenos (El mundo antiguo V, Estudios, pág. 260):

De todas las formas del discurso, la poesía es la que los árabes consideran más noble, y por ello la emplearon para conservar sus conocimientos y su historia; es el testigo que puede certificar sus virtudes y sus fallas y el almacén en que se guardan la mayor parte de sus nociones científicas y sus máximas de sabiduría. La facultad poética se encuentra tan bien enraizada en ellos como las otras facultades que poseen. Aquellas que se ejercen por medio de la lengua no pertenecen naturalmente al hombre pero se adquieren mediante el arte y la práctica, y con todo, los árabes han dominado tan bien la poesía que podríamos engañarnos y creer que este talento era en ellos una facultad innata.










Juan Vernet Ginés habla sobre la métrica (Literatura árabe, Introducción, págs. 17-18):

La poesía árabe clásica, aún hoy en día en uso, tiene por base la métrica cuantitativa, en la que la alternancia de sílabas largas y breves da una musicalidad y ritmo extraordinarios [...] Estas características son las que explican el arrobamiento con que personas poco cultivadas e incapaces de entender lo que leen recitan en voz alta las composiciones de sus clásicos. [...] La sucesión, según ciertas reglas, de sílabas largas y breves da origen al pie (ŷuz’) y la reunión de tres o cuatro pies origina el hemistiquio (miṣrā‘). Dos hemistiquios forman el verso (bayt) y un grupo de versos, de treinta a cincuenta —el número varía según los preceptistas—, integran el poema o casida (qaṣīda). La casida es monorrima [...] como un autor tiene casi siempre varias composiciones con la misma rima, suele añadirse el nombre del metro en que está escrita, o sea, uno de los dieciséis tradicionales, a saber:  ṭawīl, basīṭ, madīd; mutaqārīb, mutadārik, wāfir, kāmil, hazaŷ, raŷaz, ramal; sarī‘, musanri, jafīf, mudāri‘, muqtadab y muŷtazz.

En la poesía árabe se distinguen algunos géneros independientes: floral (nawriyyāt), báquico (jamriyya), didáctico (urŷūza), cinegético (ṭardiyya), ascético (zuhdiyya), obsceno (muŷūn), arquitectónico (quṣūriyyāt), villancicos sobre el nacimiento de Mahoma (mawlūdiyya); poesía amorosa: amor platónico (ḥubb ‘u) y amor lícito (ḥubb ibaḥī), amor por el efebo (gulāmiyyāt)...










La catedrática Josefina Veglison Elías de Molins explica la concepción poética (La poesía árabe clásica, Introducción, págs. 12-14):

Versos testimonio que aparecen en breves fragmentos de cuatro, tres, dos, un solo verso huérfano (yatīma), y que actúan como perlas que, ensartadas por el hilo de la selección de forma oportuna, formarán al fin el preciado collar [...] Collar que da título a tantas antologías clásicas: al-‘Iqd al-farīd (“El collar único”) de Ibn ‘Abd al-Rabbih y los Qalā’id al-‘iqyān (“Collares de oro”) de Ibn Jāqān, antólogos andalusíes; la Yatīmat al-dahr (“Perla de la época”) y los Aṭwāq al-ahab (“Collares de oro”) de los orientales al-a‘ālibī y al-Zamajšarī, entre otras.

Y, si esto es posible, es gracias a esa característica de la poesía árabe que la hace tan distinta y distante de las occidentales, recubriéndola de una impronta personal: se trata de la independencia semántica y sintáctica de  cada verso, en una visión atomizada del poema que hace que el verso bien compuesto deba poder ser citado, sacado de contexto, sin que pierda un ápice de su sentido, por lo que el encabalgamiento de un verso en el precedente y el posterior (taḍmīn) se considera un defecto. [...] El enfoque clásico [...] se impone por la propia naturaleza de la poética árabe, frente al tradicional enfoque occidental consistente en recoger poemas completos, idóneo para tratar la producción moderna, en la que el poema constituye una unidad indisoluble, pero no la clásica, en la que nunca se ha juzgado la categoría de un poeta por la totalidad de su obra, sino en base a aquellos versos sublimes que lo sentencian para siempre como poeta genial.



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Nota del antólogo: Resulta por demás paradójica esta costumbre de expurgar los poemarios en pos de una línea o fragmento mientras el referido al-Jalīl establece la extensión de la casida entre los 30 y 100 versos. También hay testimonio de poemas extensísimos como aquel didáctico-moral de Abūl-l-‘Aṭāhiyya, constituido por cerca de 4, 000 versos originalmente. 



           

Hiŷā’

La hiŷā’, sátira, fue uno de los géneros que surgió entre los beduinos del desierto de la península arábiga, y rápidamente se empleó como arma política en la rivalidad tribal —bajo la creencia de que el šā‘ir, poeta, suerte de adivino y portavoz de los suyos, podía vencer a su contrincante por medio de la magia de la palabra.

Paulatinamente la sátira perderá dicha condición sobrenatural, y se establecerá como un compendio de ataques —ya entre individuos, ya entre comunidades—, a partir de los cuales los poetas buscarán establecer la superioridad de su origen y condición (mafājir), y la consecuente descalificación de sus rivales (maṭālib).

Previamente a la aparición del Islām en el siglo VII, en la denominada Ŷāhiliyya, ignorancia o barbarie, la sátira no era sino un epigrama espontáneo: qiṭ‘a, fragmento. Sin embargo, en su proceso evolutivo, en que intervienen los poetas mujaramūm o híbridos, generación que experimentó el nacimiento de la nueva fe, se asimilará a la estructura de la qaṣīda desde dos perspectivas: prólogo amoroso más epigrama, o sustituyendo al panegírico en el esquema tripartito: nasīb, raīl y madī.

Emilio García Gómez, a quien seguiré a partir de aquí, repasa su evolución (Poemas arabigoandaluces, Los cuadros: ditirambo, sátira y elegía, pág. 50):

En lo antiguo constaba de un envío, que fue perdiendo importancia, y de un desarrollo satírico, de ordinario sumamente violento, que cada vez se fue reduciendo más, hasta casi degenerar en epigrama. Los tiempos nuevos y el despotismo creciente fueron anulando este cuadro, tan en vigor en los días del desierto. Casi nunca, por otra parte, tiene valor universal, por excesivamente ligado a circunstancias anecdóticas.

Para el período Omeya (661-750) se desarrolla la naqīa, diatriba, poema escrito como respuesta a una sátira, utilizando la rima y el metro empleados por el atacante (naqā’i).

Esta dinastía, que fijó su capital en Damasco, se valió de las dotes poético-satíricas para consolidar el poder de los muaríes, tribus del Norte, en detrimento de los árabes del sur: yemeníes y qaysíes, encarnadas por el poeta cristiano monofisita y beduino, Abū Mālik Giyyā ibn Gaw ibn al-alt, mejor conocido como Al-Ajṭal (m. 710) —le chantre des Umayyades, libro del jesuita Henri Lammens.

“Los tres poetas omeyas”, como los califica Albert Renon: Al-Ajṭal, Ŷarīr (m. 732) y al-Farazdaq (m. 730), desempeñarán un doble papel, adaptando la casida a las necesidades políticas.

En el período ‘Abbāsí (750-1258) la sátira pierde el prólogo, y sus críticas devienen en radicales ataques al poder.

Se trata de una época de cambios. Bagdad se convierte en el nuevo centro, y la vida beduina errante cede su lugar al sedentarismo citadino. En palabras de García Gómez (Obra citada, Evolución de la poesía oriental, pág. 14):

El poeta no sabe ya contar las vértebras del camello, ni describir los matojos de las dunas, ni las sangrientas lides, ni los festines bárbaros, ni la libertad cristalina e infinita de la miseria y el hambre. Ya no es el oráculo político de la tribu, que celebra la victoria, insulta al enemigo o azuza a la venganza, sino el panegirista asalariado o el libelista insidioso.

En este contexto surgen los mudaūn, poetas modernos, y su predilección por la dulzura, la sencillez y la elegancia; así como por la renovación temática y metafórica. De la mano de este movimiento surge la Šu‘ūbiyya, nacionalismo anti-árabe, con especial participación de los mawālī o señores persas, que reivindica la supremacía de las razas conquistadas e islamizadas por los árabes.

A Bašsār ibn Burd (m. 784) se le considera el primer mudat, y precursor del nuevo género obsceno que nace bajo el nombre de muŷūn, y que Abū Nuwās (m. 814), otro autor de ascendencia iraní, consolidará con genio y desparpajo, arremetiendo contra los valores del sometedor.






Estatua de Abū Tammām. 





En el siglo IX se produce una disputa entre los modernistas y los neoclásicos o defensores de lo antiguo —como aquellas que también se sucedieron en la poesía occidental: francesa, alemana... Abū Tammām (m. 845) y al-Buturī (m. 897) encabezaron el contra-movimiento. Sin embargo, hay que decir que las diferencias en el arte de ambos bandos no fueron tajantes, ya que algunos autores ensayaron o retomaron aspectos antagónicos.

Otro género que se consolidó durante este siglo fue el ascético o zuhdiyyāt —cuyos orígenes se remontan al poeta cristiano ‘Adī ibn Zayd (m. 600), que sirvió a los reyes de al-īra—, gracias a Abūl-l-‘Aṭāhiyya (m. 825), y que más tarde manejará magistralmente el adelantado Abū-l-‘Alā’ al-Ma‘arrī (m. 1057).

Ibn al-Rūmī (835-896) es uno de los grandes epigramáticos árabes. Punzante, desenvainará su cálamo para ridiculizar tanto a sus enemigos literarios como a la Humanidad misma.

El infortunado príncipe Ibn al-Mu‘tazz (m. 908) recogió en sus Ṭabaqāt šū‘arā’ al-muḥdain, anécdotas humorísticas y biobibliografías de los denominados muŷŷān, poetas libertinos, así como de locos, bufones, matones y mendigos pertenecientes al Califato ‘abbāsí.

El máximo representante de esta corriente será el bagdadí Ibn al-Ḥaŷŷāŷ (m. 1001), y su repercusión en al-Andalus alcanzará a los poetas que vivan bajo el dominio almorávide.

El más grande de los poetas árabes, al-Mutanabbī (915-965) escupirá sus dardos venenosos contra el liberto Kāfūr, en casidas notabilísimas, dejándonos testimonio de su carácter indomeñable.


La sátira retoma su papel sociopolítico al surgir la España musulmana (Obra citada, El período de los dos Emiratos (711-929), pág. 20):
  
Unos todavía, como en los viejos tiempos anteislámicos, sirven de lengua política a su bando o facción, y sus poemas, aunque pedestres, son arengas bélicas, libelos de propaganda o boletines de Estado Mayor.

Sólo para alcanzar una eficacia atroz, una vez que el Califato omeya de Córdoba (1009-1031) sucumbe y se fragmenta en diversos reinos (Obra citada, Los reinos de Taifas (siglo XI), pág. 30):

En este inmenso orfeón suenan todas las voces: ásperos tonos de alfaquíes que evocan el terror de los novísimos; sátiras retorcidas y emponzoñadas.

Dos autores sobresalen por dedicarse casi exclusivamente a satirizar: al-Sumaysir de Elvira (m. circa 1103) e Ibn āra aš-Šantarīnī (m. 1123).

El género satírico es mal visto religiosa y socialmente en al-Andalus. El historiador Ibn Bassām aš-Šantarīnī (m. 1147) compiló la antología andalusí más importante: la ajira fī maḥāsin ahl al-ŷazīra o Tesoro de las hermosas cualidades de la gente de la península. Aunque escribió otra, hoy perdida, intitulada ajira ad-ajīra, en la que recogía las sátiras de los autores de su tiempo.

Los almorávides o al-Murābitun, provenientes del Norte de África, irrumpen en la escena tras ser convocados por los musulmanes ante el temor de la Reconquista de Alfonso VI, oportunidad que aprovecharán para expandir sus territorios y destronar al rey-poeta al-Mu‘tamid, cuya corte trasciende la literatura hispanoárabe (Obra citada, Los almorávides (1091-1146), págs. 34-35):

Porque en ciertos medios de la época almorávide, tan falta de sazón, se advierte también como una reacción contra las formas aristocráticas, y un gusto especial por lo vulgar, lo popular, lo desvergonzado. Es el momento de los satíricos violentos, de los poetas libertinos y obscenos (muŷūn) y de los grandes zejeleros. La Bagdad de «los modernos» había conocido también esta moda. Y así como hemos visto a Ṣanawbarī revivir en Ibn Jafāŷa, la procacidad ingeniosa de Ibn Ḥaŷŷāŷ parece asomar acá y allá en las historietas y los versos de Nazhūn, poetisa granadina, del Kutandī, del ciego Abū Bakr al-Majzūmī, de al-Abyad, y, sobre todo, del rey de los zejeleros andaluces, Ibn Quzmān (m. 1160). Su colección de zéjeles (es decir muwaššaḥas escritas en el dialecto vulgar [...] poemas espontáneos, juguetones, desvergonzados, llenos de burlas  [...]







Ilustración tomada del portal:
http://hochzeit-der-vampire.com/es/





Justamente el género muŷūn resurgió con esta pléyade de poetas —en al-Andalus había tenido al malogrado Ibn Šuhayd como su principal cultivador hasta entonces.

Teresa Garulo detalla sus características (La literatura árabe de al-Andalus durante el siglo XI, Capitulo VI, Los géneros literarios, págs. 203-204):

Tanto la poesía amorosa como la báquica se prestan a dar expresión directa de la transgresión moral implícita en el desafío a la prohibición coránica del vino o de la fornicación. Si se abandona el tono idealizante más frecuente, que se contenta con cantar la belleza o los desdenes del amado, o el color o la frescura de vino, para descender a describir la relación sexual de un momento o la torpeza y semiinconsciencia de una borrachera —generalmente, los dos temas se dan juntos [...] Una de las finalidades inmediatas  de este género es divertir a los oyentes o lectores, y, de hecho, el autor se crea muchas veces una personalidad risible o ridícula, en quien la degradación moral corre pareja con cierta estupidez. También busca escandalizar, no sólo por el vocabulario que emplea, sino, precisamente, porque el autor presenta a su alter ego vanagloriándose de ser incapaz de controlar lo que suele considerarse instintos más bajos. Desde el punto de vista literario, tiene mucho de anti-género, de parodia de los géneros nobles de la literatura árabe, especialmente la poesía amorosa de inspiración cortés (el amor ‘urī), y el panegírico (madiḥ) y autoelogio (fajr).






aumaat assān, Torre de assān,
Ar-Ribāṭ, Rabat, Marruecos, 2013.





Aunque hay testimonio de la continuidad del género durante el período Almohade (1146-1269) y el Reino de Granada (1266-1492) —que marcará el fin de más de 700 años de presencia musulmana en la península ibérica—, así como en Oriente, no despuntará ningún satírico. 

Posteriormente aparecen poetas moriscos que lanzan versos anticristianos, después de sufrir humillaciones en España. Sin embargo, la hiŷā’ se desvanecerá paulatinamente con el tiempo para reaparecer y esgrimir sus argumentos en el siglo XX ante la creación del estado de Israel.

Desde el inicio, este género se vinculó con la sociedad árabe, adaptándose a sus necesidades. Por ello no resulta extraño que los más destacados espíritus de esta tradición lo hayan cultivado o ensayado alguna vez, otorgándole notoriedad.





Sobre la selección, la traducción, las notas...

Tengo por regla no traducir un idioma a partir de otro —y así lo demuestran los once que he traducido directamente en Palabras de viento. Pero, después de sopesarlo concienzudamente, concluí que, al tratarse de una tradición desconocida para la mayoría de los lectores en nuestra lengua —a excepción quizá de los españoles en general, y de los andaluces en particular—, bien podría dejar de lado mis concepciones, en pos de difundir la poesía en esta lengua, así como a sus creadores.

De este modo, nutrí las traducciones directas de los islamólogos españoles con algunas mías provenientes de versiones europeas.

La selección está determinada, como ya lo señalé, por el material del que pude disponer. Por ejemplo, hay obras fundamentales que tuve que consultar a partir de una segunda referencia, y por tanto lo hice fragmentariamente.

Cuando conté con el libro, el artículo, la tesis... física o virtualmente, ejercí mi albedrío para escoger textos que no figuraban —según los investigadores— dentro de la denominación de esta antología. De ahí, la disparidad en el número de poemas de cada poeta, así como del tono: desde la broma sugerida hasta la diatriba procaz.

Además de datos biográficos, traté de recolectar anécdotas sobre los personajes —tan caras para esta cultura y recogidas por sus propios historiógrafos y antólogos. Cuando me resultó imposible encontrar textos que se ajustaran a mis criterios, esbocé una breve noticia del autor únicamente.

Aunque el rastreo fue incesante de acuerdo con mis recursos actuales, no considero que esta investigación esté concluida. Tampoco afirmo, ni someramente, que algún satírico no haya escapado a mi revisión. Sin embargo, la generosidad de medios virtuales como éste estriba en su constante actualización, que implementaré sin titubear.

En la red me topé con un acervo vastísimo, el cual, recurrentemente no alude a las fuentes originales. Esto, por lo contrario, una desventaja.

En cuanto a la escritura de los nombres, sustituí y actualicé su grafía, siguiendo el sistema de transcripción de la Escuela de Arabistas Españoles —resultó gratificante buscar y aplicar la tipografía, además de copiar algunos textos; para mí esto forma parte del trabajo mismo que, muchos otros, prefieren delegar.






Detalle de los poemas epigráficos de la Alhambra.
Foto: portillobarrera2009.





Opté por prescindir de aquellos epigramas que se semejan a los de la Antología Griega, en que se describen objetos, así como los epigráficos de Ibn al-Ŷayyāb en el Generalife e Ibn Zamrak en la Alhambra, por considerar que carecen de los dos elementos guías de esta compilación: la crítica y el humor, hazl.

A diferencia del uso —con el que comulgo incluso más que con el “supuestamente” mío— de los lingüistas árabes, en ocasiones me aparté de él —después de todo, la fuerza de la costumbre pesa más...—, con una doble finalidad: ofrecer poemas más parecidos a la sensibilidad occidental (!), además de ejemplificar los tópicos esbozados. Ahí estriba el esmero en la búsqueda, a pesar de no ser un conocedor de esta sensibilidad poética.

Las notas son de diversos tipos: aquellas realizadas por los expertos  aparecen ya como presentación del poema —en caracteres más pequeños—, ya al pie del texto, entre comillas; las que yo redacté están bajo la leyenda Nota del antólogo en cursivas, y debido a que el formato de la bitácora electrónica comprende un solo bloque, decidí incorporarlas cerca del fragmento que explican.

Siempre que dispuse del nombre del traductor le di su respectivo crédito —cuando no, lo manifesté oportunamente. Eliminé la referencia bibliográfica casi siempre porque este trabajo, ya de suyo ingente, habría degenerado en un catálogo de pies de página.

Otro punto más. Cuando los párrafos del poema no cabían en una línea, preferí reducir la letra. Es por ello que hay tanta disparidad en el tamaño.

Todos los títulos entre corchetes son míos. Aproveché la información que acompañaba a los textos escogidos y la sinteticé.

Ya por último, ubiqué al final a los autores sobre los que no pude determinar vida ni obra en el tiempo. Esto mismo hice con aquellos de los que no disponía salvo de un ambiguo dato como el siglo en que se desarrollaron. El orden es cronológico, o para decirlo con mayor propiedad, necrológico.



Índice de autores satíricos

arafa ibn al-‘Abd al-Bakrī (m. 569)

afiyya ibn Ta’laba (m. 609)

‘Antara ibn Šaddād al-‘Absī (m. circa 615)

Al-A‘šà Maymūn de Qays (570-629)

‘Abd al-Raḥmān ibn Ḥanbal al-Gumaḥi

Abū Sufyān ibn arb (m. 653)

Ḥasan ibn ābit (circa 563-660)

Ŷarwal ibn Aws, al-uṭay’a (600-661)

Mālik ibn al-Rayb al-Mazīnī al-Tamīmī (m. circa 680)

Al-Nābiga al-Ŷa‘dī (m. circa 699)

Maysūn bint Badal al-Kalbiyya (m. circa 700)

Laylà al-Ajyaliyya (m. circa 704)

Al-Ajṭal (640-710)

Tammām ibn Ghālib, al-Farazdaq (641-732)

Ŷarīr ibn Aṭiyya (653-732)

Bašsār ibn Burd (714-784)

Abū l-Majšī (m. 796)

Abū Nuwās (m. 814)

Abūl-l-‘Aṭāhiyya (748-825)

Dīk al-Ŷinn (777-849)

Di‘bil al-Juzā‘ī (m. 860)

Yayà Ibn Ḥakam, al-Gazāl (770-864)

Abū ‘Alī al-Baṣīr (primera mitad del s. IX)

Abū al-‘Aynā’ Muḥammad ibn al-Qāsim ibn Jillād

Abū Hiffān (m. circa 871)

Mu’min ibn Sa‘ī d (m. 880)

Ibn al-Rūmī (835-896)

Ibn al-Mu‘tazz (861-908)

‘Alī ibn Aḥmad (m. 911)

Abū Bakr al-Ṣanawbarī (m. 945)

Abū-l-ayyib, al-Mutanabbī (915-965)

Ibn Lankak (m. circa 970)

Ibn Hāni’ al-Andalusī (m. 973)

Ḥafa bint Ḥamdūn al-Ḥiŷāriyya (s. X)

Ibn al-aŷŷāŷ (m. 1001)

‘A’iša al-Qurṭubiyya (m. 1009)        

Muḥammad ibn Mas‘ūd (principios del s. XI)

Ṣaffiya bint ‘Abd Allāh ar-Rayyī (m. 1027)

Ibn Šuhayd (992-1035)

Ibn al-Abbār (m. 1041)

‘Alī ibn Ḥiṣn (s. XI)

Abū-l-‘Alā’ al-Ma‘arrī (973-1057)

Abū Marwān al-Ḥiŷārī (m. 1062)

Ibn Ḥazm (994-1063)

Abū Isāq al-Ilbīrī (m. 1067)

Ibn Šaraf al-Qayrawānī (1000-1068)

Ibn Zaydūn (m. 1071) y Wallāda (m. 1091)

Muhŷa bint at-Tayŷanī al-Qurubiyya (s. XI)

Ibn ‘Ammār (m. 1084)

Ibn al-Ḥaddād al-Numayrī (m. 1087)

Abū Ŷa‘far ibn Ŷurŷ (s. XI)

Umm al-‘Alā’ al-Ḥiŷāriyya (s. XI)

Ibn al-Tāzī (s. XI)

Ibn al-Aṣīlī (último tercio s. XI)

Abū Tammām ibn Rabāḥ (finales del s. XI)

Al-Sumaysir al-Ilbīrī (m. circa 1103)

Ibn Jalīfa al-Qurubī (m. 1103)

Ibn al-Labbāna (m. 1113)

Al-Ṭugrā’ī (m. 1119)

Yaḥyà al-Ŷazzār (m. 1120)

Ibn āra Aš-Šantarīnī (m. 1123)

Abū Bakr, al-Abyaḍ (m. circa 1130)

Ibn Zuhr (m. 1130)

Abū-l-Ṣalt de Denia (1067-1134)

Al-Buqayra  (m. circa 1135)

Ibn ‘Abdūn (m. 1135)

Ibn Jafāŷa (1058-1138)

Ibn Šaraf (m. 1140)

Ibn Quzmān (m. 1160)

Al-Muktafī II (1096-1160)

Ibn Sahl al-Yakkī (m. 1165)

‘Abd al-Raḥmān al-Kutandī (m. circa 1187)

Abū Ŷa‘far ibn Saʻīd (m. 1163)

Ḥafa bint al-Ḥāŷŷ, ar-Rakūniyya (1135-1191)

Ibnat Muḥammad bint Fierro (s. XII)

Nazhūn bint al-Qalā’ī (s. XII)

Al-Šilbiyya (s. XII)

‘Alī Ibn Ḥarīq (1156-1225)

Umm al-Sa‘d (m. circa 1242)

Sahl Ibn Mālik al-Azdī (1163-1249)

Ibn al-Muraḥḥal (1207-1300)

Ibn Rašiq al-Mursī (s. XIII)

Ibn Nubāta al-Mirī (1287-1366)

Ibn al-Ḥāŷŷ al-Lurquī*


Abū ‘Abd Allāh ibn Ḥarbala*




















Antología




















Los poetas satíricos

En La poesía árabe, la música y el canto (Anaquel de Estudios Árabes, Universidad Complutense de Madrid, 1995, vol. VI, pág. 151), el poeta y catedrático palestino Mahmūd ob escribe que en al-iŷāz —en las dos ciudades principales: Meca y Medina—, existían las qiyān, maestras cantantes que entretenían a la audiencia con sus melodías. Añade que en la Sīra, biografía de Mahoma, se lee que éste mandó matar el día de la conquista de la Meca a Ibn Jaṭal, un pagano que se había convertido al Islām y luego renunciado a él —además de asesinar a un esclavo converso por desobedecer sus órdenes— que hospedaba en su casa a un par de qiyān que cantaban sátiras contra la nueva religión y su profeta.





El satírico árabe más antiguo sobre el que encontré referencia es arafa ibn al-‘Abd al-Bakrī (m. 569), poeta preislámico del clan de los Qays b. a‘laba, de la tribu Bakr Wā’il, quien, ufano, satirizó a sus tíos por haber repartido la herencia de su padre.

Posteriormente su actitud empeoró en la corte de ‘Amr ibn Hind en īra, dedicándole un epigrama satírico al rey, lo que propició que éste elucubrara un plan para deshacerse de él y de su tío al-Mutalammis, comisionándoles que entregaran un par de pliegos sellados al gobernador de Barayn.

Al-Mutalammis, poeta también, y más prudente que su sobrino, sugirió enterarse del contenido del mensaje que llevaba, y al no saber leer, encontró a alguien que se lo descifrara. Así, supo que se ordenaba matar a quien lo portara.

Pero la altivez de arafa lo hizo desestimar las advertencias de su familiar, y se negó a conocer el suyo. Así, tan pronto como llegó a su destino, fue enterrado vivo, después de sufrir la amputación de manos y pies.

__________
Nota del antólogo: Aprovecho la aparición del primer nombre completo de un autor para explicar la onomástica árabe clásica: La kunya o sobrenombre representa una forma respetuosa e íntima de dirigirse a la gente. Se conforma con la partícula de filiación Abū, “padre de” —y Umm, “madre de”, en el caso de las mujeres— seguida del nombre de pila del primer hijo varón.

El ism o nombre de la persona precede a los indicadores de familia. Puede ser simple o compuesto. Ej. ‘Abd Allāh, “esclavo de Dios” (Dios dispone de 99 nombres).

El nasab es la genealogía o descendencia (patronímico), que indica la idea de filiación que, de no abreviarse, puede llegar, si se conoce, al antepasado más remoto. Se forma por la unión del nombre del hijo con la partícula de filiación ibn o ben: bin, “hijo de” —en algunos lugares se usa uld en lugar de ben—, más el nombre del padre, abuelo, bisabuelo... Para las mujeres se usan las partículas bint o bent, “hija de”.

El laqab o apodo es el sobrenombre que se añadía, a veces, para alabar o ridiculizar a una persona.

El ismu mansab es el nombre que indica la profesión.

La nisba: parentesco, alianza o filiación. Es un adjetivo que indica origen geográfico, familiar, étnico..., que complementa la idea de filiación del nasab. La terminación masculina es -i y la femenina -iyya. 





afiyya ibn Ta’laba (m. 609) fue una poetisa que protagonizó la Yawn Dī Qār, primera batalla en la que los árabes vencieron a los persas. En esta sátira evidencia a un traidor:



[Contra un árabe que pretendía casar a una joven árabe con un rey persa]

Decid a al-Mansūr, que se sequen de leche sus camellas,
y que el cuervo de la muerte en su plaza grazne y bale;
¿quién ha casado, ¡oh imbécil!, antes de lo que pretendes
a un persa con una moza de los árabes, ¡eh, desgraciado!?;
elige, a sabiendas que tú eres incapacitado, a fidedigno
que se pronuncie por ti, siendo tú el más nefasto para pronunciar;
¡maldita sea tu madre, oh Mansūr!, cierto que nosotros
tenemos nobles caballeros protegiendo al vecino que nos pida socorro;
rogamos a Dios que Mansūr no profane a nuestra vecina,
y que toda fuerza que nos invada sea rechazada y resquebrajada;
¡muérete con tu rencor, eh, Mansūr!; ¡que seas toda tu vida
detestado por mi gente!, así tendrás que temer todo día;
¡Cuidado, pues, cuidado con las ilusiones inalcanzables!,
tales deseos no te traen más que la frustración y el sudor;
los Banū Badr han negado aceptar lo que escribiste al persa
¡oh, hijo de deshonrada!, rectifica si quieres perdurar.

(Traducción de Mahmūd obḥ).






Ilustración de  
‘Antara y ‘Abla.





‘Antara ibn Šaddād al-‘Absī (m. circa 615), apodado “al audaz” o “la mosca blanca”. Fue hijo de una esclava abisinia y un noble árabe de la tribu de los ‘Abs, por tanto mestizo. Encarna al prototipo del poeta-caballero del desierto que se sobrepone a las adversidades: ganándose primero el reconocimiento de su progenitor, y después el amor de su prima ‘Abla. Sus aventuras —de ahí que se le denomine como el “Aquiles o Hércules árabe”— arraigaron en el imaginario popular creando una saga que se completó en Egipto en el siglo X: la Sīrat ‘Antar. Anacrónicamente, se ha querido ver en él a un precursor de los movimientos anti-árabes que surgieron a raíz de la expansión del Islām.

De las Poesías asiáticas puestas en verso (1833) (págs. 98-101) por Gaspar María de la Nava Álvarez, extraigo esta sátira, puntualizando que el Conde de Noroña realizó sus versiones a partir de las traducciones inglesas de Joseph Dacre Carlyle, Specimens of Arabian Poetry (1796) y Samuel Rousseau The Flowers of Persian Literature (1801), así como de las latinas de William Jones, Poeseos Asiaticae Commentarii (1774):

Así se explica Jones en sus Comentarios latinos sobre la poesía asiática: «Solamente he visto el volumen XIV de este libro;  nada hay de elocuente y magnífico, que me parezca faltar en él; y es a la verdad tan delicado en su estilo, tan vario, tan remontado, que no tengo reparo en contarle entre los poemas perfectísimos. El héroe ilustre que en él se alaba es el mismo ‘Antara, que compuso el quinto de los poemas llamados mu’allaqāt, y ‘Abla fue una hermosísima hija de un rey, a quien él amó con pasión. Esta admirable sátira, dice, que la cantó una esclava de ‘Abla en vituperio de ‘Amara, que también la quería.»

Sátira sacada del libro de los amores de ‘Antara y ‘Abla

Abandona ya el amor
de las muchachuelas blandas;
y a las vírgenes hermosas
déjalas en paz, Amara.

Que no es tu mano la que
al enemigo rechaza,
ni eres tú fuerte jinete
el día de la batalla.

No desees con ahínco
poner los ojos en ‘Abla,
pues solamente verías
del fiero león las garras.         

No quiere que se le acerquen
las espadas aún intactas,
ni, por mas que metan ruido,
las no conocidas lanzas;

Porque ‘Abla es una gacela
que sólo el león la caza,
con ojuelos adormidos,
pero ardientes como brasas.                  

Tú te entregas a tu amor
con sobrada confianza;
y clamores y querellas
por todas partes derramas.

Deja, pues, de perseguirla,
porque a no, tu vital planta
con el vaso de la muerte
será por ‘Antara regada.

Firme siempre detrás de ella
sin duda para agradarla
tus vestidos rozagantes
de armaduras sobrecargas:

Las muchachas al mirarte
dan alegres risotadas,
y en los valles y collados
repite eco su algazara.

Por el día, por la noche,
a la tarde y la mañana,
te has hecho fábula y mofa
de todos cuantos te tratan.

Con un manto hacia nosotras
te acercas con grave marcha,
y nosotras nos reímos
tonteando por tu causa.

Si otra vez vienes, acaso
saldrá, derramando rabia,
el león, a quien los fuertes
leones del valle acatan.

No quedando más de toda
esa tu vana arrogancia, 
que el desprecio que tú llevas.
Y el odio, que en todos causas.

Abatido y humillado
Te verá ‘Abla y las muchachas
tan lindas como graciosas,
que continuo la acompañan.

Pues ‘Antara el gran guerrero
león es cuando se enfada;
y más que es la mar profunda
tiene generosa el alma.

Nosotras asemejamos
a flores tiernas y blancas
fragantes cual violetas,
esplendentes como caltas.

‘Abla descuella entre todas
como del Ban la alta rama,
que la alba luna corona,
y el sol matutino halaga.

Tú eres el más despreciable
de cuantos yeguas cabalgan,
y entre los mismos avaros
de una codicia extremada.

Sin razón y con descaro
quieres obtener sus gracias;
siendo más vil que los perros
que en los muladares ladran.

Muérete, pues, de tristeza;
o vive lleno de infamia;
que no hay ninguno que borre
esta mi sátira amarga.





Al-A‘šà Maymūn de Qays (570-629) fue un panegirista cristiano itinerante que solía cantar sus casidas. “El ciego”, según su apodo, destacó en los géneros báquico y satírico.





En el volumen VIII de los Anales del Islam, obra compilada por Leone Caetani, Príncipe de Teano (página 423), figura este fragmento tomado de Ibn Qutayba (828-889), traducido, directamente del italiano, por mi amigo Alejandro Mendoza y por mí:



‘Abd al-Raḥmān ibn Ḥanbal al-Gumaḥi, a quien ‘Umān había enviado al exilio, dijo cinco versos de sátira:

Yo juro por Dios, señor de la creación; que Dios no ha dejado nada a la negligencia.
Pero tú nos has hecho la guerra para atacarnos o darnos una oportunidad.
Los dos amīn (Abū Bakr y ‘Umar) encontraron una lámpara que muestra el camino correcto.
Y no han tomado un solo dirhem con prepotencia, ni han gastado ninguno en nada triste.
Y tú le entregaste a Marwān el quinto que pertenecía a los siervos de Dios:
que esté lejos el que hiere de quien sea blanco de sus malas intenciones
(¿no ofrecemos los medios para hacer el mal a quien tiene la voluntad?).

__________
Nota del antólogo: La palabra que se traduce como “guerra” —en el original fitna—, es un término sumamente complejo de comprender para quienes no formamos parte del Islām. En el contexto de esta sátira alude a la Primera guerra islámica (656-661), que se dio tras la muerte y la sucesión del tercer califa, ‘Umān, y que sentaría la primera división religiosa entre la comunidad musulmana. Con el término Al-Rāšidūn, Califas ortodoxos, se denomina a los cuatro gobernantes que sucedieron a Mahoma: Abū Bakr (632-634), ‘Umar (634-644), ‘Umān (644-656) y ‘Alī (656-661).





Abū Sufyān ibn arb (m. 653) fue un adversario político de Mahoma, que lo satirizó con virulencia antes de adoptar la nueva fe tardíamente.

Otro poeta contemporáneo, el longevo medinés Ḥasan ibn ābit (circa 563-660), convertido en 622, defendió al Profeta con estos versos:



Réplica a Abū Sufyān

Haz llegar a Abū Sufyān, de mi parte, un mensaje
que deje las cosas claras:
satirizaste a Mahoma
pero yo respondo por él y ante Dios en este fragmento.
¿Cómo te burlas si no estás a la altura?
El peor de vosotros dos pagará por el mejor.
Y mi padre, el padre de mi padre, mi propio honor,
acudimos en defensa del honor de Muḥammad.

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).







Ŷarwal ibn Aws, al-uṭay’a (600-661)

Al-uṭay’a es el primer poeta que destaca en la sátira —llamando sobremanera la atención aquéllas que realizó a costa suya. Su aspecto le granjeó el sobrenombre de “el enano”.

Se valió de la mordacidad, que ponía a disposición de quien mejor retribuyera a su talento, para la redacción de epigramas satíricos — también se dice que le pagaban por su silencio.

Se cuenta que el califa ‘Umar lo reprendió por sus versos, a lo que poeta respondió con un panegírico en el que manifestaba que si no cultivaba la hiŷā’, sátira, sus hijos morirían de hambre —debido a que sus clientes le demandaban únicamente obras de este género—, consiguiendo así la libertad.

Juan Vernet agrega (La literatura árabe, III, La época omeya, págs. 82-83):

no dudaba en declamar versos en que se ponía a sí mismo en ridículo; al darse cuenta de que iba a morir, por ejemplo, mandó que lo montaran en un asno y lo pasearan públicamente de un lado para otro, mientras recitaba:

Nadie hay más vil que al-uṭay’a.
Ha criticado a sus hijos y a las mujerzuelas
y a causa de su mala lengua
muere a lomos de una burra.



Autorretrato

Mis labios han rehusado hoy proferir indecencias.
¿A quién dirigirlas
si Dios me creó a mí mismo con un rostro deforme?
¡Qué horrible rostro,
qué feo es quien lo lleva!

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).



[Contra su madre]

¡Que Dios te recompense con la vejez y te conceda la desobediencia de tus hijos!
¡Márchate y vete lejos de mí! ¡Ojalá Dios libre de ti al universo!
Eres una criba cuando se te confía un secreto y un ascua para los que hablan.
¿Acaso no te he mostrado mi enemistad? Pero no creo que seas una mujer inteligente.
Tu vida, por lo que sé, es una vida de mal y tu muerte alegrará a los virtuosos.

(Traducción de Juan Vernet).







Mālik ibn al-Rayb al-Mazīnī al-Tamīmī (m. circa 680) fue un caballero temerario que satirizó al caudillo al-aŷŷāŷ. Murió camino a Jorasān, después de que una víbora lo mordiera. Se cuenta que los ŷinn, genios, seres incorpóreos, constituidos de humo y fuego, colocaron debajo de su cabeza la casida más célebre que escribió. Algunos trabajos recientes han querido ver un paralelismo entre sus elegías y las del inglés John Keats.





El longevo polígrafo Al-Nābiga al-Ŷa‘dī (m. circa 699), experto en la descripción de caballos, cultivó la sátira, además de la elegía y el panegírico.







En los albores del Islam, la poetisa beduina Maysūn bint Badal al-Kalbiyya (m. circa 700) expresa, en diversas traducciones:


Una tienda en la que todos los vientos soplen
prefiero antes que un gran palacio.
El viento que sopla por los desfiladeros
me es más grato que el sonar de adufes.
Un perro que ladra a los caminantes
me gusta más que un gato zalamero.
Vestir un manto de lana, espeso,
me es preferible a envolverme en una gasa.
Más quiero un camello que se resiste a la brida
que una mula dócil y bien domada.



Una pequeña casa sosegada en que sólo sopla el viento
me es mucho más querida que un gran palacio con llanto.
Una sola túnica de beduina que me alegre siempre tanto
me es más cómoda que un traje estrecho y lujoso manto;
un mendrugo en un rincón de la jaima, con mucho gusto
comérmelo, me es más apetecible que pan con aceite frito;
El gemir del libre aire entre desfiladeros, en lo más alto,
me es más afable que el son del tambor con tanto tormento.

[...]

Un primo mío, generoso y delgado, como un alazán
suelto, me es más amado que un extraño bien cebado, pero muy tonto.

(Traducción de Mahmūd obḥ).






Poesie and Kunst der Araber in Spanien and Sicilien (1865),
Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia de Adolf Friedrich von Schack.





El orientalista alemán Adolf Friedrich von Schack, en su Poesie and Kunst der Araber in Spanien and Sicilien, Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia (I, Introducción), traducido por Juan Valera, amplia la historia:

Mientras que en el palacio imperial de Damasco, la magnificencia, que más tarde había de desarrollarse con mayor brillantez aún, empezaba ya a mostrarse con exceso y a ponerse al servicio de la poesía, Maysūn, mujer del califa Mu‘āwiyya, en medio de todos aquellos esplendores que la cercaban, suspiraba por su patria en el desierto. Un día la sorprendió su marido cantando los versos siguientes:

Con un traje de pieles                       
era yo más dichosa                
que con las rozagantes vestiduras                      
que aquí siempre me adornan.                
Mi tienda del desierto,                     
a través de la cual el viento sopla,                      
prefiero a los alcázares;                  
allí mejor se mora.                 
El reposado andar de mansa mula                    
me cansa, y no el camello cuando trota;                     
más me agrada el ladrido de mi perro             
que el son de los timbales y las trompas.                    
Un pastor de mi tribu           
más valor atesora                   
que todos estos necios cortesanos,                     
y su lujo y su pompa.            

Mu‘āwiyya se enojó al oír tales palabras y dijo: —Ya veo, oh hija de Badal, que no te has de dar por contenta hasta que me transforme en un rudo beduino. Libre eres, si gustas, de volverte con los tuyos, ya que tanto lo deseas. Maysūn, en efecto, se volvió al desierto con su tribu, de la cual, como dice el historiador arábigo, había aprendido la elocuencia y el arte de los cantares.





La poetisa Laylà al-Ajyaliyya (m. circa 704), según la leyenda, murió en la miseria con más de ochenta años, llorando sobre la tumba de Tawba ibn umayyir. Aunque es conocida sobre todo como autora de versos de lamentación por la muerte de su amante, también escribió epigramas satíricos en contra Al-Nābiga al-Ŷa‘dī.





Al-Ajṭal (640-710)

Nació en ira. Pertenecía a la tribu Taglīb (del norte de Arabia), proverbialmente avara. Su sobrenombre, Al-Ajṭal, significa “el elocuente”.

Profesaba el cristianismo sin temor, aludiendo incluso irónicamente al Islam y rechazando su conversión, bajo la protección incondicional del califa omeya ‘Abd al-Malik, tal como lo muestran los dos siguientes poemas, en traducción de Josefina Veglison:

No

No me apetece ayunar en Ramaḍān
ni comer la carne de los sacrificios.
Para triunfar no ahuyento a los camellos hacia el llano de la Meca.
Para ganarme la piedad no visito una casa lejana en la Meca.
Jamás me levantaré, como los demás, al grito de “vamos a la oración”,
sino que seguiré bebiendo vino y me postraré al brillar la mañana.

__________
Nota del antólogo: Juan Vernet traduce así los últimos versos: “Jamás iré a gritar como un asno: «¡Vamos a la plegaria!» ¡Al contrario! Continuaré bebiendo el buen vino y prosternándome en el momento de la aurora.”



¡Oh, Emir de los creyentes!
Cuando el comensal me escanció tres copas de vino
salí arrastrando la cola
pavoneándome como si el emir fuera yo y no tú.



En la polémica que protagonizaron Ŷarīr y Al-Farazdaq, Al-Ajṭal inicialmente apoyó al primero, aunque se decantó por el segundo.

Adolf Friedrich von Schack (Obra citada, I, Introducción) rescata una anécdota en la que el poeta honra a la dinastía omeya:

Al más fuerte enemigo sujeta su poder,
pero inmensa es su gracia cuando llega a vencer

__________
Nota del antólogo:

Terribles en la cólera mientras se les resiste,
son los hombres más clementes después de la victoria,

según Vernet, quien refiere que el famosísimo Hārūn ar-Rašid se apropió de estos versos un siglo después.



Posteriormente, el fundador de la dinastía ‘abbāsí, Abū-l-‘Abbās, se lamentará de la casida dedicada a su familia por parte de un poeta que “nada podrá decir que equivalga a aquellos dos versos de Ajṭal en elogio de los omeyas”.



La gloria de Qurayš
Al-Ajṭal fue designado para satirizar a los Anṣār, cuando, estando el poeta Ka‘b Ibn Ŷu‘ayl con el califa Mu‘āwiya, éste se quejó de que un qurayší había sido vituperado por un Anṣār. No atreviéndose Ka‘b a devolver la sátira por tratarse de una comunidad que defendió a Mahoma, le propone al califa que sea un cristiano, como lo era el poeta, quien lleve a cabo, señalando a al-Ajṭal. Éste accedió a condición de que el califa le protegiese llegado el caso.

Los Qurayšíes acapararon la tolerancia y la generosidad
quedando la vileza bajo los turbantes de los Anṣār.
Dejaos de grandezas pues no pertenecéis a esa clase.
Coged más bien vuestras escobas, hijos del carpintero.

__________
“El nombre de la tribu de Medina de los Banū-l-Naŷŷār, representantes de la facción yemení enemiga del poeta, significa “hijos del carpintero”. Llamándolos por su nombre al-Ajṭal pretende descalificarlos, pues los oficios manuales eran subestimados por los beduinos ya que su ejercicio implicaba automáticamente un sedentarismo tenido en menos”.





Tammām ibn Ghālib, al-Farazdaq (641-732)

Nació en Khadima (actual Kuwait). Proveniente de una familia de beduinos de renombre. Al-Farazdaq, el apodo con que pasó a la posteridad significa “el patizambo”. Cultivó la sátira en pequeños epigramas, así como la poesía amorosa.

Su fama trascendió a grado tal que un crítico declaró que “si su poesía no hubiera existido, un tercio de la lengua árabe se habría perdido”. Lo anterior, debido a los 40, 000 términos que se conservan aproximadamente en su Dīwān, palabra que podría traducirse como “poemario” o “antología”.

Se enfrascó en una feroz rivalidad con Ŷarīr, al parecer a partir del robo de un camello, remitiéndose mutuamente poemas satíricos y burlescos que hoy se conservan en el Naqā’i Ŷarīr wa al-Farazdaq. Murió en Basora.

Friedrich von Schack nos comparte dos relatos (Obra citada, I, Introducción):

En cierta ocasión, el famoso Farazdaq, oyendo recitar a uno que pasaba el octavo verso de la mu’allaqa de Labīd, se postró como para orar, con la cabeza contra el suelo, y dio la siguiente explicación a los que le preguntaron por qué hacía aquello: —Vosotros conocéis pasajes del Corán, ante los cuales debe el hombre postrarse, y yo conozco versos a los cuales el mismo honor es debido.

[...]

Cierto joven se atrevió a dirigir contra Farazdaq versos de burla. Sus parientes, temiendo las naturales consecuencias de esta impertinente audacia, se apoderaron de él, le llevaron a Farazdaq y le dijeron: —Aquí te entregamos a este mozo; castígale como quieras, dale de palos o arráncale las barbas; reconocemos que su temeridad merece un severo castigo. Farazdaq contestó que le bastaba la satisfacción que acababan de darle, y el temor que habían mostrado de su venganza.

Otra historia cuenta que el califa Sulaymān ibn ‘Abd-al Malik y al-Farazdaq conversan sobre los más óptimos entre los árabes. En principio, el “emir de los creyentes” lo desconoce y le pregunta quién es. El poeta, a su vez, responde sorprendido que pertenece a la gente donde figuran el más fiel, el más noble, el más generoso, el más sabio, el mejor caballero y el mejor poeta de los árabes. Ante la amenaza de castigo por parte del soberano, Farazdaq enumera a cada uno y cierra la explicación con jactancia, diciendo al califa que ante sí tenía al mejor poeta de los árabes.

Sin embargo, Ŷarīr se encargó de divulgar otra anécdota menos favorable sobre la fealdad de su rival en la que se cuenta que deseaba a una hermosa esclava. Cuando se dirigió a ella para cortejarla, ésta le respondió inmediatamente: —No me mires con deseo, pues aunque mil coños tuviera, ninguno te daría a probar.

Posteriormente, ambos poetas se amistaron, y a la muerte de Farazdaq, Ŷarīr escribió el siguiente poema, el cual dadas las injurias del pasado adquiere un cariz conmovedor —en versión del arabista Jaime Sánchez Ratia:

Muerte de al-Farazdaq

¡Por mi vida! Ha afligido a Tamīm, la ha derrumbado,
a mano de los rigores de la suerte, de al-Farazdaq la muerte.
La tarde que acudieron para abandonarlo
—con sus parihuelas— en una tumba abierta
en el abismo de la tierra, bien hondo,
dejaron en la sepultura a quien un tiempo perteneciera
a toda estrella, sobre el cielo cernida.
Murió quien llevara el peso de las deudas ajenas,
quien venciera al injusto Satanás, el gigante.
Columna de todo Tamīm, su lengua,
portavoz soberbio en toda ocasión de la elocuencia.
¿Quién, después de Ibn Ghālib, saldrá fiador
de los parientes, del vecino y del que es preso de cadenas?
¡Cuántos huérfanos hambrientos, tras la muerte de Ibn Ghālib,
y cuántos niños y madres de progenie!
¿Quién liberará a los prisioneros? ¿De quién lavarán la sangre
sus manos y, colérico, tomará el pago de la sangre?
¡Cuántas veces cargó con el peso de sangre cara, valeroso,
y lo hacía paciente en el cumplimiento de la palabra dada!
¡Cuánto alcázar de crueles, de héroes y de plebeyos
al dirigirse a él, sus puertas no se cerraron!
Se abrieron las puertas de los reyes a su faz,
sin cortinajes que velasen, ni adulación que mediara.
¡Que lloren sobre él los hombres y los genios
en todo poniente y en levante,
pues ha muerto un valiente Muarí!
¡Un héroe que vivió edificando la gloria durante noventa años
en tanto se elevaba a la riqueza y la celebridad!
No murió hasta que no hubo dejado tras de sí,
en toda fiera, un golpe atronador.



Vileza

No soy un sa‘dí de dientes amarillos
ni un ‘abdí que lleve dátiles en el saco.

__________
“Las tribus de los Banū Sa’d y los ‘Abd al-Qays vivían en zonas de palmerales y son objeto de burla por su hábito de consumir dátiles, tenidos por poca cosa, en lugar de carne”.



Cuando un asadí está en un lugar y tiene hambre ese día,
si su perro está gordo, se lo come.

__________
“Importante tribu al Este de la Arabia central, cuya lengua representaba, a ojos de los eruditos, la norma lingüística”.



Si se aventase la vileza de los Banū Kulayb
ya no nos guiaría el resplandor de las estrellas en la noche.
Y si el día cobijase a los Banū Kulayb
su vileza ocultaría la luz del día.
Un kulaybí sólo se vuelve noble
para pedirle algo al vecino.

__________
“El poeta ataca aquí a los Kulayb por ser ésta la tribu a la que pertenecía su enemigo Ŷarīr, con quien mantuvo sus célebres diatribas”.





Ŷarīr ibn Aṭiyya (653-732)

Abū Ḥazra Ŷarīr ibn Aṭiyya ibn Ḥuayfa. De sobrenombre al-Jaṭafī. Nació en Yāmama (actual Arabia Saudita). Hijo de una familia de cabreros. Perteneció a la tribu de los ‘Abd al-Qays. Sirvió como panegirista del terrible gobernador de Iraq, al-aŷŷāŷ, quien lo presentó al califa omeya ‘Abd-al Malik. Se refiere que su rivalidad con al-Farazdaq se prolongó por cuarenta años.

Transcribo un par de anécdotas que relata von Schack en la Introducción de su obra, retomándola del Journal asiatique de Caussin de Perceval:

Una vez quiso oír el califa la opinión de Ŷarīr sobre los autores de las mu’allaqāt y sobre Farazdaq y Ajṭal. Ŷarīr encomió al punto el mérito de cada uno de los mencionados con entusiastas expresiones. —Tanto has gastado en elogiarlos —dijo entonces el califa—, que nada resta ya para ti. —¡Oh Príncipe de los creyentes! —replicó Ŷarīr—, yo soy el centro de la poesía; de mí emana y a mí vuelve; yo encanto con mis versos amatorios, aniquilo con mis sátiras e inmortalizo con mis alabanzas; en suma, soy insuperable en todos los géneros, mientras que cada uno de los otros poetas en uno solo brilla. Este poeta no parece que se limitase, más que en el propio elogio, en sus exigencias a la liberalidad de su valedor. Muy contento con una de sus qaṣīdas, le prometió el califa, en premio, ciento de sus mejores camellas. —Pero, Príncipe de los creyentes —dijo Ŷarīr—, temo que se me vayan, si no tienen algún guardador. —Está bien —respondió el califa—, te doy ocho esclavos para que las guarden. Ahora sólo me falta, prosiguió Ŷarīr, una vasija en que puedan ser ordeñadas; y al propio tiempo echó la vista sobre un gran vaso de oro que había en el salón. Así consiguió que también el Califa le regalase el vaso.

[...]

Entre todas las clases del pueblo se había difundido una verdadera pasión por la poesía. Ni el estruendo de las armas, ni el fanatismo religioso, que entonces ardía en vivas llamas y pugnaba por extender la nueva fe sobre toda la redondez de la tierra, podían apagar esta pasión. Durante las guerras más empeñadas, se discutía acerca de la excelencia de un poeta sobre otro con tanta viveza como si se tratase del más importante negocio de Estado. Guerreando el general Muhāllab, en el Jorasān, contra una secta herética, oyó en el campamento un gran tumulto. Se informó del motivo de él, y supo que entre sus soldados se había suscitado una disputa sobre quién era mejor poeta, si Farazdaq o Ŷarīr. Algunos soldados entraron en la tienda del General y le rogaron que decidiese la cuestión; pero Muhāllab les dio esta respuesta: —¿Acaso me queréis entregar a la venganza de uno de esos dos perros rabiosos? Me guardaré muy bien de sentenciar sobre ellos; dirigíos mejor a los herejes, contra quienes hacemos la guerra, los cuales no temen ni a Farazdaq ni a Ŷarīr, y suelen ser muy inteligentes en poesía. Al otro día, cuando los dos ejércitos enemigos estuvieron frente a frente, se adelantó un hereje, llamado ‘Ubayd, y provocó a combate singular a los del ejército de Muhāllab. Al punto aceptó la provocación un soldado, fue hacia ‘Ubayd, y le rogó, antes de que empezasen a reñir, que le resolviese la cuestión sobre cuál era más gran poeta, Farazdaq o Ŷarīr. ‘Ubayd recitó entonces un verso, preguntó de quién era, y cuando el otro contestó que de Ŷarīr, dijo que a éste tocaba la preeminencia.

Otra señala que el autor comenzaba un poema evocando a su esposa muerta, y al-Farazdaq lo criticó: “Al componer una elegía por tu mujer, traicionas la memoria de aquella que descansa en paz, ya que la haces pasto del público. Tal acción no es propia de un hombre de bien”.

Hanaa Mohamed-Hammadi Mejdoubi traduce este fragmento de Ŷarīr sobre Al-Ajṭal en su esclarecedora tesis doctoral Ibn Sa‛īd al-Magribī, Al-Mugrib fī ulà al-Magrib (Lo extraordinario sobre las galas del Occidente islámico) El reino de Elvira y el reino Málaga (Universidad de Córdoba, 2012, pág. 140):

Cuando el Taglibī se determina por ofrecer hospitalidad, se rasca su ano y se pone a desgranar ejemplos.



Retrato

Al-Farazdaq no es otra cosa que un zorro
maullando en las fauces de un fiero león.
La madre de al-Farazdaq parió a un libertino
y trajo al mundo a un espantajo paticorto.

Otra versión del texto, de Jaime Sánchez Ratia:

¿Era Al-Farazdaq algo más que una zorra
aullando entre las mandíbulas de un enorme león?
De cierto que su madre parió a un cretino,
trajo al mundo a un paticorto.

Y una tercera, de Vernet:

La madre de Farazdaq trajo al mundo a un libertino,
a un patizambo renqueante.





Bašsār ibn Burd (714-784)

Poeta iraquí de ascendencia persa, ciego de nacimiento, que pertenece a una larga tradición de escritores de esta condición.

Su padre fue ladrillero y tuvo dos hermanos carniceros. Se le considera el “padre de los poetas modernos”, así como el creador de la estrofa ruba‘i, cuarteta, tan característica de la literatura iraní —cuyo máximo exponente  fue el “fabricante de tiendas”, ‘Umar ibn al-Jayyām.

Panegirista de las dinastías Omeya y ‘Abbāsí. Se comenta que, a cambio de las sátiras de Abū-‘l-Šamaqmaq (m. 796) —apodado “el narizotas” o “el bocazas”—, poeta miserable, lo retribuía con doscientos dirhemes anuales.

Josefina Veglison en su artículo Los poetas ciegos y la ceguera en la poesía árabe: algunos casos destacados (Anaquel de Estudios Árabes, Universidad Complutense de Madrid, 2013, vol. 24, págs. 177-178) acrecienta los datos sobre el poeta:

Entre las numerosas noticias (ajbār) recogidas por al-Iṣfahānī sobre el poeta destaca el tono socarrón con que hablaba de su invidencia. Un criado le presentó un recibo de 10 dirhemes por la compra de un espejo y Baššār le gritó: —No hay en el mundo nada más sorprendente que un espejo para ciegos por 10 dirhemes. Por Dios, nadie pagaría por él ese precio ni aunque pudiese verse en él reflejado tras apagarse el sol y quedarse el mundo en tinieblas.

También bromeó a propósito de un sastre tuerto de nombre ‛Amrū:

‛Amrū me ha cosido una túnica, ojalá sus ojos fueran igual.
Acabo de componer unos versos que no se sabe si son sátira o loa.

Ḥammād Aŷrad, ṣāib al-šurṭa, jefe de policía de la ciudad de Kufa lo acusó de zandaqa, herejía maniquea —zoroastra—, y le dijo “eres más feo que un mono, si es que hay monos ciegos”. Vernet contradice la versión de su muerte parcialmente, arguyendo que murió por recitar este verso herético: “La tierra es oscura y el fuego brillante; por eso se adora al fuego desde que existe.” Creía en la transmigración de las almas. A su entierro concurrió sólo una esclava negra.

A partir del poema satírico XXV del libro Selections from the poetry of Baššār, editado por A. F. L. Beeston (Cambridge University Press, 1977, págs. 48-49), conformé la siguiente versión en español:

Esta pieza de propaganda anti-‘abbāsí se compuso en el año 145 después de la Hégira, en el auge de la revuelta de los partidarios šī‘íes de ‘Alī, encabezada por Muḥammad, conocido como al-Nafs al-Zakīya, “el alma pura”. Después del fracaso del levantamiento, se le ordenó al poeta reescribirla con el propósito de eliminar las alusiones a los traidores, sustituyendo por Abū Ŷa‘far, el califa al-Manṣūr y Salāma, su madre, los nombres Abū Muslim, gobernador de Jorasān —quien cayó en desgracia y fue condenado a muerte por el segundo califa ‘abbāsí en 137— y Wašīka; y suprimiendo la línea 15 con sus referencias fāimíes.

Abū Ŷa‘far, la duración de su vida no es imperecedera;
él, quien ahora está a salvo, pronto no lo estará más;
incluso sobre el poderoso rey la destrucción estallará
y lo aniquilará en el estrecho apuro de la muerte.
Parece que nunca oíste hablar del deceso
de un gran portador de la corona, o de la aniquilación de los persas.
Cosroes fue cercenado por las espadas de su propia gente,
y Abū-l-‘Abbās se convirtió en el sueño de un durmiente,
aun mientras no temía la vuelta de una conspiración contra él,
ni la venida de calamidades infortunadas,
fue constante en los placeres: hasta que se le aparecieron
los rostros de las Parcas en terror desvelado.
Los próximos días podrían venir con apariencia afable,
o con el ceño fruncido con demasiada dureza.
Sobre la cabeza de Marwān pasa la piedra de molino de la guerra
—y sus crímenes fueron insignificantes con los que tú has cometido—;
sin embargo, aún vas ciegamente por el camino de esos hombres
sin tomar precauciones contra venganzas como ésas.
Te consagraste al Islam para borrar su trayecto
y dejar su espalda desnuda a los feroces leones;
y no cesaste de hacerlo hasta que la Religión
apeló a sus seguidores en contra tuya,
y ellos pusieron su confianza en las hojas afiladas.
Procúrate mientras puedas, hijo de Salāma,
un refugio seguro para que sea tu salvación,
aunque no escaparás del oprimido cuando sea opresor.
¡Dios maldiga al pueblo que te hizo su jefe
cuando nunca dejaste de ser un esclavo de viles deseos!
Diré a uno que sonríe, adornado con magnificencia,
que se convirtió en un generoso amante de acciones nobles,
uno de los descendientes de Fāṭima, que suena el clarión
convocando a la Guía (¿y quién puede guiarte como el hijo de Fāṭima?)
“Eres una lámpara para la vista del buscador de la luz,
pero en otro tiempo fuiste la oscuridad de la muerte para el enemigo”.
Cuando el rumbo correcto llegue al punto de pedir abogado,
invoca la opinión de un amigo leal
o el consejo de un hombre prudente para ayudar,
y cree que no hay deshonra en buscar defensor:
[for the underpinions are a strength to the forepinions].
¿Cuál es el bien de una mano atada a su compañero
por la cadena, y cuál el de una espada sin la ayuda de la empuñadura?
¡Déja suavemente al débil y no seas haragán!:
para la prudencia no hay soñador.
¡Declara la guerra si no diste nada sino injusticia!:
la herida de la guerra es mejor que la sumisa aceptación del delito.
Admite en tu intimidad a un hombre que se acerque a ti,
pero no reveles tu consejo a un hombre que no pueda ocultarlo.
Nunca elimines cuidados por simples deseos,
ni alcances las alturas salvo por acciones nobles.
Si tú eres uno, la gente se alejará de ti tan pronto llegues;
si eres vulgar no conseguirás tus ambiciones.
Nadie puede destruir a la gente
como un hombre valiente y bien disciplinado;
nadie puede aclarar la ceguera como un hombre de entendimiento.

__________
Nota del antólogo: Me resulto imposible traducir el verso que encerré entre corchetes.

Muḥammad an-Nafs al-Zakīya (m. 762) era descendiente del Profeta, por parte de Fāṭima, conocido por su liderazgo. Encabezó la fallida rebelión contra al-Manṣūr en Medina.

Al-Manṣūr, hermano de Abū-l-‘Abbās, fue el segundo califa ‘abbāsí. Gobernó de 754 a 775. 

Abū Muslim (m. 755) fue el líder de un movimiento revolucionario en Jorasān. Su labor contribuyó a la desarticulación de la dinastía Omeya, derrocando a Marwān II. Su poder, así como la popularidad de la que gozaba como gobernador de la región, propiciaron que al-Manṣūr decretara su asesinato.

Cosroes II, nieto de Cosroes I, fue un emperador sasánida. Reinó de 590 a 628. Contemporáneo de Mahoma. La leyenda dice que rechazó a sus predicadores e insultó sus enseñanzas.

Abū-l-‘Abbās, conocido como as-Saffāḥ, fundador de la dinastía ‘Abbāsí (749-754).

Marwān II, último califa omeya (744-750).

Fāṭima az-Zahrā’ (m. 632), “la luminosa”, es la hija de Mahoma y esposa de ‘Alī, primo del profeta.



Buscando al califa
Sátira contra la vida disipada del califa ‘abbāsí al-Mahdī (775-785), por cuya orden murió azotado el poeta. Durante su mandato, ejerció de hecho el poder el primer ministro šī‘í, Ya‘qūb ibn Dāwūd.

Despertad, Omeyas, que el califa es Ya‘qūb ibn Dāwūd.
El verdadero califa nunca está.
Buscadle entre la flauta y el laúd a ver si está.





Abū l-Majšī (m. 796)


Nació en El Jau, Córdoba. Se le considera como el primer poeta andalusí reconocido en el Oriente. Sin embargo, García Gómez lo califica como “poetastro nada brillante” junto a otros autores. Panegirista de ‘Abd al-Ramān I y de su hijo Sulaymān. Pereció durante el reinado de Hišām I, quien se cuenta que mandó sacarle los ojos y la lengua —según la leyenda, ésta le creció de nuevo—, como consecuencia del siguiente verso: 

Ellos no son como aquel que, cuando se le pide un favor,
desvía la vista, con mirada atravesada.

“Era embustero, pendenciero y arrojado; no dejaron algunos de acusar sus agravios y apelaron contra él denunciando su maldad, pero él se reía de eso y continuaba con sus excesos”, a decir de ar-Rāzī.

Hanna Mohamed-Hammadi Mejdoubi (Obra citada, pág. 61) da un par de ejemplos de la rivalidad entre el poeta e Ibn Hubayra, quien lo atacó de este modo:

Ha sido tu prepucio cortado en El Jáu, el que te llevó a que me difamaras y me combatieras.

Respuesta:

Preguntaste, y tu madre tiene de mi circuncisión la certeza que te dispensa de tal pregunta.

Otra versión de Saeed Masfer al-Malki (Anaquel de Estudios Árabes, Universidad Complutense de Madrid, 2011, vol. 22, págs. 143-44):

Has preguntado y con tu madre hay una prueba de mi circuncisión
que hace innecesaria mi pregunta.





Abū Nuwās (m. 814)






Estatua de Abū Nuwās.





Llamado por Adonis “el Baudelaire de los árabes”, Abū Nuwās, cuyo sobrenombre se traduce como “el que lleva mechones colgantes sobre la frente” —en el decurso su nombre pasó a significar “homosexual”—, es uno de los más grandes autores y renovadores de esta tradición.

Su padre pertenecía a la tribu surárabe de los Banū Sa‘d —de ahí su aversión por los árabes del Norte— y su madre, Gullabān, era persa. Como tantos otros poetas perfeccionó su árabe entre los beduinos del desierto.







 Harun al-Raschid empfängt die Gesandtschaft Karls des Großen 786

(1864), Hārūn ar-Rašid recibe una delegación de Carlomagno en el año de 786, 


de Julius Köchert (1827-1918).

Maximilianeum Foundation, Múnich.





En las Mil y una noches figura como el bufón del califa Hārūn ar-Rašid —que tampoco quedó incólume a su crítica— y aparecen algunos de sus poemas.

Hay que recordar que, en tanto moderno, Abū Nuwās, interesado por temas como el vino, el placer, los efebos... atacó y se burló del esquema esterotipado de la casida tripartita, en especial del nasīb, que se abría con el llanto ante las ruinas del campamento abandonado por la amada.



Un desgraciado hizo alto para interrogar, lamentándose, a los vestigios
y yo hice un alto para preguntar por la taberna del lugar.
Él llora por las ruinas de los Banū Asad, que ya pasaron.
¡Mal hayas! Dime quiénes son los Banū Asad, Tamīm, Qays y sus compañeros.
Los beduinos no son nadie ante Dios.
Que no se sequen las lágrimas de quien llore por una piedra
ni halle serenidad el corazón de quien se inclina por una estaca.
¡Qué diferencia entre quien describe en la taberna las excelencias del vino
y aquél que llora por una zanja y una camella!
Deja esas cosas inexistentes y bebe vino añejo azafranado,
de ese que separa al cuerpo del espíritu,
escanciado por la mano de un joven de fino talle,
derecho como una rama de sauce que la fatiga no curva.
¿No ves que el rostro de la tierra brilla revestido con los tapices de Leo?
La primavera les ha tejido un brocado recubriéndolos de flores,
juntas o separadas, y en su sazón.

__________
Nota del antólogo: En Literatura árabe (IV, La poesía en la primera época ‘abbāsí, pág. 100), Juan Vernet escribe: “Su genealogía explica la antipatía que sentía hacia los árabes del norte en una época en que la voz árabe, que inicialmente significaba «beduino», «nómada», había pasado a tener la acepción de «salteador».”



[Sobre su encarcelamiento por orden de Hārūn ar-Rašid]

Di al califa para que pueda seguir viéndole en todo su poderío:
¿Quién será tu Abū Nuwās si encarcelas a Abū Nuwās?
Lo maltrataste y olvidaste
mientras él jamás olvidó su pacto contigo.
Distinto trato habría esperado
de haber sido tú un hombre ecuánime.



A la pregunta: ¿quieres peregrinar a la Meca?
respondí: “Sí, cuando se agoten los placeres en Bagdad”.
¿Si no salgo de casa de la alcahueta o el vinatero
cómo voy a peregrinar?



Vi a una cristiana de la que me enamoré
con el amor de ‘Urwa el ‘urī y del amante nahdī.
Ven a mí, le dije, pues sin cesar me evitaba.
—¿Con semejante rostro esperas de mí el amor?
—Si en el zoco se vendieran por dinero rostros,
ahora mismo lo cambiaría por otro,
a ver si así deseabas unirte a mí.
Feo soy, pero poeta.
—Ni aunque fueras el mismísimo Nābiga al-Ŷa‘dī.

__________
Nota del antólogo: Alusión a ‘Urwa ibn Ḥizām al-‘Urī (m. 656), que amaba a su prima ‘Afrà, a la que conoció de niño. Su matrimonio con otro hombre lo enloqueció.
Sobre al-Nābiga al-Ŷa‘dī, ver la información que recopilé: muerto cerca del año de 699.

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).



El credo de Abū Nuwās

Rezo con piedad cinco veces al día;
protesto dócilmente la unidad de Dios;
hago mis abluciones cuando debo
y no rechazo al menesteroso.
Una vez al año, guardo un mes de ayuno;
Me mantengo apartado de los falsos dioses.
También es cierto que no soy un mojigato
Y que acepto un vaso cuando se me ofrece.
Riego con vino puro la buena carne
de cabras y cabritos gordos y sabrosos,
con huevos, vinagre y verduras tiernas,
que es lo mejor contra la resaca.
Y cuando la caza se pone a mi alcance
me lanzo tras ella como un lobo hambriento.
Dejo sin embargo las llamas del infierno
para la herética camada de los šī‘íes
y que ardan en él eternamente.

(Traducción de Alfonso Bolado).



¡Qué mes, el Ramaḍān!
Ojalá estuviera lejos
para no estarte sufriendo.
Todo son loas para Ṣawwāl
y a ti te detestamos.
Te hemos aborrecido, miserable Ramaḍān,
Sin dudarlo te mataría si pudiera matar a un mes. 

__________
Nota del antólogo: Ramaḍān es el noveno mes del calendario musulmán —Ṣawwāl, el décimo—, en que los creyentes practican el ṣawm, ayuno diario desde el alba hasta que se pone el sol. Ibn al-Rūmī también se referirá a este mes de manera cínica en sus versos.

(Traducción de Jaume Ferrer Carmona y Anna Gil Bardají).





Abūl-l-‘Aṭāhiyya (748-825)

Nació en Kufa. Su oficio era la alfarería. Fue un poeta autodidacta de clase humilde. Escribió en metros cortos y sencillos que le permitieron gozar de popularidad. Cultivó, sobre todo, la poesía ascética.  

Juan Vernet habla de la concisión del autor (Obra citada, IV, La poesía en la primera época abbāsí, págs. 105-106):

Conocida es, al respecto, la anécdota del panegírico que Abūl-l-‘Aṭāhiyya dedicó al gobernador del Tabaristān, ‘Amr ibn al-‘Alà, en la que entró directamente y sin remilgos en materia, lo que le valió setenta mil dirhemes. Sus rivales se quejaron al gobernador y este les replicó: —Es extraño que seáis tan celosos unos de otros. Cuando me hacéis un panegírico dedicáis cincuenta versos a celebrar las gracias de vuestra amante y sólo después entráis en el verdadero objeto del poema. Abūl-l-‘Aṭāhiyya, en cambio, entra directamente en materia. ¿Por qué tenéis celos de él?



Así es nuestro mundo.
Cuando se acaban los goces te da la espalda
y hace contigo lo que con los otros hizo.

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).





Dīk al-Ŷinn (777-849)

‘Abd al-Salām ibn Ragbān nació en imṣ. Su sobrenombre significa “el gallo del diablo”. A diferencia de otros poetas de su época que se trasladaron a Bagdad en pos del favor de los monarcas, Dīk al-Ŷinn permaneció en su lugar de origen. Homicida de una esclava cristiana, su amada, a quien incineró antes de beberse las cenizas en una copa —según otra versión la asesinó junto a su amante y tomó los restos en sendas copas. Además de poemas eróticos y panegíricos, compuso epigramas.





Di‘bil al-Juzā‘ī (m. 860)

Antólogo y satírico modernista que perteneció al círculo literario de Hārūn al-Rašid, lo que no le impidió profesar la šī‘a y atacar a los gobernantes ‘abbāsíes. Escribió una obra, llamada Kitāb al-šu‘arā’, que ha llegado a nosotros incompleta, en la que defendía a su corriente estética.



Hombre

Procede de dos rocas áridas, estériles,
que tan sólo dan polvo.
No fue fornicación, ni casamiento,
ni obligación de madres y de padres.



Hombres

Cuando abro los ojos,
los abro sobre muchos...
¡Pero no veo a nadie!

(Traducción de Pedro Martínez Montávez).





Yayà Ibn Ḥakam, al-Gazāl (770-864)

Poeta de tendencia modernista cuya obra se conserva fragmentariamente. Apreciado por antólogos como al-Maqqarī e Ibn Diya de Calpe. Satirizó al músico y cantor bagdadí Ziryāb (m. 864), “Pájaro negro”, lo que causó su exilio temporal a Iraq donde, según Henri Pérès (Esplendor de al-Andalus, en traducción de Mercedes García-Arenal, pág. 447), ironizó sobre los poetas orientales: “No veo aquí, entre las gentes, más que zorros y lobos buscando gallinas; u hombres que parecen gatos, que al ver un ratón, se preparan a saltar.”

Fue comisionado a Bizancio como embajador de ‘Abd al-Ramān II. Murió a los 94 años.

Juan Valera traduce al Conde von Schack (Obra citada, II, Elevada cultura de los árabes españoles. Eflorescencia de la poesía entre ellos):

Desde el primer instante en que hubo en España una corte mahometana, el arte de la poesía arábiga se encontró allí como en su patria. En el palacio de ‘Abd al-Ramān, el primer omeya, se celebraban reuniones, en las que asistía Hišām, el príncipe heredero, y donde se entretenían los convidados recitando versos, refiriendo leyendas o sucesos históricos, y haciendo panegíricos de hombres distinguidos y de grandes acciones. Siguiendo el ejemplo que había dado en Oriente su antepasado Yazīd I, los omeyas tuvieron a sueldo poetas de corte, y aun hubo grandes señores, como Ibrāhīm, que vivió en Sevilla en 912, bajo el reinado de ‘Abd Allāh, y que alcanzó un poder y una riqueza casi regios, que se complacían en ser protectores muy liberales de los poetas. En tiempo de los primeros califas floreció y obtuvo grande estimación el poeta Ya, apellidado al-Gazāl (la gacela) a causa de su hermosura. Fue enviado como embajador a muchas cortes, y por donde quiera se ganaba la voluntad de las gentes con su finura, buen trato y discreta conversación. El emperador de Constantinopla mostró deseos de que se quedase en aquella capital, pero él se disculpó diciendo que como le estaba prohibido beber vino, no podía hacerle buena compañía. En otra ocasión, estando Yayà sentado cerca del emperador, entró la emperatriz, que era en extremo hermosa. El poeta no podía apartar de ella los ojos, y se mostró tan distraído en la conversación, que el emperador, ofendido, le preguntó la causa por medio del intérprete. Yayà contestó que la hermosura de la emperatriz le había hecho una impresión tan invencible, que le había quitado el discurso, y que no podía proseguir la plática. Después se explayó en una maravillosa pintura de los encantos de la augusta señora. Cuando el intérprete tradujo todo aquello, creció de punto el favor de Yayà cerca del emperador, y la misma emperatriz quedó complacida de tan finas lisonjas. En otra misión cerca del rey de los normandos, alcanzó el poeta mucho favor con la reina Theuda por unos versos que improvisó, elogiándola de hermosa. Más tarde, desterrado de la corte de ‘Abd al-Ramān II por haber escrito cierta sátira, Yayà se fue a Bagdad, adonde llegó poco después de la muerte del grande Abū Nuwās, tan celebrado en Oriente, que se creía que ningún otro poeta ni muy remotamente podía compararse con él. Encontrándose Yayà en una tertulia de literatos, oyó hablar a casi todos los que allí estaban con gran desprecio de los poetas españoles. La conversación recayó luego sobre Abū Nuwās, que había muerto hacía poco. Yayà nada había contestado antes a las críticas contra los poetas españoles, pero entonces empezó a recitar una poesía, dándola como obra de Abū Nuwās. La poesía fue aplaudida extraordinariamente. Cuando el entusiasmo del auditorio llegó al más alto grado, Yayà exclamó: —Moderad vuestra admiración; los versos son míos. Y como nadie, al principio, quisiese creer su aserto, Yayà recitó aquella qaṣīda suya que empieza con estas palabras:

Mis pecados saqué de la bebida              
y vergüenza y virtud allí se ahogaron...



El vālī

Me dijo el ī pidiéndome consejo
acerca de un hombre aparentemente justo
al que había nombrado vālī:
“¿Qué crees tú que hará?”
Y le contesté:
“¿Qué hacen los abejorros con las abejas?
Picotean sus colmenas, se comen la miel
¡y luego dejan el resto para las moscas!”.

__________
Nota del antólogo: El vālī era un cargo equivalente al de gobernador. Mientras que el qāḍī o cadí era un gobernante juez de los territorios musulmanes. Su función consistía en la repartición de resoluciones judiciales de acuerdo con la Šarī‘a, ley religiosa islámica.



Cualquier hombre, salvo el hombre de palabra,
se asombra de las faltas de los demás.
El único capaz de ver a alguien sin tacha
es aquél que actúa, además de hablar.





Gracias al Kitāb al-fihrist, Índice, de Ibn an-Nadīm (m. 987), me enteré de que Abū ‘Alī al-Baṣīr (primera mitad del s. IX), filólogo, poeta y epistológrafo intercambió sátiras y cartas con el también poeta ciego, Abū al-‘Aynā’ Muḥammad ibn al-Qāsim ibn Jillād. Éste, a su vez, lo hizo con Abū Hiffān (m. circa 871).





Mu’min ibn Sa‘īd (m. 880)

Poeta de la corte de Córdoba e imitador del neoclasicismo de Abū Tammām. Según información del historiador Ibn Hayyān, contendió satíricamente contra 18 poetas, venciéndolos a todos, lo que le granjeó el apodo de “el Di‘bil de al-Andalus”. En sus versos exhibió al poderoso visir ‘Abd Allāh ibn ‘Abd al-‘Azīz. Esto le ganó la cárcel, donde murió.

Muqqadam ibn Mu‘afà al-Qabrī el Vidente (m. 912) testimonia que “alguien le preguntó por qué no componía sátiras contra Mu’min ibn Sa‘īd”, a lo que respondió: “Yo no escribo sátiras contra un hombre tal que, si se decidiera a satirizar a las estrellas, nadie podría luego guiarse con ellas”.

Otro de sus blancos preferidos fue el juez supremo de la ciudad, ‘Amr ibn ‘Abd Allāh cuyo apodo era “la Cogujada” por su complexión pequeña, y quien pese a su integridad tenía un hijo, de nombre Abū ‘Amr, que aprovechó su cargo para robar el dinero del juzgado:

¡Por vida mía! Abū ‘Amr ha deshonrado a ‘Amr.
¿Y un hombre como Abū ‘Amr puede deshonrar a su padre?
Era ‘Amr un hombre con cuya luz se alumbraban las gentes,
pero surgió Abū ‘Amr eclipsando a la luna llena.
No se le conocía al corcel ‘Amr más tacha que esa:
¿acaso los buenos caballos están libres de tropezar?

__________
Nota del antólogo: Encontré en la red un artículo interesante sobre el poeta, del cual extraje buena parte del material. Sin embargo, no localicé ningún dato sobre el autor para darle el respectivo crédito. Dicho texto figura en la sección de Hemeroteca de la página Musulmanes andaluces: http://www.musulmanesandaluces.org/.

Durante la investigación, sin embargo, di con el nombre de un artículo de Elías Terés intitulado “Mu’min b. Sa‘īd”, publicado en 1960, en la revista Al-Andalus, XXV, 455-467, y del cual conjeturo que procede la información, ya que infortunadamente no pude leerlo directamente.
                             




Ibn al-Rūmī (835-896)

Abū-l-asan ‘Alī ibn al-‘Abbās nació y murió en Bagdad. Poeta modernista de madre persa y padre bizantino —no confundir con el místico Ŷalāl al-Dīn Rūmī. Profesó la šī‘ā con vehemencia. Su sobrenombre significa “el bizantino” —y por extensión, “el griego”. Debido a su origen se cuenta que un hombre le preguntó: —¿Cómo te has hecho de tal reputación poética sin ser árabe?, antes de difamarlo; a lo que Ibn al-Rūmī respondió: —El impostor eres tú ya que, disponiendo de una genealogía árabe, careces de talento para la poesía.

Tuvo una vida familiar trágica: perdió a sus tres hijos y a su mujer —la elegía compuesta en recuerdo del segundo se considera como la “más fina” de la poesía árabe. Se le tildó de afeminado, a lo que respondió con feroces sátiras sexuales en las que exaltaba su hombría.

Antagonista de los ‘abbāsíes. Se enemistó con el poeta y antólogo al-Buturī durante la querella entre modernos y antiguos. Fue admirado por al-Mutanabbī y por el médico y erudito Ibn Sīnā, Avicena, traductor de la Poética de Aristóteles. Murió envenenado.



Desmesura

Cuando un hombre loa a otro por dinero;
al insistir le desacredita.
No habría alargado la cuerda del cubo
de no haber juzgado lejana el agua del pozo.



Sin ser inmortal ni eterno
hasta consigo mismo es tacaño ‘Isà.
De puro tacaño, si pudiera, por un solo orificio respiraría.



La pluma y la espada

Si la pluma está al servicio de la espada
ante quien se inclinan los cuellos
y cuyo temor somete a las naciones,
la muerte, y nadie doblega a la muerte,
siempre sigue el curso de la pluma.
Así Dios decretó, desde que se afilaron las espadas,
que fuesen criadas de la pluma desde que la pluma fue afilada.

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).



[Contra al-Mubarrad]

Al-Mubarrad deseó que Dios le diera un ano a cambio de cada parte de su cuerpo.
El Dios de la gente concedió su deseo, mas no le permitió tener ojos ni orejas:
así pudo saciar sus censurables deseos con cada pene rígido, sobre el glande del que se ve bulto.
De hecho, si dispusiera del doble de sus miembros, y pudiera cambiarlos por muchos anos,
no saciaría ni un solo deseo de esta forma. ¿Cuán insufrible es esta sed ardiente que no se apaga,
a menos que su cuerpo entero se constituyera de ano y vagina?

__________                                                                       
Al-Mubarrad (826-898), cuyo nombre completo era Abū Al-‘Abbās Muammad ibn Yazīd, fue un destacado filólogo árabe, líder de los gramáticos de Basra, en oposición a la Escuela de Kufa. Su obra lingüística más destacada es Al-Kāmil.



[Sátira contra la ciudad de Sāmarrā’ y sus costumbres]

Alabado sea el que devino en ornamentación de Sāmarrā’ y sus habitantes.
Vale menos que el oro con el cual la vieja tapa los huecos en sus dientes:
una ciudad llena de gente, donde el perro, como puede ver, desprecia los modales de la gente.






Busto de al-Buturī.



[Contra al-Buturī]

Cuando sacrificadas, las ovejas no temen a la pena de muerte ritual, ni ser despellejadas;
o articuladas, sobre sus espaldas en la plancha del carnicero, ser asadas o cocinadas,
tienen miedo de un atributo que enciende el fuego en sus entrañas:
¡Se avergüenzan de que tu poesía, macho cabrío, se escribirá sobre su pellejo!

__________
Al-Buturī (m. 897), poeta neoclásico, discípulo de Abū Tammām. Es célebre por su antología amāsa o Bravura, del mismo nombre de aquella conformada por su maestro. Era temido por sus sátiras.



[Sátira contra la Humanidad]


—Me preguntaron: —¿Por qué criticas a todas las personas
y te burlas de ellas con amenazadora invectiva?
—Respondí: —Supongan que mentí acerca de ellas;
¡permítanles presentarme a alguien que amerite elogio!

(Versiones mías, a partir de la traducción en inglés de Ali A. El-Huni).





Juan Vernet diserta sobre la influencia de las formas poéticas persas en las árabes (Obra citada, Introducción, pág. 34):

[...] los mawāliyya que estuvieron en boga en la Bagdad del siglo IX y que inicialmente constaban de cuatro hemistiquios en metro basīṭ destinados a glosar un tema erótico, esbozar un panegírico o una sátira. Por ejemplo:

El mal abunda en el mundo
Pero en su mayoría procede de las mujeres.
¡Por Dios! No te entregues a una hembra

Aunque diga: «¡He bajado del cielo!»





Ibn al-Mu‘tazz (861-908)

Príncipe ‘abbāsí que reinó un día solamente, antes de ser estrangulado por sus enemigos. Se trata del último de los modernistas destacados y el primero de los estudiosos de la poética y retóricas árabes, gracias a su obra Kitāb al-badī’.

Cuando me enteré de su historia, improvisé un epigrama:

El príncipe poeta ‘abbāsí, Ibn al-Mu‘tazz,
habría preferido disfrutar de una vida
entera como poeta, a ser califa por un día.

Ibn al-Mu‘tazz escribió también las Ṭabaqāt šū‘arā’ al-muḥdain, donde realiza una recopilación de los poetas que escribieron desde la fundación del califato ‘abbāsí hasta su época, prestando particular atención a las anécdotas humorísticas de autores consagrados —Abū Tammām, por ejemplo—, o bien a las biografías de los muŷŷān, poetas libertinos, y otros personajes marginales como locos, bufones, matones y mendigos.



Sólo los envidiosos me denigran
y ésta es una de las mejores deshonras
pues envidiosos y éxito van a la par.
Si el uno se va, se van los otros.
Si posees la gloria, pierdes el apoyo de los parientes
y si nadie te envidia, nadie te solicita.

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).





‘Alī ibn Aḥmad (m. 911)

‘Alī ibn Muḥammad ibn Manūr ibn Bassām, de nombre completo.

El Conde de Noroña traduce un epigrama, precediéndolo de la siguiente información (Obra citada, pág. 120):

‘Alī ibn Aḥmad se distinguió tanto en prosa como en verso, y es autor de una obra histórica de gran reputación, que aún existe. Pero principalmente sobresalió en la sátira, y gustaba tanto de hacer uso de este peligroso talento, que ninguno se escapaba de sus tiros. Murió en Bagdad el año de la Hégira 3o2 [911 de la era cristiana].

El sujeto a quien se dirige este epigrama es Qāsim ‘Ubayd Allāh, que fue sucesivamente visir de Mu‘taḍid y de al-Muktafī su hijo, XVI y XVII califas de la casa de ‘Abbās; el último de los cuales debió su exaltación al trono a la actividad de ‘Ubayd Allāh.

Este visir murió A. H. 294 [903], habiendo tenido a su cargo la dirección principal de los negocios de Bagdad cerca de quince años.

El empleo de visir parecía ser hereditario en la familia de ‘Ubayd Allāh; su hijo Ḥusayn llenó aquel puesto bajo al-Muqtādir, sucesor de al-Muktafī, y su hijo Muḥammad bajo al-Qahīr, que sucedió a al- Muqtādir. Con ellos acabó la autoridad de gran visir; después de la muerte de al-Qahīr el califa ar-Radī creó un nuevo empleo, al que dio el título de āmir al-umarā’, esto es, comandante de los comandantes, al que revistió con todo el poder sustancial del estado.

No es fácil decir cuál de los dos hijos mencionados es el indicado en estos versos de Ibn Aḥmad; si hemos de juzgar por sus caracteres, el sarcasmo se puede aplicar a ambos con toda propiedad; porque Ḥusayn fue condenado a sufrir un castigo por su impiedad en el reinado de ar-Radī, y Muḥammad era el ministro favorito de al-Qahīr que parece haber sido el mayor monstruo que jamás ha tenido el califato.

Al visir Abū-l-Qāsim, a la muerte de un hijo suyo

Perdiste un hijo de virtud colmado,
otro lleno de vicios te ha quedado:
Te hace doble infeliz la adversa suerte
con esta vida, con aquella muerte.





Abū Bakr al-Ṣanawbarī (m. 945)

Poeta de tendencia modernista que vivió en la corte del emir Sayf al-Dawla de Alepo. Se enfocó en la naturaleza. Creador de la nawriyyāt, poesía floral.



Diálogo

Pretendía la rosa
ser la flor más hermosa y fragante de todas,
pero los ojos del narciso tierno
le respondieron,
con bajeza y ruindad:
¿es más bello tal vez el rosicler
que la pupila, de párpados enfermos,
cual de gacela?
¿Y de qué le valdría su encendido a la rosa
si carece de ojos?
Mas la rosa, brillante y orgullosa,
le respondió elocuente,
con acertado ejemplo:
Por supuesto, la rosa de las mejillas
es bastante más bella que unos ojos
en los que amarillea la ictericia.

(Traducción de Pedro Martínez Montávez).





Abū-l-ayyib, al-Mutanabbī (915-965)

Acusado de profeta a pesar de que siempre dijiste que sólo podías cantar lo presente.
Recibiste los dones de Hamdanid Sayf al-Daula y más tarde
recorriste a pie y con los ojos cubiertos de arena el camino de Egipto.
Fueron pequeños los grandes deseos en la época de tu grandeza
y grandes los deseos pequeños en el último tramo de tu desolación.
Quedó enterrado tu corazón joven en el camino de Shiraz.
Para encomiar tus cantos aúlla en la noche el chacal de los deseos pequeños.
Sumergido tu corazón joven en el río de las sombras.






Retrato de al-Mutanabbī.





Con este texto, intitulado Poemas para el diván de Al-Mutanabbī, el escritor mexicano Hugo Gutiérrez Vega rinde homenaje al “mayor poeta de los árabes”, como lo llamó el arabista español Emilio García Gómez —por cierto, en Bazar de asombros (Editorial Aldus, 2000, págs. 617-620), aquél recuerda una conferencia de éste durante un homenaje en Fez, Marruecos, dedicado  al “que se las da(ba) de profeta”, significado del apodo con que pasó a la posteridad Abū-l-ayyib ‘Aḥmad ibn al-usayn.






Dīwān, poemario, de al-Mutanabbī.





En la página 24 de sus Cinco poetas musulmanes, García Gómez relata la relación del poeta con Kāfūr, que asimismo me servirá como introducción a las sátiras que seleccioné:

La fuerza de las circunstancias obliga al poeta a dirigirse a la capital ijšīdí, Fusṭāṭ (El Cairo Viejo), en Egipto. El monarca —el afeminado e inútil Abūl Qāsim Ungur— había abandonado el gobierno en manos del regente, un esclavo negro, eunuco, nacido en Nubia, a quien por burla impusieron en su mala época el nombre de Kāfūr (“Alcanfor”) y que se había elevado, mitad por azar, mitad por sus brillantes prendas personales. ¡Qué humillación para Mutanabbī, tan orgulloso de su ascendencia árabe, la de cantar a un eunuco negro, después de haber loado a Sayf al-Dawla! La promesa de un gobierno —tal vez el de Ṣaydā (Sidón)— le dicta panegíricos forzados, en los que ni siquiera se refleja la naturaleza egipcia ni los maravillosos panoramas del Nilo y las Pirámides, que parece hubieran debido impresionarle. Pero el prometido gobierno no llegaba nunca, y Fātik, otro esclavo liberto, convertido en riquísimo emir, muere cuando Mutanabbī piensa pasarse a su servicio. Otra vez ha de huir, lanzando contra Kāfūr los más enconados epigramas.



Contra Kāfūr

Jamás habría pensado llegar a vivir en una época
en que un perro alabado me maltrataría.
Jamás habría imaginado que la gente llegara a perderse
cuando uno como Abū-l-Bayḍā’ aquí se halla;
ni que cobardes barbilampiños
obedecieran a un negro de hocico perforado
que, hambriento , come de mis vituallas y me retiene
para que de él pueda decirse que es hombre de inmenso poder.

__________
“Alusión satírica a Kāfūr, que era negro. La kunya, nombre formado por la fórmula ‘padre de’ o “madre de’ más el nombre de pila del primer hijo varón, Abū-l-Bayḍā’ significa ‘padre de la blanca’”.



Me asombra ver tus pies con sandalias
porque yo te he visto descalzo con sandalias.
Eres tan ignorante que ni tú mismo sabes si eres negro
o blanco te has vuelto.
La correa de tu talón me recuerda la hendidura que allí ostentabas
cuando, desnudo, andabas vestido de la pez de petróleo.
Si no fuera por la indiscreción de la gente
no te habrías enterado de contento con lo que yo recitaba,
aunque plagado de sátira andaba.
Si nada bueno concediste,
yo, al menos, me recreé mirando tus hocicos,
que parece que de un país lejano te hubieran traído
para hacer reír a las plañideras en duelo.

__________
“Ironiza sobre el hecho de que, al tener los negros las plantas y bordes de los pies más claros que el resto del cuerpo, cuando están descalzos parece como si llevasen sandalias blancas.”

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).



Más estúpido que un esclavo y su mujer es el hombre libre
que soporta a un esclavo, Kāfūr, que le gobierne.
Las necesidades de Kāfūr son sólo animales: comer y amar.
Ni cumple hoy sus promesas ni se acuerda de lo que ayer prometió.
No esperes favores de un hombre por cuya cabeza pasó la mano del negrero.   

(Traducción de Juan Vernet).



Kāfūr

¡Que cada mujer de andares arrastrados
sea rescate de acémilas ligeras de paso!
y de todos los camellos bujāwīes remolones:
la elegancia en el paso ni me va ni me viene.
Pues todos son cuerdas de salvación,
treta para el enemigo, repelente del daño.
Con uno de ellos he aporreado el desierto
como lo haría un jugador de flechas, a lo que salga.
Cuando se espantaba, se le adelantaban los pura sangre,
las blancas espadas y las morenas lanzas.
Así pasó por Najl y, ausente del mundo,
su cabalgadura dispensó de abrevar allí.
Anocheció y en al-Niqāb nos dio a elegir
entre Wādī al-Miyāh y Wādī al-Qurā’.
Les dijimos: «¿Dónde está la tierra de ‘Irāq?»,
y respondió, estando en Turbanā: «¡Aquí al lado!».
En Hišma apretó el paso como el soplo de poniente,
dando todos la cara al viento de levante,
apuntando a al-Kifaf y a Kibd al-Wihād,
y a Jar al-Buwayrā y Wādī al-Gadā.
Atravesó Busaytā de partea parte, como una espada
entre los avestruces y las vacas salvajes,
hasta Uqdat al-Yawf, en donde mitigaron algo su sed.
Al alba, Sāwār apareció ante ellas,
y a la aurora lo hizo al-Shāgūr.
Su carrera les llevó al caer la noche hasta al-Jumay’a,
y la mañana a al-Adarī’ y luego a Danā.
¡Qué noche pasamos en Akush! Ennegrecía la tierra
y borraba las marcas del camino.
En medio de ella bajamos a Ruhaimā:
con más noche por delante que por detrás.
Cuando hicimos alto, hincamos nuestras picas
sobre nuestros altos cometidos y la grandeza,
y pasamos la noche besando nuestras espadas,
y borrando la sangre de nuestros enemigos de ellas,
para que supiera Egipto, y quien haya en ‘Irāq y Awāšim
que yo soy el más heroico paladín,
que cumplí con lo que había dicho y rechacé,
siendo displicente con el despectivo.
Pues no todo el que habla luego cumple,
y no todo el abocado a la ignominia dice no.
Porque el corazón no tiene más remedio
que disponer de su propio medio,
un raciocinio que hienda la más sólida roca.
Y quien tenga un corazón como el mío, que tire derecho
por el corazón de la muerte hasta la misma gloria.
Por todo camino por el que ande el héroe
su zancada será acorde al tamaño de su pie.
El lacayete dormía, indiferente a nuestra noche,
pero antes también dormía, de ceguera y no de sueño,
y, a pesar de la proximidad, los baldíos de su ceguera
y de su ignorancia se abrían entrambos.
Tenía por cierto, antes de conocer a este eunuco,
que las cabezas eran asiento de inteligencia,
si bien al contemplar su entendimiento
comprendí que la inteligencia está toda en los cojones.
¡Cuántas cosas hay que dan risa en Egipto!
Pero esta es una risa como el llanto.
Hay allí un nabateo salido de la gente de Sāwād
que enseña genealogía a la gente del desierto,
un negro —la mitad de él belfo— al que dicen:
«¡Eres la luna llena de la noche oscura!».
¡En cuántos versos hice alabanza de este rinoceronte,
poemas a medio camino entre la poesía y el conjuro!
Pero no eran alabanzas, sino más bien
escarnio del género humano.

Gentes hay que han desvariado por sus ídolos,
pero por un pellejo de vino, pues, la verdad, no.
Aquellos son silenciosos, pero este habla,
si lo sacudes bien, suelta cuescos o farfulla.
Cuando el alma de alguien ignora su valía,
otro se encarga de ver por él lo que no ve.

(Traducción de Jaime Sánchez Ratia).



Este poema es, a la poesía, un ángel que pasa,
un sol con el mundo por firmamento.
El Clemente juzgó ecuánimemente entre nosotros dos:
Para mí la palabra, para ti la gloria.
Si llegara este poema a oídos del envidioso, de envidia sucumbiría.

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).

Vernet concluye:

Inseguro en Egipto, al-Mutanabbī huyó a Iraq, de allí pasó a Persia y a su regreso a Bagdad fue atacado por una partida de beduinos que le venció y dio muerte en venganza por la sátira que había dirigido a uno de los suyos y a la cual pertenecen este par de versos:
                                                                
No tienes honor: tu madre fue una prostituta.
Pero al perro no le molesta que su madre sea una perra.





Ibn Lankak (m. circa 970)

Su nombre completo era Abū-l-Ḥasan Muḥammad al-Barī. “El hijo del cojo”, significado de su apodo, nació en Basora y vivió en Bagdad. Escribió epigramas contra el tiempo y el sino.



Los hombres

Bien que en casa
metidito te quedas, me decían.
Y yo les respondía:
porque el salir no tiene ninguna utilidad
¿qué encontraré entre ellos,
si les miro,
sino monos montados sobre albardas?

(Traducción de Pedro Martínez Montávez).





Ibn Hāni’ al-Andalusī (m. 973)

Nació en Sevilla, aunque era originario de al-Mahdiyya, Túnez. Abandonó al-Andalus debido a sus conductas depravadas. Poeta político de corte neoclásico que sirvió al califa fāṭimí al-Mu‘izz. Profesó la šī‘a, y por tanto fue un acérrimo detractor de los Omeyas andalusíes.

En uno de los seis panegíricos dedicados a Abū-l-Faraŷ Muḥammad ibn ‘Umar al-Šaybānī, capitán fāṭimí encargado de la policía y la recaudación de impuestos, según explica Josefina Veglison Elías de Molins —previamente a su traducción—, Ibn Hāni’ escribió:

[...]

En él he hallado a un letrado poeta,
elocuente en todos los metros,
temido por sus sátiras.

[...]



Si los Omeyas me hubieran apresado en sus redes
se hubiera perdido un poeta que, cual prominente giba,
entre poetas sobresale.
Cuando sus espadas y lanzas trenzaron en una cuerda
bloqueándome el camino,
la atravesé y atrás los dejé,
como si la muerte fuera tan habitual como el lecho a mi costado.
Únicamente me reprochaban mi arraigo šī‘ísmo,
pero al león siempre le salva su insistente embite.

Vernet rescata otro fragmento de la casida dedicada a loar la conquista de Egipto (Obra citada, IV, La poesía en la primera época ‘abbāsí, pág. 113):

El día de hoy, hijos de ‘Abbās, ya no os pertenece.
Habéis perdido Egipto y muchas otras ciudades.
No habléis de vuestro poder en épocas pasadas.
Estamos en otros tiempos. ¡Ea! ¡Sed espigas maduras para la siega
o vasallos de un rey que tiene en sus manos la muerte y la vida!
Someteos a un copero cuyos pozos nunca agotaréis
del mismo modo que tampoco se agotan las perlas.





Ḥafa bint Ḥamdūn al-Ḥiŷāriyya (s. X)

Ḥafa bint Ḥamdūn bint Ḥaywa al-Ḥiŷāriyya fue una poetisa oriunda de Guadalajara.



¡Oh señor, mis esclavos me tienen sobre ascuas!
No hay entre ellos ni uno bueno;
son ignorantes, necios, enojosos,
o tan listos, que en su astucia, no responden.

(Traducción de Mahmūd obḥ).



Dios mío, estoy sobre ascuas debido a mis esclavos,
No hay entre ellos ni uno bueno,
Son ignorantes, necios y enojosos,
O tan sagaces que, en su astucia, no responden.



Tengo un amante a quien no gusta hacer reproches
Y, cuando lo dejé, de orgullo se llenó y me dijo:
¿Has visto a alguien semejante a mí?
Y yo también le he preguntado:
¿y has encontrado tú quien me haga sombra?

(Traducción de Teresa Garulo).





Ibn al-aŷŷāŷ (m. 1001) fue un poeta bagdadí transgresor, autor más destacado del género muŷūn que comprendía composiciones sucias, obscenas y lascivas, llenas de malicia, las cuales evidentemente alcanzaron gran popularidad. Su impronta marcó a escritores andalusíes posteriores como Muḥammad ibn Mas‘ūd e Ibn Quzmān.





‘A’iša al-Qurṭubiyya (m. 1009)
                                                                                                           
‘A’iša bint Amad bint Muammad bint Qādim al-Qurṭubiyya. Hermana del poeta y prosista Muammad ibn Amad ibn Muammad ibn Qādim ibn Ziyād (m. 990). Noble y poetisa cordobesa que nunca se casó, contrariando así la costumbre musulmana. Poseedora de gran fortuna y notable influencia. De los escasos datos que se han conservado, se sabe que se dedicó a la ciencia, coleccionaba libros, lo que la llevó a poseer una nutrida biblioteca, y que copiaba ejemplares del Corán con excelente caligrafía. Murió doncella.



[Respuesta satírica a un poeta que le pidió matrimonio]

Una leona soy
y nunca me agradaron los cubiles ajenos,
y si tuviera que escoger alguno
nunca contestaría a un perro, yo
que tantas veces los oídos cerré a los leones.

(Traducción de Teresa Garulo).

El mismo poema traducido por María Jesús Rubiera Mata:

Leona soy, pero no me agradaron jamás
los cubiles de los otros;
pero si hubiese de elegir alguno,
no escucharía a un perro,
cuando he hecho oídos sordos a los leones.





Muḥammad ibn Mas‘ūd (s. XI)

Emilio García Gómez y Fernando de la Granja tradujeron en 1972 bajo el título de “Muḥammad Ben Mas‘ūd, poeta herbolario de comienzos del s. XI, vago predecesor de Ben Quzmān”, el artículo que Ibn Bassām le dedica.



Ni sus escritos ni sus versos tienen salida;
no hay criatura de Dios que le haga caso:
hieden sus versos peor que un cabrón
y es en casa como la ave que en su nido caga.

¡Si lo viese cuando va al zoco,
con una especie de vestido de grulla,
remangando, por no enlodarse, hasta la rodilla,
y dando vueltas al bastón entre las manos!

Comienza a regatear y a dárselas de pobre,
empequeñeciéndose a ojos del pescadero;
que alguna vez le da algo y mil lo despacha:
para una vez que anda, diez se cae.

(Traducción de Emilio García Gómez y Fernando de la Granja).







Ṣaffiya bint ‘Abd Allāh ar-Rayyī (m. 1027)

Murió antes de los treinta años. Por su nombre se deduce que era de Málaga, pero se desconoce dónde vivió. Las fuentes que informan sobre ella halagan su bella letra, la cual defiende con este poema:



[A una mujer que criticó su caligrafía]

Una mujer le ha puesto faltas a mi letra.
¡Abstente de hacer críticas!, le he dicho,
te mostraré las perlas del collar de mis líneas.
Le he pedido a mi mano
supere con la letra, me he acercado
los cálamos, las hojas y el tintero,
y mi mano ha trazado los tres versos
que por mostrarle mi escritura había compuesto.
Luego he exclamado: ¡Mira!

(Traducción de Manuel Francisco Reina).

María Jesús Rubiera Mata:

Ella ha puesto faltas a mi caligrafía
y le he dicho: ¡Basta!,
te mostraré las perlas del collar de mis líneas;
le he pedido a mi mano
que escriba las mejores letras,
he buscado mis cálamos,
mis hojas y mi tintero;
he escrito estos tres versos
que he compuesto para mostrarle mi escritura
y he dicho: ¡Mira!





Ibn Šuhayd (992-1035)

Abū ‘Āmir Ibn Šuhayd provenía de una familia de noble origen árabe. Poeta y crítico literario partidario del neoclasicismo. Fue visir de los Omeyas. Su predilección por la poesía amorosa, y en particular del género muŷūn, así como su vida disoluta, le granjearon fama de libertino. Su obra maestra es la “Epístola de los genios”, Risālat al-tawābi ‘wa-l-zawābi‘, en donde además de ensayar sus teorías literarias, repara en diversos autores, a partir de un viaje al país de los genios inspiradores de los poetas y prosistas, y que, junto a la contemporánea Risālat al-gufrān Epístola del perdón de Abū-l-‘Alā’ al-Ma‘arrī, anteceden a la Commedia de Dante Alighieri.

Atacó por medio de la sátira a Ibn al-annāṭ (m. 1045). Murió de hemiplegia, dejando constancia de su agonía en versos conmovedores. García Gómez nos informa contundente: “Fue enterrado en Jayr, un parque de Córdoba, donde se pudrió bajo las flores.”

Se cuenta que no oía bien, por lo que creía que lo criticaban siempre. Así pues, se hacía de enemigos con sus ataques:

Veo unos ojos que me miran,
como si de ellos surgieran víboras abigarradas
que me atacan por ambos lados.
Doy vueltas y no veo más que un atacante:
voy caminando y no encuentro a un hombre
que quiera vivir en paz conmigo.

Otra anécdota narra que al llegar a Córdoba, el visir de la taifa de Almería reunió a los poetas, pidiendo que buscaran a Ibn Šuhayd. Cuando lo trajeron se percató de que privaban las caras largas. El visir recitó unos versos esperando que recibieran respuesta. Ibn Šuhayd intuyó que se dirigían a él, e improvisó a partir los versos del visir:

Ojos legañosos y lengua estropajosa:
con estos dos defectos provoca el amor
hasta de los que nunca se enamoraron.
¿Quién me iba a decir que un tartajoso,
con su conversación, me habría de meter
en las entrañas un ascua ardiente?
Cuando habla su lengua  tropieza en las palabras,
como si él mismo hubiera bebido el vino de sus miradas.
No podría levantar las palabras en sus caídas
aunque estuviesen escritas en excelente pergamino.

__________
Nota del antólogo: Como sucedió con la sección dedicada a Mu’min ibn Sa‘īd (m. 880), no pude dar con el traductor de estos dos poemas. Sin embargo, conjeturo —como lo hizo el poeta— que se trata de James Dickie y su Dīwān de Ibn Šuhayd al-andalusī (Córdoba, 1975).

La página de donde tomé los textos es el Foro de Historia Histoconocer:   http://histoconocer.mforos.com/1666001/8364165-poesias-de-ibn-suhayd/



La fitna

Mi entendimiento me hace constantemente padecer
pues en la aldea de la ignorancia
el hombre más desgraciado es quien sabe.
Y la injusticia más dolorosa al corazón, al hombre de ingenio,
es que un muchacho árabe sea menospreciado por no árabes.
Según pretendéis, prescindís de la humanidad,
pero eso son necias pretensiones.
¿Acaso el halcón la emprende contra los pájaros en plena mañana
cuando carecen sus alas de las más elementales plumas?

__________
Nota del antólogo: Nuevamente el concepto de fitna aparece. En esta ocasión remite a la guerra que asoló a Cordoba y que supuso la caída definitiva del Califato.



[Sobre una pulga]

¡Cuántas veces ahuyentas el sueño del que duerme
esa que tiene por morada los pliegues de la ropa!
En su viaje nocturno, su carrera
atraviesa los velos que protegen,
con bienestar, a todos los humanos,
y muerde las caderas de las bellas;
no tiene manos, mas su boca
es la más aguzada de las lanzas.
Obra a su antojo con los cuerpos suaves,
juega, atrevida, bajo las miradas de las jóvenes;
si quieres mantenerla lejos, vuelve,
—ningún deseo la desvía
de lo que tiene por costumbre—,
y ves sus picaduras alheñadas
con sangre de los corazones
que nunca sustituye con la alheña.
Paladín que se cubre con la noche
tenebrosa y acude a desafíos
sin ocultarse tras otro vestido,
produce un daño enorme y vale menos
y es más despreciable que las moscas.

(Traducción de James Dickie).



Cuántas veces he olfateado en su convento
el vino de la juventud que se mezclaba con el de la uva
en medio de contertulios que habían tomado la alegría por enseña
fingiéndose humildes ante su Jefa.
El sacerdote hacía lo que quería durante nuestra estancia,
rezaba sus salmos con un crucifijo alrededor de nosotros,
nos ofrecía con el vino un joven pálido
como el jišf (gacelita) que hace sonrojar a su guardián.
Los esnobs le maldecían, pero bebían
su vino añejo y comían su cerdo.

(Traducción de Juan Vernet).





Ibn al-Abbār (m. 1041)

Abū Ŷa‘far Aḥmad Ibn al-Abbār fue un poeta de la corte de Sevilla.


Lleno de miedo y de aprensión por el espía,
quejándose la rama de su talle de la duna de su cadera,
vino a visitarme un cervatillo,
que apresta contra mí las flechas del muerte
desde unos ojos con los que hiere los corazones,
y me dijo: “¿No ves cómo el espía asoma?”
“Déjalo; —contesté—;
ha venido a lugar espacioso.
Dale copas de vino sin descanso,
sírvele vaso tras vaso,
y a mí escánciame el vino de tus ojos
y haz que tu boca fresca sea la copa”.
Y luego, cuando aquél a quien temíamos se durmió
y obediente y suniso se dio al sueño,
dijo: “Tienes que empitonarlo”.
Y repliqué: “¿Quiero a un antílope
y he de coger a un lobo?”
Insistió: “Empieza por mí y sigue con él”.
“¡Ni hablar! —le dije—, entregas a un amigo”.
Y me arrojé a montar a la gacela
y penetré al espía descuidado.
¿Has visto o has oído de un amante
que copule con su amado
y se beneficie al espía?

(Traducción de Teresa Garulo).






‘Alī ibn Ḥiṣn (s. XI)

Abū al-Ḥasan ‘Alī ibn Ḥiṣn al-Išbīlī. Poeta sevillano que desempeñaba el cargo de secretario. Fue asesinado por Mu‘taid.



Me encanta un cervatillo
de corta edad, un tercio de mis años.
Me alegra que no sepa
qué pretendo con él o qué intento.
Me llama tío
y yo le llamo hijo,
y esto es para mí
lo más gracioso que ha pasado por mis oídos.
Cuando se presentó ante mí, me dije:
“Ah, si estuviera bajo mi vientre”.
Y dijo: “¿Qué me has dicho?”
“Algo bueno de ti —le contesté—.
Soy un enamorado que muere por ti,
teme a Dios y concédeme la unión.
Sólo temo a la muerte
por miedo a que estés lejos de mí”.
Su mejilla, al oírme, se vistió
de un arriate de rosas que me sedujo.
Si vieses donde me divierto,
pensarías que es el jardín del Edén:
mi vino es exquisito y añejo,
sin mezcla de agua de lluvia,
y exclamarías, si me vieses:
“Éste es un rey, no ‘Alī ibn Ḥiṣn”.
Está conmigo una cantora
que bebe una copa y canta;
y, cuando bebe un vaso
de vino, me escancia
el néctar del licor y de sus ojos
y me embriaga con ambos.
Le dije al que mezclaba el vino:
“Tráenoslo puro, y sírvelo
en una jarra grande
y, si no es suficiente, en la tinaja”.
La melodía del laúd sonoro
llenó mi corazón de anhelos,
y nos pasamos sin parar la copa
hasta que transcurrió la mitad de la noche.
Me levanté embriagado,
ella tambaleándose y cimbreándose;
se despojó de la túnica
y, al acostarse junto a mí,
se puso vientre contra vientre.
“Mejor, le dije, espalda contra vientre”.
Se volvió sonrojada
y dijo al inclinarse:
“Soy una tienda de dos caras; dame,
si quieres, por detrás y por delante”.
Y no le di, de todo lo que he dicho,
más que lo que quería.
Son estos versos una broma,
válgame de disculpa que la intención es buena.

(Traducción de Teresa Garulo).







Abū-l-‘Alā’ al-Ma‘arrī (973-1057)






Busto de Abū-l-‘Alā’ al-Ma‘arrī.





Filólogo y poeta que nació en Ma‘arrat al-Nu‘mān (Siria). Como otros tantos poetas de esta tradición, fue ciego. Librepensador que criticó a los sistemas religiosos —de ahí que algunos autores sospecharan de él, tildándolo de esotérico y simpatizante de los fāṭimíes. Filósofo escéptico de tono pesimista, que se recluyó en casa para dedicarse a su obra. Desde la perspectiva contemporánea se le han atribuido adjetivos anacrónicos como “vegetariano”, “ecologista”...



Qué estúpidamente reímos en la Tierra cuando deberíamos llorar.
Los días nos quiebran como a un cristal que ya nadie volverá a forjar.



Nuestro mundo me parece como una mujer menstruosa
no apta para desposar.
Para ganársela se ilustran los juristas
y los ascetas leen sus pías lecturas.



Las religiones

No des crédito a los dichos de los profetas,
son falsedades que ellos mismos compusieron.
La gente vivía tranquila hasta que vinieron ellos
y con su sinrazón los atormentaron.



El tal Abū-l-Qāsim es prodigioso caso de saber y no saber.
Es poeta y lector coránico, pero ni compone poemas ni lee el Corán.

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).



El astrónomo y el médico dicen a la par:
«Los cuerpos no resucitarán.» Os replico:
«Si lo que decís es cierto, nada perderé.
Pero si es verdad lo que yo afirmo, vosotros sí que perderéis.»



Los ḥanīf están extraviados; los cristianos, desviados;
los judíos, equivocados, y los persas, perdidos.
El mundo se compone de dos clases de hombres:
religiosos sin inteligencia e inteligentes sin religión.

(Traducción de Juan Vernet).





Abū Marwān al-Ḥiŷārī (m. 1062)

Abū Marwān ‘Abd al-Malik ibn Guṣn al-Ḥiŷārī fue un alfaquí, poeta y literato. Murió en Granada.

El investigador Ahmad Chafic Damaj en su texto Relación entre el poeta y el poder político en la época de Taifas: de la concordia a la discrepancia (Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, Sección Árabe-Islam, 53, 2004, págs. 27-28):

Un ejemplo que representa el rechazo a la sumisión es el del poeta Abū Marwān ‘Abd al-Malik ibn Guṣn al-Ḥiŷārī, amigo del gobernante de Guadalajara Ibn ‘Ubayda, que compuso unas sátiras con motivo de la actitud ambiciosa de al-Ma’mūn ibn ī l-Nūn, emir de Toledo que aspiraba a dominar Guadalajara.

El poeta tomó parte en la rebelión contra el ambicioso monarca y escribió haciendo alusión a su título honorífico al-Ma’mūn (Aquel en quien se tiene confianza):

Has tomado injustamente el sobrenombre honorífico de al-Ma’mūn
pero yo tengo más confianza en un perro.

Cuando cayó en manos de al-Ma’mūn, éste lo encarceló. Una vez en prisión envió una poesía a Ibn Hūd, príncipe de Zaragoza, solicitando su ayuda. Este hizo de intermediario librándolo de la cárcel.

__________
Nota del antólogo: El faqīh, alfaquí o justiperito es el experto en el fiqh, la jurisprudencia que se desprendía de las enseñanzas del Profeta. Hay cuatro escuelas ortodoxas reconocidas en el Islam fundadas por Abū Ḥanīfa (m. 767), Mālik ibn Anas (m. 795), al-Šafī‘ī (m. 820) y Aḥmad ibn Ḥanbal (m. 855). Hubo una quinta fundada por Dāwūd al-Isfahānī (m. 883), la ẓaḥīrī, seguida por Ibn Ḥazm de Córdoba.





Ibn Ḥazm (994-1063)







Estatua de Ibn Ḥazm. 






Muammad ‘Alī Ibn Ḥazm. Polígrafo procedente de una familia de funcionarios omeyas de origen muladí, Ibn Ḥazm de Córdoba es el autor del celebérrimo Tawq al-ḥamāma o El collar de la paloma, tratado sobre el amor y los amantes. Redactó una Risālat fī radd ‘alà ibn Nagrīla, Polémica religiosa con Ibn al-Nagrīla, en la que atacó violentamente al judaísmo. Influyó a escritores castellanos como el Arcipreste de Hita. Debido a sus doctrinas šāfi‘íes, siguiendo al ẓāhirismo —el rito mālikí era el predominante en al-Andalus—, fue perseguido y sus obras fueron quemadas por orden del rey sevillano Mu‘taid. Murió en Montija, Huelva.

__________
Nota del antólogo: Según el DRAE, el muladí muwalladīn en árabe era el cristiano español que, durante la dominación de los árabes en España, abrazaba el islamismo y vivía entre los musulmanes.






Manuscrito del Tawq al-ḥamāma, El collar de la paloma.
Biblioteca de la Universidad de Leiden.






Ibn Ḥazm se burla de la hipocresía de los anacoretas y derviches:

No es un crimen beber vino;
poco el precepto me asusta;
hasta los mismos derviches
lo beben, y disimulan.
La garganta se les seca
con tanta oración nocturna,
y a fin de que se refresque,
vino en abundancia apuran.
Mi casa es cual sus ermitas;
lindas muchachas figuran
los muecines, y los vasos,
no las lámparas, me alumbran.

(Versión de Juan Valera de la traducción de Adolf Friedrich von Schack).





Abū Isāq al-Ilbīrī (m. 1067)

Abū Isāq al-Ilbīrī fue un poeta ascético y alfaquí que nació en Elvira y radicó en Granada. Redactó una casida incitando a los beréberes inhāŷí contra el judío Yūsuf ibn Nagrīla, visir del rey Bādīs ibn Ḥabūs, que propició el pogrom granadino.

Emilio García Gómez en su estudio intitulado Abū Isāq de Elvira, un alfaquí español (Siglo XI), que forma parte del libro Cinco poetas musulmanes (págs. 108-109), escribe:

Un poeta llamado Abū Bakr ibn al-Haŷŷ, de quien no he podido obtener más datos biográficos, había enderezado una sátira contra el qadi Ibn Tawba, el protector de Abū Isāq, y un grupo de alfaquíes. El ī, después de haberle infligido en castigo una soberana paliza, lo hizo pasear por los zocos, en pública afrenta [...]

El azote es más elocuente que dimes y diretes,
y que las falsedades que ladra un desvergonzado.
Es de gusto acerbo y su parte más fría tiene el ardor del fuego;
hace entrar en razón —y de qué manera— al que lo recibe.
Sabe más medicina que Hipócrates
para sanar a un presumido escandaloso.
Con ser flaco de cuerpo, lo temen los caballos,
y es más feroz y sin entrañas que un caimán del Nilo.
Hace bailar al hombre una danza sin música,
aunque sea más pesado o más duro de piel que el elefante.
Este presumido lo ha conocido y probado,
echando tiras de pellejo como vainas de habas.
Le ha hecho catar salmorejo pimentado:
mal manjar que le ha provocado malos eructos.
El azote le dedica una sátira dolorosa y acerba,
aunque no iguale a los versos en orden y alternancia.
Dile, si le vuelve a pasar una sátira por las mientes:
—Acuérdate de cuando ibas con los zaragüelles desatados.
Recuerda tu paseo por los zocos, en afrenta,
desnudo, cabizbajo, con el oprobio del apestado.
Recuerda tu castigo por haber calumniado neciamente
a los señores caudillos y a los jefes excelsos,
gentes a quienes el Misericordioso rodeó de grandes prerrogativas,
concediéndoles que se les honrase con veneración.
Ellos son harina de flor entre las gentes,
y los demás, en realidad, son lo que queda en los cedazos.
Ibn Tawba, que es, entre ellos, el que alza la enseña
del qadiazgo, el distinguido por la corona,
decidió el castigo ejemplar de quien no les respetó sus fueros,
y consolidó la sentencia, consignándola por escrito:
La espalda del reo es la vitela y el cálamo el azote.
¡Terrible escritura de un contrato indisoluble!”

__________
Nota del antólogo: Del mismo modo en que en otra época el famoso poeta persa, Sa‘dī, escribió en árabe, los poetas judíos de al-Andalus escribieron tanto en esta lengua como en hebreo. A pesar de la tentación de esbozar una muestra, me abstendré, y únicamente trataré sobre el pogrom granadino.

El término ruso погром, progromo, “devastación”, se define, según el DRAE como la matanza y robo de gente indefensa por una multitud enfurecida. Por antonomasia, el asalto a las juderías con matanza de sus habitantes.

García Gómez analiza (Obra citada, Datos biográficos de Abū Isḥāq de Elvira, págs. 86-87; La invectiva antijudaica, págs. 96-97):

Calculamos que el largo período de contemporización con el poder constituido debió de durar hasta la muerte de Ibn Tawba (1058-1059), y del gran visir Šemuel ha-Naguid ibn Nagrīla (1056-57). El sucesor de éste, su hijo Yūsuf, carecía de las dotes políticas de su padre, y rompió sus normas de equilibrio. Abū Isḥāq, perdido ya el freno de Ibn Tawba, sintió, sin duda, exacerbado su antisemitismo. Entonces debió ser cuando [...] Bādīs ibn Ḥabūs, a instigaciones de su visir judío, lo expulsó de Granada, y se estableció en las proximidades de la desolada Elvira [...] Allí compuso sus poesías números XIV y XIX. [...]

En la segunda, al leer que «los lobos son menos de temer que los alfaquíes», si es que no le obliga la fuerza del consonante, hemos de conjeturar que su destierro había aflojado los lazos de solidaridad que le unían a sus compañeros de profesión, que quizá no le ayudaron en su desgracia.

Los acontecimientos se precipitaron en los últimos años de esta dilatada existencia. A su regreso de Elvira, cuya fecha ignoramos, Abū Isḥāq debió encontrar a Granada en plena agitación. Árabes y beréberes se sentían profundamente disgustados con Yūsuf ibn Nagrīla, a quien atribuían los más torvos propósitos. Fueran éstos ciertos o no, eran, de todos modos evidentes sus demasías y el secuestro en que tenía la voluntad del anciano y alcoholizado Bādīs. Fue entonces cuando compuso Abū Isḥāq su famosa casida política (número XXV), en la que estimulaba a los beréberes Ṣinhāŷíes contra el privado judío y sus adláteres. Y así llegamos al famoso pogrom granadino (30 diciembre 1066) en que murieron Yūsuf y otros 3, 000 judíos. [...] Pero es más probable que la invectiva anti-judaica del poeta de Elvira no fuese más que uno de tantos motivos concurrentes en la producción de la catástrofe; el más brillante, si se quiere, desde el punto de vista de la instigación y la propaganda.

[...]

Jamás el odio ha sido tan clarividente ni la ferocidad tan sagaz. Es realmente impresionante ver cómo en un siglo donde la poesía es tan sumamente artificial, tan aficionada a descolgar estrellas y a extraviarse en jardines, en la que incluso las alusiones políticas se traducen en pinchar con alfilerazos sutiles o inocular ponzoñas exquisitamente alquitaradas, este anciano implacable, fiel retoño de una sangre árabe que tantas veces ardió en las obscenidades de la sátira beduina, encizañando las luchas de las tribus, afila sus cálamos con un instinto certero que dosifica sin error la malicia y la eficacia. [...]

Tal vez nunca ha llegado la poesía andaluza a tan desnuda sencillez ni se ha visto, al par, envuelta en semejante torbellino de pasión. Las rimas de la poesía se continuaron, en vivo, dentro de la ciudad con el crepitar de las hogueras y el estertor de los cadáveres.

He aquí el poema, puesto en prosa:

Lleva, mensajero, a todos los ṣinhāŷíes, lunas llenas y leones de nuestro tiempo, estas palabras de un hombre que los estima y que creería faltar a sus deberes religiosos si no les diera saludables consejos.

Vuestro señor ha cometido un yerro, del que los malévolos se regocijan: pudiendo elegir su secretario entre los creyentes, lo ha tomado entre los infieles. Gracias a este secretario, los judíos, desde el fondo de su vilipendio se han convertido en grandes señores, hasta el extremo de que ya en orgullo y arrogancia rebasan todo límite.

De la noche a la mañana y sin sospecharlo siquiera, han conseguido cuanto pudieran apetecer; han llegado al ápice de los honores, de manera que el mono más vil de esos infieles cuenta hoy entre sus dotes una muchedumbre de piadosos y devotos musulmanes. Y todo eso no lo deben a su propio esfuerzo, no; ¡el que los ha encumbrado tan alto es un hombre de nuestra religión!

¡Ah! ¿Por qué ese hombre no sigue a su respecto el ejemplo que dieron los príncipes buenos y devotos de antaño? ¿Por qué no los vuelve a su puesto? ¿Por qué no los convierte en los más viles de mortales?

Entonces, yendo en tropel, llevarían en medio de nosotros una vida errante, a merced de nuestro desdén y nuestro desprecio; entonces no tratarían a nuestros nobles con altivez, ni a nuestros santos con arrogancia; entonces, no se sentarían a nuestro lado esos hombres de raza impura, ni cabalgarían al lado de nuestros grandes señores de la corte! ¡Oh Bādīs! Tú eres un hombre de gran sagacidad y tus conjeturas equivalen a la certeza.

¿Cómo es posible que no te percates del mal que hacen esos diablos cuyos cuernos se manifiestan por doquier en tus dominios? ¿Cómo puedes profesar afecto a esos bastardos que te han hecho odioso ante el género humano? ¿Con qué derecho esperas afianzar tu poder, cuando esas gentes destruyen lo que tú edificas? ¿Cómo puedes otorgar una confianza tan ciega a un malvado, y hacer de él tu íntimo amigo?

¿Has olvidado que el Omnipotente dice en el Libro que no hay que trabar amistad con los malvados? No tomes, pues, a tales hombres como ministros; abandónalos a las maldiciones, pues toda la tierra clama contra ellos; ¡pronto temblará y entonces todos pereceremos! Dirige tus miradas hacia otros países y verás que en todas partes se trata a los judíos como perros y se les da de lado. ¿Por qué has de ser tú el único en obrar de otra manera, tú que eres un príncipe amado de tus pueblos, tú que procedes de ilustre estirpe de reyes, tú que aventajas a tus contemporáneos, como tus antepasados aventajaron a los suyos?

Llegado a Granada vi que allí señoreaban los judíos. Se habían repartido la capital y provincias; en todas partes mandaba uno de esos malditos. Ellos recaudaban las contribuciones, comían opíparamente, vestían con todo lujo, en tanto que vuestra indumentaria estaba vieja y deteriorada. Todos los secretos del Estado les eran conocidos: ¡qué imprudencia confiarlos a traidores! Los creyentes malcomían a razón de un dirham por cabeza; ellos, en cambio, banqueteaban suntuosamente en palacio.

Os han suplantado en el favor de vuestro soberano, ¡oh musulmanes! ¿Y vosotros no los recusáis, les dejáis hacer? Sus oraciones resuenan igual que las vuestras: ¿no lo oís, no lo veis? Sacrifican bueyes y carneros en vuestros mercados y ¡vosotros coméis la carne que para ellos mismos es inmunda! El jefe de esos monos ha enriquecido su morada con incrustaciones de mármol; ha hecho correr fuentes donde corre el agua más cristalina y en tanto que nos hace esperar a su puerta, se mofa de nosotros y de nuestra religión.

¡Oh, Dios, qué desventura! Si dijera que es tan rico como tú, ¡oh rey!, diría la verdad. ¡Ah! Apresúrate a degollarlo y a ofrecerlo en holocausto; sacrifícale; es un carnero cebón. No perdones a sus parientes y allegados. También ellos han reunido inmensos tesoros. Toma su dinero. Tú tienes más derecho que ellos.

No creas que sea una perfidia matarlos, no; la verdadera perfidia sería dejarles reinar. Han quebrantado el pacto que habían estipulado con nosotros; ¿quién se atrevería, pues, a recriminarte por castigar a perjuros? ¿Cómo podríamos nosotros aspirar a distinguimos, viviendo en la oscuridad, cuando los judíos nos deslumbran con el brillo de sus grandezas? Comparados con ellos somos objeto de vilipendio, y diríase en verdad que nosotros somos unos malvados y que esos hombres son gente honorable.

No consientas por más tiempo que nos traten como hasta ahora vienen haciendo, pues tú nos responderás de su conducta.

Recuerda que tú también un día tendrás que dar cuenta al Eterno sobre la manera como hayas tratado al pueblo que Él eligió y que ha de gozar de la eterna bienaventuranza.

Años después la invasión de los Almohades supuso la imposición del islamismo a los judíos y cristianos. En el poema Qiná, traducido por José María Millás Vallicrosa, el rabí Abraham ibn ‘Ezra (m. 1167) se lamenta:

[...]

Mi cabeza decalvaré y amargamente gemiré por la comunidad de Sevilla,
por sus príncipes que han sido vulnerables y por sus hijos hoy cautivos,
por sus hijas, delicadas, hoy entregadas a una religión extraña.
¿Cómo ha sido abandonada la ciudad de Córdoba y convertida en mar de ruinas?
Sus sabios y personajes eminentes murieron de sed y de hambre;
ningún judío, ni uno solo, quedó en Jaén ni Almería,
ni en Mallorca ni en Málaga quedó refrigerio alguno,
los judíos que habían huido fueron cruelmente heridos.
Por esto me lamentaré muy amargamente, muy mucho me plañiré,
y mis gemidos por causa de mis dolores fluirán como gas.

¡Ay! Sobre Sefarad descendió una calamidad desde
los cielos; mis ojos, mis ojos vierten lacrimosas aguas.

[...]





Ibn Šaraf al-Qayrawānī (1000-1068)

Nació en Kairuán (Túnez). Era tuerto. Recibió una formación intelectual que le permitió destacar en las diversas cortes que recorrió a lo largo de su vida: Norte de África, Sicilia y al-Andalus. Compuso unas epístolas críticas sobre poesía, Masāil al-intiqād, así como una colección de refranes. Se enzarzó en una polémica literaria con el genial crítico Ibn Rašīq, natural de Masīla, lo que produjo la partida de su tierra natal. Posteriormente, ante la invasión beduina de Ifrīqiya, Ibn Šaraf invitó a su otrora rival a refugiarse en España, y de acuerdo con García Gómez, respondió así:

Una de las cosas que me impiden ir a la tierra de al-Andalus es que haya en ellas quienes se llamen al-Mutaḍid y al-Mu‘tamid.

Nombres tomados de otro imperio y que están fuera de lugar; tal, el gato que se hincha queriendo emular la fuerza del león.

__________
Nota del antólogo: Ibn Rašīq alude a los califas ‘abbāsíes al-Mutamid (870-892) y al-Mu‘taḍid (892-902), quince y dieciséis respectivamente de dicha dinastía.



Ahmad Chafic Damaj (Obra citada, págs. 22-23) aclara que, a pesar de su condición itinerante, Ibn Šaraf nunca se acercó al reino del tirano al-Mu‘taid sino por medio de mensajeros, rechazando prudentemente las invitaciones del rey:

Os amo por la Virgen y su padre
pero os amo en la distancia.
Si tú atrapabas a otros como se captura al ave,
dándole grano hasta meterlo en la jaula,
creíste que yo era otra oportunidad que habías conseguido.
¡Aparta! No siempre es posible la oportunidad.
Aunque su historia parezca hermosa,
en su interior guarda otras muchas historias.
Tú tienes las mesas repletas para los visitantes
que sacian la sed y el hambre,
pero detrás de esto están los tormentos.
y no me extraño de la gente que se encadena a ella,
pero sí de los que huyeron.
No me agrada lo dulce,
Si ello me produce un cólico.





Sátira

Tienes una casa en donde se celebran veladas musicales perfectas
para entretenernos. Pero entendámonos:

Las que cantan son las moscas, los que tocan la flauta
en torno los mosquitos, y las danzarinas las pulgas.

(Traducción de Emilio García Gómez).





Ibn Zaydūn (m. 1071) y Wallāda (m. 1091)






Monumento a Ibn Zaydūn y Wallāda.





Emilio García Gómez (Casidas de Andalucía puestas en verso castellano, 1940, I, págs. 41-43), en el prefacio a su traducción de la famosa Casida en nun, “que es el más bello poema de amor de los musulmanes de España y uno de los más famosos de la literatura árabe universal” —el propio arabista, en sus Poemas arábigo-andaluces,  se refirió a Zaydūn como “el más grande poeta neoclásico de España”—, contextualiza:

Wallāda, hija del califa omeya, Mustakī, que murió en envenenado, era una Safo andaluza. Aprovechando la disolución moral que trajo consigo la ruina del Califato, abrió un salón literario, que era como el faro de los literatos y los estetas de Córdoba. Allí se exhibía, libre de velos, en todo el esplendor de su belleza rubia, con versos eróticos bordados en las hombreras de su túnica, a la antigua moda de Bagdad.

Ibn Zaydūn, joven entonces, cayó en sus redes. Se amaron con tal pasión, y hasta es posible que conspirasen juntos para una restauración omeya. Recorrieron el eterno camino: las riñas y las reconciliaciones, los desdenes y los lamentos, las ternuras y los arrebatos. Y vino el eterno final: el hastío de Wallāda y la ruptura, seguidos de la sustitución de Ibn Zaydūn en el corazón de la princesa por un visir fatuo y pedante, ‘Ibn Abdūs, de quien se vengó nuestro poeta, ridiculizándolo en una epístola en prosa rimada, que se hizo celebérrima.











Aquí intercalo parte de la Risāla hazliyya, Epístola burlesca, que tanto escándalo y admiración causó (Teresa Garulo, La literatura árabe de al-Andalus durante el siglo XI, IV, La prosa en el siglo V/XI, págs. 156-57):

Oh tú, que tienes lesionada la razón, que te has despeñado con tu ignorancia, cuyas caídas son evidentes e indecentes los errores, que tropiezas en la cauda de tu inadvertencia y no ves el sol, que acudes como las moscas al panal, y te precipitas como las mariposas a la llama: la vanidad te engaña, conocerse a sí mismo es lo certero. Me has enviado un mensaje pidiéndome un favor, la unión conmigo, que nunca han conseguido tus iguales, procurando mi afecto que sin cesar buscan tus pares; y envías a tu amiga como tercera, usas a tu enamorada como alcahueta, te engañas al pensar que puedes dejarla por mí y hacer que yo la suceda, pues

no eres el primero cuya ambición lo llama
a algo que no conseguirá.

Sin duda te aborrece, pues no ha ahorrado esfuerzos para convencerme, y se aburre de ti, pues no tiene celos; ha sido concienzuda en su embajada, no se ha quedado corta en su misión y dice que virtud es una palabra que tú llenas de significado, y humanidad un nombre del que tú eres la materia y la forma.






Estatua de Ibn Zaydūn.





Retomo a García Gómez:

Poco después, Ibn Zaydūn, acosado por sus enemigos, fue aprisionado por el jefe de la oligarquía cordobesa. Llenó Córdoba de lamentos y súplicas, sin conseguir la libertad. Al fin, se decidió a buscarla por el camino de la huida, y, apoyando sin duda por algún protector influyente, se evadió de la cárcel.

Estuvo vagando algún tiempo por los alrededores de Córdoba. Su anhelo era reunirse de nuevo con Wallāda, cuya ausencia le atormentaba; atraerla de nuevo a sí.

[...]






Ruinas de Madinat al-Zahrā’.





Más adelante, el arabólogo, en la presentación del poema que Zaydūn escribe en los jardines del palacio de Madinat al-Zahrā’, traduce a Ibn Jāqān:

Después de habitar algún tiempo a poniente de Córdoba, la mano de la tristeza desanudó el collar de su paciencia. Y volvió a al-Zahra, para esconderse cerca de Wallāda y consolarse viendo a los que tenían acceso a su lado.










__________
Nota del antólogo: Con el propósito de conocer  otra perspectiva pongo a su disposición la del escritor estadounidense Washington Irving, quien también se ocupó de la historia de la pareja. Traduzco un fragmento del apartado “Poetas y poesía del Andalus musulmán” de su Alhambra:

Su visir, Ibn Zaydūn, fue llamado el Horacio de la España musulmana, por sus exquisitos versos, los cuales se recitaban con entusiasmo incluso en los salones de los califas orientales. El visir se enamoró apasionadamente de la princesa Wallāda, hija de Muḥammad. Era el ídolo de la corte de su padre, una poetisa de primer orden, y renombrada tanto por su belleza como por su talento. Si Ibn Zaydūn era el Horacio de la España musulmana, ella era su Safo. La princesa se convirtió en la destinataria de los versos más apasionados del visir, especialmente de una famosa risāla o epístola dedicada a ella, que el historiador aš-Šaqundī declara que nunca ha sido igualada por su ternura y melancolía. Los autores que he consultado no dicen si el poeta era feliz en su amor; pero uno sugiere que la princesa era tan discreta como hermosa y causó suspiros en vano de más de un amante. De hecho, el reino del amor y la poesía en la deliciosa morada de al-Zahrā’, pronto se convirtió finalizó por un levantamiento popular. Muḥammad y su familia se refugiaron en la fortaleza de Uclés, cerca de Toledo, donde él fue envenenado a traición por el Alcaide; y así pereció uno de los últimos Omeyas.



Al parecer el rompimiento se dio a causa de que Ibn Zaydūn tuvo una aventura con una esclava negra. Esto no sólo causó la decepción de Wallāda, sino también su ira como muestra el siguiente poema en sendas traducciones de Teresa Garulo y María Jesús Rubiera Mata:



Si fueras justo con el amor que existe entre nosotros,
no habrías escogido ni amarías a mi esclava;
has dejado una rama donde florece la hermosura
y te has vuelto a la rama sin frutos.
Sabes que soy la luna llena,
pero, por mi desdicha,
de Júpiter estás enamorado.



Si hubieses sido justo en el amor que hay entre nosotros,
no amarías, ni hubieses preferido, a una esclava mía.
Has dejado la rama que fructifica en belleza
y has cogido rama que no da frutos.
Sabes que soy la luna de los cielos,
pero has elegido, para mi desgracia, sombrío planeta.

Y de la lamentación pasa a la imprecación:

A pesar de sus méritos, Ibn Zaydūn ama
las vergas que se guardan en los calzones;
si hubieras visto el pito en las palmeras,
se habría convertido en pájaro abābīl.

__________
“Alusión a un texto coránico en el que una epidemia de viruela dejó al ejército abisinio, en una expedición contra la Meca, como ‘espigas picoteadas por los pájaros’”.

(Traducción de Teresa Garulo).

La misma sátira en traducción de María Jesús Rubiera:

A pesar de sus méritos,
Ibn Zaydūn ama las vergas de los zaragüelles;
si hubiera visto falo en las palmeras,
se habría convertido en pájaro carpintero.

Y Vernet, fragmentariamente:

Si hubiera visto falo en las palmeras
sería pájaro carpintero.

Continúan los ataques:

[Contra Ibn Zaydūn]

Tu apodo es el hexágono, un epíteto
que no se apartará de ti
ni siquiera después de que te deje la vida:
pederasta, puto, adúltero,
cabrón, cornudo y ladrón.

(Traducción de Teresa Garulo).

He aquí en otra versión, intitulada “Sátira del seis, contra Ibn Zaydūn”:

Te apodas El seis
y este mote no te dejará mientras vivas:
pues eres marica, puto y fornicador,
cornudo, cabrón y ladrón.

(Traducción de María Jesús Rubiera Mata).

Y una tercera:

Tienes por apodo el hexágono
y es un calificativo que no abandonarás mientras vivas.
Pues eres sodomita, degenerado, adúltero, seductor, cornudo y ladrón.

(Traducción de Juan Vernet).

Por su parte, Ibn Zaydūn arremete:

¡Oh, qué noble es Wallāda! Un buen tesoro
para quien busca ahorrar pensando
en las necesidades del futuro.
¡Ojalá distinguiese entre un albéitar
y un perfumista!
Me han dicho que Abū ‘Āmir la visita,
y he contestado: A veces
la mariposa busca el fuego.
Me censuráis que él me suceda
en los afectos de aquella a la que amo,
no hay en eso ignominia:
era un manjar apetitoso
cuya parte mejor me tocó a mí
y lo demás se lo deje a esa rata.

Y Wallāda responde, acusándolo de que está enamorado de su secretario:

Ibn Zaydūn, a pesar de sus virtudes,
maldice de mí injustamente y no tengo culpa alguna;
me mira de reojo, cuando me acerco a él,
como si fuese a castrar a su ‘Alī.

García Gómez arguye que “Ibn Bassām nos presenta a Wallāda como una mujer casta, a pesar de su aparente libertad de snob de su tiempo; pero algunos versos suyos, que se conservan, son de una obscenidad delirante”, tal como se ha corroborado.

Para finalizar, la princesa no se conformó con lanzar dardos contra su otrora amante, sino que también se los dedicó a otros:

[Contra al-Asbahī]

Enhorabuena, al-Asbahī, por los beneficios
que has recibido del Señor del Trono, del Benefactor;
has conseguido con el culo de tu hijo
lo que no consiguiera
con la vulva de Būrān su padre al-Ḥasan.

(Traducción de Teresa Garulo).





Muhŷa bint at-Tayŷanī al-Qurubiyya (s. XI)

Acaso la correspondencia entre Ibn Zaydūn y Walladā sea la más célebre de ésta; sin embargo, no fue la única, ya que también recibió sátiras de la poetisa cordobesa Muhŷa bint at-Tayŷanī al-Qurubiyya, hija de un vendedor de higos, y de quien se prendó la princesa mientras llevaba dichos frutos al palacio, convirtiéndose así en su protectora y procurándole una esmerada educación, incluida el arte de la poesía:



Wallāda ha dado a luz y no tiene marido,
se ha desvelado el secreto,
ha imitado a María
mas la palmera que la Virgen sacudiera
para Wallāda es un pene erecto.

__________
“En su poema contra ésta emplea, además del juego de palabras a propósito del nombre de la princesa (Wallāda, “la que da a luz”), otras alusiones sexuales nada veladas, típicas de la sátira árabe”. Garulo también apunta que alude a la azora XIX, 23-25 del Corán. Ahí se narra un episodio de la Virgen, quien al sentir los dolores de parto va hacia el tronco de una palmera, donde el Señor la consuela con dones que la alivian.
                                        


Muhŷa le enderezó estos versos a un pretendiente:



[Contra un enamorado que le regaló una cesta de melocotones]

Oh, tú que das melocotones a tu amada,
¡bienvenida esa fruta que a las almas alegra!
Su redondez imita el pecho de las doncellas
Mas la cabeza humilla [los glandes] de los penes.





Ibn ‘Ammār (m. 1084)






Cristiano y musulmán juegan al ajedrez.
Ilustración de El libro de los juegos de Alfonso X.





Emilio García Gómez (Casidas de Andalucía puestas en verso castellano (1940), III, págs. 59-60):

Nace de una familia pobre, en Silves. Se abre paso, con su inteligencia aguzada y su verbo elegantísimo, a través de todos los desprecios y las humillaciones. Triunfa como poeta en la corte de Sevilla de Mu‘taḍid, y traba con el príncipe heredero, el futuro Mu‘tamid, una amistad excesiva: le sorbe el seso realmente. Cuando Mu‘tamid llega al trono, Ibn ‘Ammār vuelve del destierro a que le tenía condenado Mu‘taḍid, y es gobernador de su pueblo, para deslumbrar a los que le despreciaron. Llega a gran visir. Es el mejor diplomático de su época. Suspende una campaña de Alfonso VI ganándole una partida de ajedrez sobre unos tableros preciosos. Lleva siempre puestos dos anillos, regalo, respectivamente, de Mu’tamim de Zaragoza y de Alfonso VI. Cambia ramilletes de narcisos y billetes, que parecen de amor, con todos los reyes de España. Al suyo le acompaña en todas las orgías. Cruza Córdoba —asombrada— con una morgue principesca. Tiene aventuras equívocas y bebe en todas las salas, aunque luego desprecia a sus anfitriones.

Se desvanece. Enviado por Mu‘tamid a Murcia, se alza con el reino [1078], se enemista con todo el mundo, y dispara contra su protector sátiras herboladas que van a herir en lo más sagrado. Tiene que huir, y sigue recorriendo cortes, hasta que un régulo lo prende en Segura y lo vende al mejor postor. Lo compra Mu‘tamid y lo traslada a Sevilla. Cruza otra vez Córdoba —asombrada— sobre una bestia llena de mataduras, encadenado, entre serones de paja. Usando de su ascendiente, parece un momento que va a congraciarse de nuevo con su soberano. Pero la conjura de sus enemigos vence, y, en un momento de furor, Mu‘tamid lo mata en el propio calabozo, a golpes de un hacha preciosa, regalo de Alfonso VI. Ya en el siglo XII, Ibn Jāqān presenció la exhumación de sus restos: el esqueleto estaba aún aprisionado en fuertes argollas.






Monumento a al-
Mu‘tamid.





En cuanto a la etapa en que ambos amigos se enemistan. González Palencia traduce:

¡Valencianos, levantáos contra los Benī ‘Abd al-‘Azīz!
¿Crees tú, Ben ‘Abd al-‘Azīz, que escaparás a la venganza
de un hombre, que va siempre en persecución de su enemigo?

[...]

¿Con qué astuto ardid podría sustraerse
a las manos vengadoras de un valiente guerrero de los Banū ‘Ammār,
que lleva tras de sí un bosque de lanzas?

El Rey al-Mu‘tamid, amigo de ‘Abd al-‘Azīz, nieto de Almanzor, contestó, a decir de María Jesús Rubiera Mata:

¿Con qué astuto ardid podría sustraerse a las manos vengadoras
de un valiente guerrero de los Banū ‘Ammār,
de esos hombres que antes se prosternaban con inaudita bajeza
a los pies de cualquier señor,
de cualquier príncipe, de cualquier testa coronada.

Sigo a la propia traductora del rey poeta (Literatura hispanoárabe, IV. La poesía árabe clásica: el esplendor (Siglo XI), Sevilla):

Ibn ‘Ammār comprende la ironía de la casida y responde con una cruelísima sátira en que se burla a su vez de los Banū ‘Abbād, de su feudo originario en Yawmīn, lugar cerca de Tocina, en Sevilla, de los amados esposa e hijos de al-Mu‘tamid:

¡Saluda a la tribu que en Occidente ha hecho arrodillar            
a los camellos y ha logrado la belleza!             
Haz alto en Yawmīn, capital del mundo,                    
y duerme, ¡tal vez la veas como en un sueño!            
Podrás pedir a sus habitantes ceniza,              
pero no verás en ella el fuego encendido.                   
Elegiste, de entre las hijas de los viles              
a Rumaykiyya, que no vale un adarme;                       
trajo al mundo sinvergüenzas de bajo origen                       
tanto por la vía paterna como la materna;                 
son cortos de estatura,                     
pero sus cuernos son largos.                     






Tumbas de al-Mu‘tamid e I‘timād, y su hijo,
en 
Agmāt, Marruecos.





__________
Nota del antólogo: El binomio Schack-Valera (Obra citada, X, Al-Mu‘tamid) narra así el encuentro con I‘timād al-Rumaykiyya:

El modo con que el rey trabó conocimiento con ella tiene un carácter muy novelesco. Solía el rey ir de paseo, disfrazado y en compañía de su visir Ibn ‘Ammār, a un ameno sitio que llamaban los sevillanos la pradera argentina. Una tarde, mientras los dos discurrían por la orilla del Guadalquivir, el viento agitaba y rizaba las ondas. Entonces al-Mu‘tamid dijo a Ibn ‘Ammār:

El viento transforma el río                      
en una cota de malla.                

—¡Acaba tú los versos! El visir se disculpaba y decía que no podía acabarlos, cuando una mujer que se encontraba allí exclamó:

Mejor cota no se halla                            
como la congele el frío.                          

Mucho se maravilló al-Mu‘tamid de ver vencido por una mujer, en el arte de improvisar, al famoso Ibn ‘Ammār; miró a la improvisadora, se prendó de su hermosura y se enamoró de ella.

De vuelta a su palacio, mandó a un eunuco que se la trajese. Cuando la vio de nuevo, se confirmó en su primera impresión, y cuando supo por ella que estaba soltera, la tomó por mujer. Desde entonces ella fue su fiel compañera, así en la prosperidad como en la desgracia.

I‘timād era amable, ingeniosa, discreta y muy animada en la conversación; pero estaba llena de caprichos, con lo cual dio mucho que hacer a su consorte. Cierto día vio a unas mujeres del pueblo que con los pies desnudos amasaban barro para hacer adobes, y de pronto se apoderó de ella un vivo deseo de ir donde estaban las mujeres y de hacer lo mismo. Entonces al-Mu‘tamid hizo desmenuzar en polvo las más olorosas especies y esparcirlas sobre el pavimento de una sala, de modo que por completo le cubriesen. Después mandó verter encima agua de rosas, y, habiéndolo mezclado todo, formó una especie de barro. Y sobre aquel barro o lodo de mirra, almizcle, canela y ámbar, dijo el rey a I‘timād  que se descalzase e hiciese adobes. En lo sucesivo, cuando I‘timād  se enojaba con el rey y le decía que nunca había hecho nada extraordinario por ella, el rey solía responder: —Menos el día del barro; con lo cual ella se avergonzaba y pedía perdón.

N. del T. Rumaykiyya, que así también se llamaba I‘timād, fue tan amada de su marido como cordialmente detestada de los alfaquíes, que no hablaban sino con un santo horror de esta alegre y graciosa sultana. La consideraban como el mayor obstáculo a la conversión de su marido, sin cesar arrastrado por ella, según afirmaban, en un torbellino de fiestas y deleites. Si las mezquitas estaban desiertas, Rumaykiyya tenía la culpa; pero Rumaykiyya, aturdida y poco previsora, se burlaba de los sermones de los alfaquíes, que más tarde le fueron tan terribles adversarios, conjurándose contra su marido y contra los otros príncipes españoles, y facilitando al emperador de los almorávides el que se enseñorease de toda la España musulmana.



Y acusa a al-Mu‘tamid de sodomía, haciendo, de nuevo, alusión a la época dorada de su juventud en Silves:

¿Recuerdas los días de nuestra juventud                   
cuando brillabas como luna creciente?                      
Te abrazaba la cintura tierna,                  
bebía de la boca agua clara.                      
Yo me contentaba con lo permitido,                 
pero tú querías aquello que no lo es.                 
Expondré aquello que ocultas:                
¡Oh gloria de la caballería!            
Defendiste las aldeas,                      
pero violaste a las personas.





Ibn al-Ḥaddād al-Numayrī (m. 1087) nació en Cádiz, pero vivió en Almería. Se enamoró de una monja mozárabe llamada Ŷamīla, que él renombró en sus poemas como Nuwayra, ternura, a la que conoció en Egipto durante su peregrinación a la Meca, la cual no completó. Atacó a Ibn Ujt Gānim y a al-Sumaysir de Elvira.

__________
Nota del antólogo: El adjetivo mozárabe, según el DRAE: 1. Se dice del individuo de la población hispánica que, consentida por el derecho islámico como tributaria, vivió en la España musulmana hasta fines del siglo XI conservando su religión cristiana e incluso su organización eclesiástica y judicial. 2. Se dice del individuo de las mismas comunidades emigrado a los reinos cristianos del norte, llevando consigo elementos culturales musulmanes.



La siguiente sátira en la que alude a la ingratitud del rey de Almería, al-Mu‘taṣim ibn umādi, de quien era visir, le costó su puesto y el exilio —después sería perdonado y regresaría. El hermano del poeta fue detenido por asesinar a un hombre y las autoridades le reclamaron una suma. En traducción de Ahmad Chafic Damaj:

¡Ay quien pida un favor! Deja detrás de ti
la tierra de Almería y deja atrás a Ibn umādiḥ;
es un hombre que cuando te da un grano de mostaza
te pone la cadena del cautivo condenado a muerte.
Aunque pasaras con él una vida como la de Noé
no te distinguiría a ti de alguien que le es ajeno.





Abū Ŷa‘far ibn Ŷurŷ (s. XI)

Ministro y secretario afincado en Murcia. Escribió una elegía por la muerte de Ibn ‘Ammār.

Teresa Garulo en su artículo Un poeta menor del siglo V/XI: Abū Ŷa‘far b. Ŷurŷ (Sharq al-Andalus, págs. 10-11, 1993-94, Homenaje a Mª Jesús Rubiera Mata, pág. 421), sigue a Ibn Bassām sobre dos epigramas galantes:

El ministro Abū Ŷa‘far ibn Ŷurŷ, de nuestra tierra, oyó los versos de Ibn al-Ŷahm que dicen:

A quien critica a las mujeres por ignorancia,
y a las de tez blanca prefiere, pendenciero,
decidle de mi parte: ¿Cómo no te avergüenzas?
¿Quién considera el alcanfor como el almizcle?

Y lo emuló contradiciéndolo:

A quien critica a las mujeres de tez blanca,
comparando, tendencioso,
el alcanfor con el almizcle, dile:
Déjate de disputas, sal huyendo;
no es la luz, no, como la negra oscuridad.







Umm al-‘Alā’ al-Ḥiŷāriyya (s. XI)

Umm al-‘Alā’ bint Yūsuf al-Ḥiŷāriyya al-Barbariyya fue una poetisa natural de Guadalajara, de origen beréber.



A un amante canoso

No te muestres, aurora, junto a mí,
la noche no se queda cuando viene el alba.
No con astucias engañan las canas al amor,
así que escucha mi consejo:
No seas el más necio de los hombres,
viviendo en la ignorancia, como sueles.

(Traducción de Teresa Garulo).



Las canas no engañan con tretas al amor,
escucha mi consejo:
no te hagas más tonto de lo que eres,
viviendo en la ignorancia como aparentas.

(Traducción de María Jesús Rubiera Mata).





Ibn al-Tāzī (s. XI)

En el libro The Others Muslims: Moderate and Secular, editado por Zeyno Baran, en el artículo The History of Islam in Italy, originalmente escrito en italiano por Ahmad Gianpiero Vincenzo, se comenta su sufismo.

En la multicitada Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia, XII, La poesía de los árabes en Sicilia, se señala:

De Ibn Tāzī, siciliano famoso por sus obras sobre gramática, por sus epístolas y poesías, poseemos una colección de epigramas, entre los cuales se cuentan éstos:

No te enojes ni respondas                   
si es que te injurian los necios:                     
¿acaso a ladrar te pones                      
cuando te ladran los perros?             



No me censures que huya                    
toda humana compañía;                     
con víboras y serpientes                       
no quiero pasar la vida.           



A un hablador

Cien mil regalos te ofrece,                   
pero nunca te da nada;             
no fía en su oferta el amigo,               
ni en contrario en su amenaza.                    



A un avaro

Entré en su casa tan sólo                     
para charlar un momento:                 
creyó que a pedir prestado                 
iba, y muriose de miedo.                      



A un músico

Cantando, las doce plagas                  
de Egipto me echas encima;               
tocas el laúd, y anhelo              
rompértele en las costillas.                



A un valentón

Es el bien entre los hombres              
fuente que pronto se agota;                
y el mal, torrente exhausto                 
que por doquier se desborda.

Inserto otro epigrama que sigue a los del autor para no tener que ofrecerlo aparte:

De otro poeta de Sicilia es esta sentencia, llena de amargura:

Yo te sufría, esperando
que te amansasen los cielos:
te casaste, y tu bravura
ha crecido con los cuernos.





Ibn al-Aṣīlī (s. XI)

Abū ‘Āmir ibn al-Aṣīlī fue un poeta itinerante y kudya, mendicante profesional, del último tercio del siglo XI que, incluso llegó a tierras de los infieles cristianos.

Teresa Garulo en Literatura árabe de al-Andalus durante el siglo XI (Capítulo VI, Los géneros literarios, págs. 210-11), da a conocer una sátira del autor, previamente traducida en otro artículo suyo:



¿A dónde huiré, si no hay a dónde huir,
y quién me ofrecerá el reposo
si no hay lugar en donde descansar?
Hasta los mismos siervos viven en sus casas,
mas yo no tengo casa en este mundo de Dios,
y, si cabalgan sobre nobles caballos y monturas,
yo monto a lomos de los burros.
En mis viajes sólo veo gentes indignas,
cuyos grandes hombres,
si se ponen a prueba, son pigmeos.
Beja, que Dios no te proteja de mal,
pues son tus habitantes depravados e inicuos,
Silves, Dios no te recompense con el bien,
no hay en ti nada bueno que elegir.
Santa María del Algarve,
que afeen tu conducta
pues se sirven en ti las copas de la infamia.
Saltés, ¿no es inminente que te anegues
cuando se encrespe el mar sobre tu playa?
Huelva, que nubes matinales te visiten
y en tus campos la lluvia no descarguen.
Niebla, eres virtuosa
pero vino Ibn Ḥalīfa y trajo la ignominia.
Son ciudades desnudas de virtudes,
cuyas gentes se visten de odio y deshonor.
Cometí el error de visitarlas
y vi a unas gentes cuyas casas,
aunque habitadas, eran el desierto;
me devolvían las poemas que enviaba
y maltrataban a mi mensajero
cuando era la nobleza mi divisa.
Pasé el invierno en ellas contra mi voluntad
y el polvo oscureció mi buena suerte
y mis conocimientos.







Abū Tammām ibn Rabāḥ (s. XI)

Abū Tammām Gālib ibn Rabāḥ al-Ḥaŷŷām, “el barbero”, fue un poeta que elogió a su tierra natal, Calatrava. A pesar de no disponer de datos exactos sobre él, se sabe que vivió entre la época de los reyes de Taifas y la llegada de los almorávides, por tanto a finales del siglo XI y principios del siguiente.

Al-Maqqarī recoge una anécdota en que el médico Abū Ḥātim al-Ḥiŷārī, afecto a la burla, le pide a Abū Tammām que recite un poema; éste, envanecido, aunque montado en una yegua coja y débil, comparte unos versos en que elogia a un caballo ágil y rápido, quedando así ridiculizado.



El mal amigo

Un compañero tengo
que no se porta como amigo
y es una herida en mi pecho;
si observa en mí un desliz, imita
a las moscas que se ensañan en las úlceras.



Disensiones políticas

Las ciudades de al-Andalus eran como mujeres,
cuyas rivales exigen al esposo que las repudie.



Un poeta desabrido

Desabrido en sus versos, no sufre él su aspereza:
fastidia a todo el mundo y se retira;
parece un áspid
a quien no daña su saliva,
pero mata a los otros si la escupe.



Noche de borrachera

No olvidaré la noche que pasé
reclinado en dos zaques para beber al alba;
dormí borracho entre ambos, como un niño
que se finge dormido entre los pechos.



El envidioso

El envidioso mira y si me encuentra íntegro
y que mi mérito siempre resplandece,
es que mis cualidades son horrendas
para su trastornado sentimiento,
herrumbre del espejo que las gafas afea.

(Traducción de Teresa Garulo).





Al-Sumaysir al-Ilbīrī (m. circa 1103)










Jalaf Ibn Faraŷ al-Ilbīrī, mejor conocido como al-Sumaysir de Elvira, fue un poeta de origen granadino que vivió en la primera parte del siglo XI. Anti-beréber furibundo, se hizo famoso por sus sátiras contra los gobernantes zīríes de Granada. Se refugió en la corte de al-Mu‘taim de Almería.

García Gómez lo llama “el satírico de la época”. Como tal retrató a su tiempo, demostrando abiertamente su enemistad y desprecio hacia los reyes de Taifas, así como su crítica feroz a la sociedad andalusí.

Recogió sus sátiras en el Šifā’ al-amrāḍ fi aj al-a‘rāḍ, obra que no llegó hasta nosotros.           



Unos versos satíricos de Al-Sumaysir contra Bādīs ibn Ḥabūs de Granada.

Día que pasa, atrás vamos,
la orina por excremento se varía.
Un día se hace judío,
otro se vuelve cristiano.
Se inclinaría (el emir) hacia los magos
si se le concediera larga vida.

__________
Nota del antólogo: Tras el pogrom de Granada —ver nota a Abū Isḥāq al-Ilbīrī (m. 1067)—, el gobernador Bādīs ibn Ḥabūs nombró visir a un cristiano. Al-Sumaysir repartió los versos en la calle y se propagaron.

Otra versión:

Día que pasa, atrás vamos,
la orina por excremento se varía:
un día judíos, otro cristianos.
Si al jeque (Bādīs) Dios le da vida,
a buen seguro nos hará paganos.

(Traducción de Emilio de Santiago Simón).

A la llegada de los almorávides, ‘Abd Allāh ibn Buluqqīn temeroso se dispuso a fortalecer su ciudadela pidiendo ayuda al rey Alfonso VI:

El gobernante de Granada es un desvergonzado,
es el que mejor conoce lo que sucede,
colaboró con Alfonso y los cristianos.
Contempla su insensatez,
erigió su construcción de Alcalá en contra de
la obediencia a Dios y al emir,
fabricó sobre sí mismo su arrogancia
como si fuera un gusano de seda.
Dejadlo seguir construyendo, ya sabrá
cuándo llegue el poder del Omnipotente.

El soberano ordenó su muerte a raíz de estos versos —en otra ocasión el satírico había salvado la vida antes al escapar a la corte de Mu‘taṣim de Almería:

He visto en sueños a Adán y
le he dicho: Padre de los hombres,
afirman las gentes
que los beréberes descienden de ti.
Entonces respondió: que Eva sea repudiada
si lo que pretenden es cierto.

(Traducción de Ahmad Chafic Damaj).

En versión de Emilio García Gómez:

Vi en sueños a Adán y le dije:
—Padre de los hombres, las gentes sostienen
que los beréberes descienden de ti. Y me contestó:
—Si es verdad, Eva queda repudiada.



Contra Valencia

Valencia es una ciudad Paraíso,
pero, cuando se conoce bien, se ven sus defectos:
por fuera, todo son flores,
mas, por dentro, todos son charcas de inmundicia.



Contra Almería

Dicen: en Almería hay
limpieza. Y les contesto: Sí;
es como una taza de oro
sobre la que se escupe sangre.

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).



Llama a los reyes y diles:
¿Qué es lo que habéis creado?
Entregastéis el Islām
al cautiverio enemigo
y estáis sentados, sin hacer nada.
Tenéis que levantaros,
pues lo hicisteis apoyando a los cristianos;
y no os neguéis a rebelaros contra ellos,
cuando supisteis antes rebelaros
contra las normas del Profeta.
Os suplicamos, y no fuisteis justos:
pusimos nuestras esperanzas en vosotros,
tendremos paciencia, pues el tiempo
está sujeto a cambios,
y comprendéis las alusiones.

(Traducción de Teresa Garulo).





Ibn Jalīfa al-Qurubī (m. 1103)

Abū Muḥammad Abd Allāh ibn Jalīfa al-Qurubī, conocido como al-Mirī, “el egipcio”, fue un poeta, médico y visir de al-Ma’mūn bin ī l-Nūn. Remitió una carta a al-Mu‘tamid, reprochándole su indiferencia:

Me marché llevando en el corazón rencor;
el abandonaros es sin duda correcto,
como abandona el hombre la buena comida
cuando caen en ella las moscas.

(Traducción de Ahmad Chafic Damaj).





Ibn al-Labbāna (m. 1113)

Abū Bakr Muḥammad ibn ‘Īsà nació en Benisa, reino de Denia. Su apodo, Ibn al-Labbāna significa “el hijo de la lechera”. Recorrió varios reinos antes de establecerse en Sevilla, donde alcanzaría notoriedad. Es célebre la elegía que compuso cuando al-Mu‘tamid y su familia fueron desterrados. En ella se transluce la fidelidad y la gratitud que le profesó al último de los monarcas ‘abbādíes. Además lo siguió a Agmāt y no sirvió a ningún señor hasta que aquél murió. Cultivó la muwaššaḥa. Murió en Mallorca.

Ahmad Chafic Damaj (Obra citada, págs. 24-25) sigue a Ibn Bassām:

Así cuando el intendente (al-ḥaŷīb) Abū-l-Ḥasan al-Ustā interrumpió el pago de Ibn al-Labbāna y éste escribió un poema dirigiéndose a al-Mutawakkil de Badajoz, reprochándole que la actitud del intendente era injusta y dudando sobre la fidelidad de Abū-l-Ḥasan con al-Mutawakkil. A la vez que se enorgullecía de sí mismo y reaccionaba ante lo que sentía como una falta de respeto, lo cual le empujaba a marcharse a un lugar donde pudiera ser apreciado, no sin advertir a al-Mutawakkil, que había perdido una ocasión especial:

Vas a saber, tras mi marcha, qué alhaja
para los cuellos de la gloria, alejaron tus manos.

La amargura y el enfado le impulsaron a escribir dos versos contra el intendente, que se autodenominaba al-Mutanabbī, utilizando un arma eficaz:

¡Vosotros, huéspedes, gritad! El destino portó un milagro:
os ha traído un profeta cuya ley es la interrupción del salario.

El poeta realizó una elipsis para burlarse del intendente, sirviéndose de su sobrenombre al-Mutanabbī y su significado de “pseudo-profeta”. Estos dos versos se divulgaron y fueron la causa de que el intendente cayera en desgracia y fuera cesado en su cargo.

Le dedicó esta sátira a Ibn ‘Ammār, una vez que se enteró de que había hablado mal de él:

Sus costumbres, oh pueblo, quieren competir con las mías
opuestos somos en todo y nada nos une:
Yo soy “hijo de la lechera” y él de un verdugo.

(Traducción de Margarita Lachica Garrido).





Al-Ṭugrā’ī (m. 1119)

Químico y poeta, secretario de los turcos selŷūquíes. Escribió una composición conocida como Lāmmiyat al-‘aŷam, “Poema de los no árabes rimado en [la letra] lām”, que los críticos árabes identificaron como el manifiesto político-cultural de los šu‘ubíes, anteponiéndolo al famoso Lāmmiyat al-‘arab o Poema de los árabes en lām del poeta bandolero o desesperado, ābit ibn Aws al-Azdī (m. 510) —mejor conocido como Šanfarà, “el de los labios carnosos”— que, de acuerdo con la leyenda, juró matar a cien miembros de la tribu de los Banū Salāmān. En vida “sólo” asesinó a noventa y nueve, aunque cumplió su promesa luego de que uno de sus enemigos pateara su calavera insepulta, lo que le propició una infección mortal en el pie.



La seguridad de mi entendimiento me pone a cubierto del error.
Mi superioridad en las letras me libra de la indigencia.
Mi gloria de hoy es igual a la de ayer:
el sol es el mismo en la aurora y en el crepúsculo.
¿Por qué he de continuar en Bagdad?
Aquí no me retiene ni la familia ni el interés.
Alejado de los míos, sin recursos,
parezco una espada separada de la vaina.
No tengo un amigo a quien confiar mis penas
ni compañeros a los que contar mis alegrías.
El destino ha contrariado mis esperanzas, me ha negado el botín
y no me queda más recurso que el de volver a mi patria.
Marchemos bajo la protección de la noche,
ya que el perfume nos guía hacia nuestra amante.
El amor está donde está el enemigo;
el león permanece agazapado alrededor de su morada,
oculta por una nube de lanzas.
No me asusta ser herido por la lanza
si la mirada de sus grandes ojos generoso me llama.
No me asusta la espada afilada
si me ayuda a verla a través de cortinas y velos.
No impediré a las gacelas que me dirijan palabras amables
aunque esto atraiga hacia mí el ataque de los leones de la selva.
El amor a la tranquilidad impide a quienes lo tienen
aspirar a las grandes cosas y transforma al hombre en un ser perezoso.
Al vil le basta con la tranquilidad de una vida mezquina.
La gloria está bajo los cascos de una camella dócil.
La gloria me ha dicho (dice verdad cuando habla):
«El poder sólo se encuentra viajando.»
Si el sol pudiera conseguir sus aspiraciones en su propio domicilio,
¿abandonaría el signo de Aries?
Cuando tenía días por venir no estaba satisfecho de la vida.
¿Cómo he de estarlo ahora que han pasado veloces?
La lámina del sable está acostumbrada a que la elogien por el metal;
pero sólo es útil si está en manos de un héroe.
¿Por qué el tiempo me ha prolongado la vida
hasta el punto de ver el gobierno de hombres estúpidos y viles?
Hoy me preceden gentes que corrían detrás de mis pasos
aunque yo anduviera despacio.
Esta es la recompensa que espera el hombre
cuyos compañeros le premurieron y que ansía una larga vida.
No es maravilla que gentes que me son inferiores me hayan sobrepasado.
Mi consuelo es ver que el Sol también cae por debajo de Saturno.
El gobierno de las medianías no tiene que temer:
no necesita ni defensores ni criados.

(Traducción de Juan Vernet).





Yaḥyà al-Ŷazzār (m. 1120)






Vista exterior del Palacio de la Aljafería de Zaragoza.





Abū Bakr Yaḥyà al-Ŷazzār as-Saraqusī. Su ismu mansab significa “el carnicero”. Según el antólogo Ibn Sa‘īd al-Magribī, fue el autor más representativo de la taifa de Zaragoza, aunque García Gómez lo sitúa entre los poetas menores. Admirador de la poesía y el estilo de Abū Tammām, compuso un panegírico al eslavo Zuhayr, arquitecto del Palacio de la Aljafería, lo que le otorgó el título de “el poeta de la Aljafería”.

El arabista Salvador Barberá Fraguas, fallecido prematuramente, dedicó su Tesis Doctoral al autor. De este trabajo se recogen las siguientes anécdotas y poemas:

Cuando Ibn ‘Ammār llegó a Zaragoza, tuvo noticias de Yaḥyà, el carnicero zaragozano, y fue a verle. Hete aquí que tenía delante carne de cordero.  ‘Ibn Ammār señaló la carne y dijo: —La carne de la hembra de los carneros está sin grasa.  —Y él replicó: —Dice a los compradores: Ea, dejadla.

Después de no ser recompensado como esperaba, retomó su antiguo oficio, a pesar del reproche del soberano, hecho a partir de los versos de su ministro y secretario, el poeta Abū l-Faḍl ibn Ḥasdaŷ:

Dejaste la poesía por tu escaso acierto
y volviste a ocuparte de la carnicería

 Que recibió la siguiente respuesta:

Me echas en cara dedicarme a la carnicería,
Pues el que desconoce el valor de una cosa le encuentra defectos.

Si poseyeras un poco de su arte,
No lo cambiarías ni por ser mayordomo de palacio.

[...]

Somos herederos de una gloria transmitida de un jefe a otro jefe
Y a nadie fuera de nosotros se atribuye la nobleza.

Adquirimos todos los artes de la limpieza,
Por lo que sólo sobre nosotros se inclinan las moscas.

[...]

Por tu vida, no dejé la poesía hasta
Que vi la avaricia encender su llama.

[...]

La poesía ha  venido a ser ornamento
De proxenetas y bufones,

Y sus hijos entre la gente, más bajos
Y despreciados a los ojos de las liendres.

Si quieres ser alabado, compón en verso
Un verso y busca con él la recompensa.

Pues los habitantes de la tierra se han hecho todos
Lobos, yo busco hacerlos mis víctimas.

A aquel cuya voluntad no concilio con rimas,
Por ser su costumbre la avaricia en el favor,

Tenderé a su codicia la red de mi astucia
Y cazaré sus beneficios por medio de la carnicería.

Sobre el mismo tema, en el libro El salón dorado (Edhasa, 2011) de José Luis Corral Lafuente se transcribe la sátira:

Me criticáis porque ejerzo el oficio de carnicero.
¡Ignorantes!; sois como los que desprecian
el valor de lo que no conocen.
Si supierais lo grandioso de mi trabajo
ni siquiera lo mandaríais por el visir.
Este oficio es para mí un anhelo
por el que siento la pasión de la vida misma.
A veces me siento como un general
capaz de hacer sentir el pavor
en los ejércitos del ganado.
Soy el vencedor de batallones de toros y ovejas
cuya sangre vierto.
Ningún animal es capaz de resistir
el acerado brillo de mi sable.
Siempre triunfo en la batalla
con mi cuchillo de carnicero.
¡Qué gran hazaña!

Como polemista que era, y ante la llegada al poder del gobernador almorávide, tomó partido por el sentimiento nacionalista que privó en la región después de la redacción de la conocida risāla, epístola contra los árabes —única obra šu‘ūbí de al-Andalus— de Abū ‘Āmir ibn Garsiyya, muladí de origen vasco —cautivo de niño—, y secretario en la corte de los reyes de origen eslavo, Muŷāhid y ‘Alī Iqbāl ad-Dawla, de la taifa de Denia:

Oh, tú que dictaminas en contra de la ley divina en lo relativo a linajes,
si eres viento, te has encontrado con un tornado,

y si un torrente, con alta mar
embravecida, de elevadas olas, desbordante.

Si deseaste que te cayera encima un reproche de él emanado,
te encontraste con el rompiente de su marea maldiciente.

Inundación cuya avenida, al salir de madre, no dejará
sobre la tierra morada de la facción de los infieles.

Un libertino de ellos en la tierra de Denia
reveló su infidelidad hoy claramente.

¡Socorro, ortodoxos! ¿Qué os pasa?
¿No denunciáis la contravención de la ley divina?

Este Ibn Garsiyya, prendado de toda impiedad,
que proclama francamente, abreva del fuego del infierno.

¿No ha de alzarse contra esto un hombre devoto
que sirva a Dios en público y en privado?

Advertid a la gente contra el sectario cristiano.
¡Que nadie de vosotros sea visto dándole refugio!

Ahora te vemos abandonar esta (nuestra) religión
de la que antes éramos defensores.

__________
Nota del antólogo: El término siqlabī saqāliba en plural—, alude a los eslavos —particularmente a los mercenarios en el mundo árabe medieval del norte de África, Sicilia y al-Andalus. Había dos tipos: los de piel oscura y pelo negro que vivían en las costas y los de tez clara que vivían en el interior.



Yaḥyà al-Ŷazzār escribió un texto sobre los oficios como réplica a los ataques del alfaquí Abū-l-Ḥasan ‘Alī ibn ‘Abd Allāh al-Burğī, hijo de un pellejero, que semejaba criticar poesía con remendar una pelliza desgarrada:

Dije: —Nos haces desear (ver) a un hombre noble y honesto.  ¿Hay medio de encontrarlo y conocerlo?

Dijo: —Es el bello de atuendo y traje, el conocido como ‘Abd Allāh al-Burğī.

Contesté: —Lo que Dios quiera y que él maldiga el diablo. Te creía hijo de un señor ministro o de un noble caudillo, pero he aquí que eres la mosca del mercadillo y la barredura de la harina. A este al que te refieres, ¿quién lo conoce mejor que yo, desde que la desgracia se le plantó encima, donde aletea y le hace de arracadas y pendientes? Tu tío lo emplea por un óbolo, y le da órdenes y prohibiciones por un precio vil.  No posee ni la piel de un dátil, ni vale lo que un tronco de palmera hueco. Parece como si lo viera con la cal amasada en su bigote y tiñendo su rostro y camisa. A menudo el humilde es exaltado y el soberbio rebajado.

Al echarme en cara tú el relleno de los intestinos y la sangre de las venas yugulares, me viene a la mente lo que dijo Dios Altísimo: “(El hombre) nos propone un símil y olvida su creación...” ¿No te acuerdas y desististe o pensaste y sentiste vergüenza?

En cuanto a tu dicho: “Compañeros de los perros y lugares donde se posan las moscas”, digo que todo animal, hable o no, busca su provecho y apartar el daño con las fuerzas naturales cuya composición Dios le dio. A donde encuentra su provecho, hacia allí se inclina y establece. Dios nos hizo fuente de sustento de muchas naciones, y os hizo a vosotros compartir con las moscas y los perros la necesidad de nosotros y el solicitar el sustento de nosotros, pues somos la mayor fuente de ese alimento para la mayor parte de estas criaturas:

De entre ellos, el mondonguero, el desollador,
El encuadernador y el cocinero,
El pinche, el peletero,
El curtidor y el herrero,
El vendedor de cabezas, el de balāğa
Y el mozo llamado talabartero,
El que vende bofes, el odrero,
El pergaminero y el botinero,
El vendedor y el fabricante de babuchas
Y los de tambores y adufes,
El que hace alcorques y el zapatero remendón,
El cedacero y el que hace correas de las sillas
Y cuerdas de laúdes,
Las terceras y segundas,
El que encuaderna Coranes, el aguador
Y luego las busconas de caca, el pellejero,
Después los perros abundantes en número y las moscas.
No hay mentira en mis dichos, ni dejo lugar a dudas.





Ibn āra Aš-Šantarīnī (m. 1123)

Poeta natural de Santarén. Ejerció el oficio de copista. Célebre por sus casidas relacionadas con el fuego. El antólogo Ibn Bassām, coterráneo suyo, elogia su obra como autor satírico.



El manto viejo

Amad ibn ‘Alī tiene un manto
que es como un espejismo,
y, si sopla la brisa más ligera,
pasa como una nube.



El mal aliento

Uno con mal aliento habló
y los presentes exclamaron:
“Pedorreó el muchacho”.
Y yo les dije: “Marchaos sin demora;
el pedo es el heraldo de la mierda”.



Aprensión

Siempre miro tu rostro con aprensión:
eres el agua clara donde abundan
los cocodrilos.



Desengaño

Los hombres, ignorantes, glorifican al mundo,
a sus ojos magnífico, siendo despreciable,
y combaten por él unos con otros
como los perros se pelean por un hueso.



Los impuestos

Si no existieran los impuestos,
saldría de la miseria,
y las vicisitudes de la fortuna
no se presentarían a mi mente.
Dicen: “Son los impuestos”. Y les digo:
“Quitad im y serán pústulas en los ojos”.

__________
“Juego de palabras entre jarāŷ ‘impuestos’ y jurāŷ ‘úlceras’. Literalmente, sería: ‘Vocalizad la ja’ con u / y serán jurāŷ (úlceras en el globo del ojo)’”.



Contra al-Abyaḍ

Es una maravilla
ver galopar a al-Abyaḍ con su burro
entre veloces purasangres.
¿Cómo va a competir con su galope, o con su trote,
si el asno necesita
que lo espoleen para ir adelante?
El asno es vil montura
si no se le castiga antes,
pues no tiene venas que palpiten.

Réplica de al-Abyaḍ

Se ha vuelto loco Ibn Ṣāra,
cuando le acechan las desgracias,             
y el perro se atreve hasta donde llega el palo.
Le han irritado porque dicen
que es sólo un poetastro autor de poemillas,
no un gran poeta, capaz
de acerbas sátiras y de elegías.
Ha cubierto a las rimas
y ahora las que eran vírgenes están
con dolores de parto.
Por Dios, que si no fuera porque dicen,
neciamente, que siento inclinaciones juveniles
y que es blanco mi pelo,
le pondría en la mano la verga de este asno,
para que viese si tiene venas que palpiten.

__________
Abū Bakr Aḥmad ibn Muḥammad al-Anārī al-Abyaḍ (m. circa 1130) fue un poeta sevillano ejecutado por orden del gobernador militar de Córdoba, ‘Umar az-Zubayr, debido a sus sátiras.



Contra un secretario

Es un hombre brillante
que tiene, como profesión, ser secretario,
y que es vivo y ardiente, como una víbora
que la lengua agita, amenazadora.
Ama lo negro hasta tal punto que sus dientes
venden lo blanco por comprar lo negro,
y, cuando abre la boca, las serpientes
huyen de su aliento
a refugiarse en las letrinas.



La esposa repudiada

El tiempo se ha apiadado liberándome
de una mujer que con la espada de sus gastos
derramaba mi sangre impunemente.
Una negruzca loba en su guarida,
y una mortal serpiente en sus abrazos.



Epigrama

La elocuencia reparte sus dones
entre los poetas y vosotros;
reparto injusto, favorable a unos
y contrario a los otros:
cuando recitan fluye de sus bocas
la miel de las abejas, mientras sus aguijones
en vuestros culos se clavan.



Los alfaquíes de al-Ándalus

Lobos que aparecéis
con disfraces diversos,
¿en la Mudáwwana encontráis
que es lícito devorarnos?

__________
“La Mudawwana es la gran compilación jurídica de Saḥnun (777-855), alfaquí de Qayrawān (Túnez) que tuvo una gran influencia en la adopción de la escuela jurídica mālikí en al-Ándalus y todo el occidente islámico.”



Sátira

De tanto darle por el culo es tan ancho
como una mano abierta.

(Traducción de Teresa Garulo).





Abū Bakr, al-Abyaḍ (m. circa 1130)

Abū Bakr Aḥmad ibn Muḥammad al-Anārī, al-Abyaḍ, “el blanco” o “el bueno”, fue un poeta sevillano nacido en Alhedín. Ensayó la muwaššaḥa. El rey de Córdoba, ‘Umar al-Zubayr, lo mandó ejecutar por estos versos:

Dijeron: “al-Zubayr es leproso” y yo les respondí:
“No le repudiéis, pues él ocasionó su enfermedad
Los bolos de su estómago se embebieron de leche y se hincharon
de forma que aparecieron manchas en su piel.”



al-Zubayr se ha consagrado a la perversidad
y su famoso ministro, el perro del infierno,
postrándose de continuo está siempre
entre copas y melodías de laúdes,
y si le sobreviene el sueño, tras él resuena
de las cantantes la voz y de la flauta el tono.



[Contra Ibn Ḥamdīn, juez de Córdoba]

Quiere Ibn Ḥamdīn que lo absuelvan
y su anhelo está más lejos que lo está un astro.
Cuando se nombra la generosidad, su ano se rasca,
así confirma su pretensión de ser descendiente de la tribu Taglīb.
__________
Abū ‘Abd Allāh ibn Ḥamdīn (1047-1114) fue gran qāḍī de Córdoba y fundador de una familia de alfaquíes que monopolizan el cargo —desde el período de los reinos de Taifa— bajo los almorávides, contra quienes se sublevan antes de la llegada de los almohades. También se erigieron como mecenas de la poesía.

(Traducción de Hanaa Mohamed-Hammadi Mejdoubi).





Ibn Zuhr (m. 1130)

Perteneciente a la ilustre familia de “físicos” de los Banū Zuhr, Ibn Zuhr —conocido en la Edad Media europea como Aboali, y padre de Avenzoar—, cuyo nombre completo era Abū l-‘Alā’ Zuhr ibn Abī Marwān ‘Abd al-Malik ibn Muḥammad, fue médico de los reyes al-Mu‘taḍid y al-Mu‘tamid. Cuando este último cayó en desgracia, sirvió a Yūsuf ibn Tāšfīn y a su sucesor ‘Alī ibn Yūsuf.

Entabló una enconada enemistad con el zaragozano Ibn Bāŷŷa (m. 1138) —el erudito conocido por los escolásticos latinos como Avempace—, creador del zaŷal o zéjel.



Sátira

¡Oh, ángel de la muerte e Ibn Zuhr,
ustedes dos han sobrepasado los límites!
¡Tengan un poco de piedad de la Humanidad:
uno de ustedes basta como asesino!

A lo que Ibn Zuhr replicó:

¡El vil hereje debe ser crucificado,
si así lo desea o no “quien lo ayuda”!
¡La cruz del verdugo está lista ya,
y la punta de la lanza dirigida a él!

__________
Nota del antólogo: “Quien lo ayuda” o “el que lo ayuda” alude al sabio Mālik ibn Wuhaib, compañero de juerga de ‘Alī ibn Yūsuf ibn Tāšfīn.



Se dice que por medio de intrigas, Ibn Zuhr propició la muerte prematura de Ibn Bāŷŷa en Fez, después de que un tal Ibn Ma‘yūb le sirviera una berenjena envenenada.

(Traducción mía a partir del texto en inglés de Alois Richard Nykl).





Abū-l-Ṣalt de Denia (1067-1134)

Abū-l-Ṣalt ibn Umayya alDānī nació en Denia (Alicante). Eminente polígrafo y enciclopedista andalusí: médico, musicólogo, gramático, lexicógrafo, jurista, antólogo, poeta, matemático, filósofo... Retomó la lógica aristotélica. Por su conocimiento se le consideró como el hombre más universal de su tiempo. Vivió en al-Andalus, Túnez y Egipto. Murió en Mahdiyya, Túnez, y fue enterrado en la gran ribā de Monastir. Escribió sátiras descriptivas.



Muŷūn

Ṣāf, su amo y su señora:
He aquí reunidos todos los términos de una figura de analogía:
el marido sobre ellos dos
y la mujer debajo.
Ella soporta al marido
y el marido monta al criado.
A los tres avergüenza al acto.
Figura analógica cuyo resultado se halla impreso en “Damasco”.

__________
“Ṣāf es el nombre del criado.

El poeta no se atreve a ofrecernos la versión completa del poema. Dice: ‘lo compuse queriendo sacar la analogía con sus dos premisas y la conclusión, pero he preferido suprimirlo por lo perversa que era la palabra”. Ésta podría ser Sodoma, ya que encaja con el metro y con el sentido del verso.’”



Falsa ciencia

Cuánto médico malabar mezcla medicina y brujería
sin haber curado jamás a un enfermo
y extirpándole, en cambio, del cuerpo la salud y la vida;
dotados de cualidades para despojar al cuerpo de cuanto poseía
hasta dejarlo inmóvil, insensible, incapaz e incontinente
y provocándole, inconscientemente, la muerte.



Cuántos hombres ávidos de ciencia y empeñados en poseerla
son, a la hora de adquirirla, duros como piedras,
igual que el impotente, presa de lascivia,
o el enfermo de estómago, ávido de comer.

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).





Al-Buqayra  (m. circa 1135)

Abū Ŷa‘far Aḥmad ibn Waḍḍād nació en Murcia. Su laqab significa “la vaquita”. Fue un tradicionista y poeta.



El arco

Me maravillo de la ingratitud del arco,
porque no es leal con las palomas del boscaje.

Cuando era rama fue su amigo, y, ahora que es arco,
las persigue. ¡Así son las vicisitudes del tiempo!

(Traducción de Emilio García Gómez).







Ibn ‘Abdūn (m. 1135)

‘Abd al-Maŷīd ibn ‘Abdūn de Évora es autor de una célebre elegía —a la que García Gómez descalifica con adjetivos como “insoportable, pedantesca y fría”— que lamenta la caída de los afṭāsíes de Badajoz, destronados por los almorávides, a quienes también sirvió. Además de visir y secretario, fue un excelente prosista que disponía de una memoria prodigiosa.

El investigador Ahmad Chafic Damaj (Obra citada, pág. 25) traduce a Ibn Bassām:

Ibn ‘Abdūn también satirizó al intendente [que previamente había exhibido Ibn al-Labbāna] a través de un juego de palabras al hablar de Guadalajara (“Valle de las Piedras”) en referencia a la cara de piedra del denostado personaje:

Oh Mutanabbī de Guadalajara,
con su reputación de cristal y su cara de piedra!





Ibn Jafāŷa (1058-1138)

Nació en Alcira. De condición burguesa, cultivó el género floral que le granjeó los sobrenombres de al-Ŷannān, “el jardinero”, y al-Ṣanawbarī de al-Andalus. Rechazó el matrimonio, actitud antisocial reprobada por el Islām. Su lírica es de tendencia neoclásica, donde resaltan el pesimismo y la obsesión por la muerte.



Los alfaquíes

Estudian las ciencias para dominar en la polémica
y conseguir ser los primeros en rango
y, en las asambleas, los adelantados.
Fingen renunciar a las cosas de este mundo,
pero cuando llega la ocasión
se apropian de los bienes de mezquitas e iglesias.



Debate frutal
Esta anécdota referida por al-Maqqarī, antecede a los versos y explica su sentido: “Un día presencié una escena en la que unos amigos estaban con un muchachito que a sí mismo se engañaba. Sucedió que discutían acerca de la excelencia de la granada sobre las uvas. Entonces, improvisé estos versos riéndome de él. Se quedó avergonzado y se marchó.”

Dame la razón. Es mucho mejor una granada
que no desmerece de la vid en su sazón.
Yo no chupo los racimos de uvas cual pechos,
como si aún estuviera en la cuna.
¡Comparar la granada con las uvas
es como comparar el pecho con los testículos!

(Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins).





Ibn Šaraf (m. 1140)

Literato con fama de sabio conocido como Ibn Šaraf de Barŷa (Berja). Fue hijo de Ibn Šaraf al-Qayrawānī. Redactó un conjunto de refranes. El escritor argentino Jorge Luis Borges lo cita en su cuento La busca de Averroes.

Valera, traduciendo a Schack (Obra citada, II, Elevada cultura de los árabes españoles. Eflorescencia de la poesía entre ellos), recoge la siguiente anécdota:

Ibn Šaraf, que tenía en feudo una aldea, tuvo una vez una disputa con un recaudador de tributos, porque éste le exigía que pagase demasiado. Ibn Šaraf fue a ver a al-Mu‘taṣim, rey de Almería, para pedirle justicia, y le trajo una composición poética, que contenía lo que sigue:

Desde que tú gobiernas,                  
no esgrime su puñal el asesino,               
sólo vírgenes tiernas             
la muerte dan con su mirar divino.                   

El rey gustó mucho de estos versos, que son dos solamente en el original, y preguntó al poeta cuántas casas (en árabe bayt) contenía su aldea; y como el poeta dijese que contenía cincuenta, el príncipe añadió: Está bien; en premio de este dístico (en árabe bayt también), quiero dártelas todas en plena propiedad, y así ningún recaudador podrá en lo sucesivo exigirte tributo.

Se refiere que Ibn Šaraf llegó por primera vez a la corte de Almería ataviado como beduino, y recitó una casida que le ganó el favor del rey. El alfaquí, tradicionista y poeta malagueño, Ibn Ujt Gānim (m. circa 1131), quien se encontraba presente, expresó su envidia al recién llegado —esta sátira aparece nuevamente en la retraducción neoclásica de Juan Valera en el Apéndice:

Pregunta al poeta de Barŷa si vino de ‘Irāq,
e igualó el talento de al-Buḥturī:
llegó con poemas hormigueando en sus manos,
¿pero podría engañar a un incauto?
¡Oh, Ŷa‘far, regresa tus versos a sus autores,
no compitas con aquellos elegantes metros suyos!
No reclames lo que no eres digno de ser:
¡Esta miel no proviene de tu boca apestosa!

—Entonces le preguntó a Ibn Šaraf: —¿A qué tribu beduina perteneces? El poeta replicó satíricamente: —Tengo un alto grado de honor, a pesar de que el desierto aparezca en mi vestido, lo que no niego; y no soy conocido por el nombre de mi tío. Esta alusión avergonzó a Ibn Ujt Gānim —cuyo nombre significa el “hijo de la hermana de Gānim”—, y complació a sus enemigos.

(Traducción mía a partir del texto en inglés de Alois Richard Nykl).





Ibn Quzmān (m. 1160)

Muḥammad ibn Abd al-Mālik ibn Quzmān nació y murió en Córdoba. Su obra se conserva gracias a un códice único descubierto en San Petersburgo a finales del siglo XIX. Es el gran renovador del zaŷal o zéjel.

Emilio García Gómez en Cinco poetas musulmanes (IV, Aben Guzmán, Una voz en la calle (siglo XII), págs. 112-136):

¿Quién era Aben Guzmán? Sabemos por él mismo que era alto de talla, rubio y de ojos azules, libertino y mal casado; que fue encarcelado y maltratado por su poca escrupulosidad religiosa; que no sabía nadar ni había visto el mar. [...] Su existencia, encuadrada entre los años finales del siglo XI, en que debió de nacer, y 1160, en que muere, coincide con la época más crítica del Islam español.

[...]

Frente a todos los poetas de su estirpe y de su cultura le separa, en primer lugar, el empleo casi exclusivo del zéjel. Los versos que compuso en los metros clásicos fueron mediocres y apenas han llegado a nosotros. [...] Aben Guzmán, frente a la inmensa mayoría de los poetas árabes, representa la exaltación de una cualidad que para nosotros es, en su más amplio sentido, consustancial con la poesía, y para los árabes no lo es: la gracia, la súbita vibración psicológica, la espontaneidad.

[...]

Nuestro poeta no escribe en correcto árabe clásico, sino en su dialecto vulgar cordobés, empedrado de palabras extrañas (romances, beréberes, etc.).



Zéjel 118

Ha llegado la fiesta, mas, por impedimentos,
en lugar de víctima, he degollado una cebolla.
Fui a desollarla y no le encontré pata:
allí mismo la pelé a mano;
la piel se estropeaba y rompía,
y, si de curtirla habláis, se pudrirá.
Tormento tuve mientras la pelaba:
lloraban mis ojos, se me quejaba el cuerpo,
y decía: «De dura no me he de cocinar,
ni freír: ahórrate la pimienta.»
Encontré algo blanco y dije: «Niño, anda,
trae una fuente para poner la grasa.»
¿Manteca todo? No hallé sino tumor
como un puño, más duro que guijarro.
Cogí un cuchillo, todavía osado,
más, en cogiéndolo, se puso el caso difícil:
flaca es, no sirve para víctima,
ni tiene nada de que hacer fritura.
Estas rimas lancé descuidadamente,
mi mente fue el arco, la pluma, el dardo,
tinta puse en lugar de ponzoña,
y acerté plenamente en los conceptos.
No digas que tiro de mi reserva,
que el inspirado habla improvisado,
y las rimas no se atreven a hiparme,
pues soy bufón, y ellas, los cascabeles.

(Traducción de Federico Corriente).

Otra versión, de García Gómez, en El mejor Ben Quzman en cuarenta zéjeles:

Festejé ya mi día de Pascua:                   
por carnero maté una cebolla.                

No la pude colgar de una pata                 
y empecé a desollarla allí mismo.                      
No es flexible el pellejo, y se rompe;                 
si dices de curtirlo, me mato.                 

Grande apuro me entró al desollarla,               
me cansé, me lloraban los ojos.             
Me decía: «Soy dura, y no cuezo,                       
y echa mucha pimienta al freírme».                 

Dije viendo lo blanco: «Un lebrillo,                  
chico, trae en que ponga esta pringue».                       
Mas divieso y tumor lo hallé todo,                    
cual galleta más dura que peña.             

Si empuñé aún el cuchillo, animoso,                
no era, a fe, cosa fácil usarlo.                  
Mala víctima...                    
No hay en ella siquiera asadura.            

Disparé de repente estos versos             
-arco el genio, saeta la pluma,                
venenoso yerbajo la tinta            
y he logrado coger las ideas.                   

Nunca usé repertorio guardado.            
De improviso me viene la vena.             
Cacarearme no pueden las rimas:                     
soy azor y ellas son como el chalchal.



Zéjel, 30 (vv. 2-3)

Me admiro de algunos amantes
que un beso en la boca les basta
No son tales mis maneras
ni principios, ni tal apruebo,
sino pasión de asno: huele y monta.
Son cual sabes mis picardías,
sin las que no paso instante,
pues si entre los hombres hay
quien es pederasta o fornicador,
yo ambas cualidades tengo.



Zéjel, 90 (vv. 10-13)

«¿Señora di: adárgama eres o qué?»
«A dormir vengo, pardiez, dices bien.»
«Pues andando», dije. Y ella. «Primero tú».
(Cuernos pongamos a su marido.)
Tan pronto vi aquella pierna
y los ojos hermosos, gallardos,
hizo mi pene tienda en los zargüelles,
formando en la ropa como un pabellón.
En viendo la criatura acostada,
quiso la polla entrar en el nido:
¿cómo podría fallar en aquel peludo?
Aquí dirán todos: «¡Sinvergüenza!»
Empecé, pardiez, el trabajo;
he aquí que sale, hételo que entró;
empujo yo dulce, dulce como la miel,
y eyaculo caliente entre sus piernas.







Al-Muktafī II (1096-1160)

Se trata del califa XXXI de la dinastía ‘Abbāsí, conocido como Al-Muktafī II, que gobernó durante 24 años (1136-1160), no sólo en Bagdad —como sus predecesores más cercanos—, sino también en Iraq, merced a las pugnas internas entre los turcos selŷūquíes.  

__________
Nota del antólogo: Sirva el siguiente poema de Al-Mutanabbī —en traducción de Josefina Veglison Elías de Molins— para ejemplificar la pérdida de poder de los ‘abbāsíes:

Las cuitas son la mejor disculpa a tus lágrimas,
que de antiguo vienen.
La gente es lo que sus reyes
y los árabes no prosperarán con unos reyes que no son árabes;
no tienen modales, palabra, juicio; no saben de pactos.
En toda tierra que hollé vi cómo las naciones, cual ganado,
son pastoreadas por un siervo
que halla la seda áspera al tacto
y con sus garras afila el cálamo.
Aunque censure a los que me envidian, no niego lo inevitable.



El Conde de Noroña traduce el siguiente epigrama (Obra citada, pág. 149):

A un mujer
que decía estar apasionada de él en su vejez

Me dices que me adoras, embustera;
así se halaga el juvenil deseo:
Di: te aborrezco; y te diré: lo creo,
que al viejo no hay ninguno que lo quiera.





Ibn Sahl al-Yakkī (m. 1165)

Abū Bakr Yaḥyà ibn Sahl nació en Yecla (Murcia). Literato y poeta al que aš-Šaqundī calificó como “maestro de la sátira en todo el Occidente islámico”. En su Mushib, enciclopedia de autores andalusíes, ‘Abd Allāh ibn Ibrāhīm al-Ḥiŷārī, contemporáneo del yeclano, dice: “Este hombre es el Ibn Rūmī de nuestra época y el Ḥuṭay’a de nuestro tiempo.”

Se sabe que lo mismo elogió que atacó a los almorávides. Al-Maqqarī cuenta que debido a que al-Yakkī se excedió en sus sátiras contra los habitantes de Fez, éstos buscaron arruinarlo, presentando a un hombre que le reclamaba una deuda. Prestaron testimonio contra él un alfaquí y un respetable hombre viejo. Se pronunció la sentencia, ordenándose el encarcelamiento. Un funcionario llegó a su casa, donde el poeta pidió una hoja a su secretario y escribió versos infamantes contra aquellos que habían instigado y participado del proceso, documento que hizo llegar al principal de ellos.





‘Abd al-Raḥmān al-Kutandī (m. circa 1187)

Muḥammad ibn ‘Abd al-Raḥmān al-Kutandī fue alfaquí, literato, secretario, poeta y prosista. Nació en Cutanda, pero desarrolló su vida en Granada, donde se relacionó con los autores más célebres de su época. Formó parte de un grupo de poetas libertinos llamados māŷin.



[Oda satírica a Abū Ŷa‘far ibn Saʻīd]

Oh, Abū Ŷa‘far, el hijo de los nobles más ilustres,
que estás a solas con quien amas pese a los envidiosos,
y que sabe ocultar vuestro escondite.
Cuando el amante está junto a su amada,
pasa él la noche a los placeres
entregado en compañía de cinco jovencitas.

(Traducción de Teresa Garulo).


Abū Ŷa‘far ibn Saʻīd (m. 1163)



La alcahueta

Alcahueta que hace gala de su oprobio,
más encubridora que la noche para el caminante.

Entra en toda casa, y nadie sabe
hasta qué punto penetra en ella.

Cortés, acogedora del que encuentra;
sus pasos no molestan al vecino

Su manto no se dobla nunca,
más inquieto que bandera de combate.

Aprendió, desde que conoció su utilidad,
la diferencia que hay entre crimen y astucia.

Ignora dónde está la mezquita,
pero conoce bien las tabernas.

Sonríe siempre, es muy piadosa,
sabe muchos chistes y cuentos.

Posee la ciencia de las matemáticas
y la industria de hacer horóscopos y hechizos.

No puede pagarse zapatos de su bolsa,
pero es rica en medio de la miseria.

Capaz sería, por lo suave de sus palabras,
de unir el agua con el fuego.



(Traducción de Emilio García Gómez).



Abū Ŷa‘far ibn Saʻīd (m. 1163)



La alcahueta

Alcahueta que hace gala de su oprobio,
más encubridora que la noche para el caminante.

Entra en toda casa, y nadie sabe
hasta qué punto penetra en ella.

Cortés, acogedora del que encuentra;
sus pasos no molestan al vecino

Su manto no se dobla nunca,
más inquieto que bandera de combate.

Aprendió, desde que conoció su utilidad,
la diferencia que hay entre crimen y astucia.

Ignora dónde está la mezquita,
pero conoce bien las tabernas.

Sonríe siempre, es muy piadosa,
sabe muchos chistes y cuentos.

Posee la ciencia de las matemáticas
y la industria de hacer horóscopos y hechizos.

No puede pagarse zapatos de su bolsa,
pero es rica en medio de la miseria.

Capaz sería, por lo suave de sus palabras,
de unir el agua con el fuego.



(Traducción de Emilio García Gómez).





Ḥafa bint al-Ḥāŷŷ, ar-Rakūniyya (1135-1191)

También conocida como Ḥafa bint al-Rakūnī. Nació en Granada. Su sobrenombre, al-Rakūniyya, se deriva de Rakūna, un tipo de salón literario. Vivió entre la caída de la dinastía Almorávide y la ascensión de los Almohades. Aunque la mayor parte de su producción poética es amorosa, también cultivó la sátira.

Ibn al-Jaīb dijo de ella: “Granadina, fue única en su tiempo por su belleza, elegancia, cultura literaria y mordacidad.”

Se trata de una de las escritoras más conocidas de al-Andalus, tanto por su obra —se conservan 17 poemas—, como por su vida —amante del también poeta Abū Ŷa‘far ibn Saʻīd, quien satirizó y participó de la rebelión en contra de Abū Sa‘īd ‘Umān, gobernador almohade de Granada que también se enamoró de la poetisa, y lo que a la postre le causó la muerte.






Estatua de Washington Irving en la Alhambra.
Foto: Fernando López.





Washington Irving, basándose en fuentes árabes, narra la historia de Ḥafa:

Aḥmad y Ḥafa florecieron en el siglo sexto de la Hégira, duodécimo de la era cristiana. [...]

De amable corazón susceptible y extremadamente sensible al encanto femenino, se convirtió en el fiel amante de Ḥafa. La pasión era mutua y por una vez el curso del amor verdadero parecía correr tranquilo. Ambos amantes eran jóvenes, iguales en mérito, fama, rango y fortuna; enamorados tanto del ingenio del otro como de su persona, y residiendo en una región dispuesta a ser el reino del amor y la poesía. Una relación poética se llevó a cabo entre ellos e hizo las delicias de Granada.

En la cima de su felicidad se produjo un cambio en el gobierno de Granada. Fue el momento en que los Almohades, una tribu beréber del monte Atlas, adquirieron el control de la España musulmana y mudaron la sede del gobierno de Córdoba a Marruecos. El sultán ‘Abd al-Mu’min gobernaba España por medio de valíes y alcaides, e hizo valí de Granada a su hijo, Sīdī Abū Sa‘īd.

[...] y con este propósito nombró a Aḥmad, que entonces estaba en el cenit de su fama y su popularidad, como su visir. Aḥmad hubiera declinado el puesto, pero el valí fue perentorio.

[...] Alguien repitió sus palabras a Sīdī Abū Sa‘īd. Aḥmad —dijo el informante—, rechaza comportarse y se burla de tu autoridad. El poeta fue destituido de su cargo inmediatamente. El vālī era su rival. Había visto y se había enamorado de Ḥafa.

[...] Durante algún tiempo Aḥmad trató el asunto con burla; y apeló al prejuicio existente entre las razas árabe y mora. Sīdī Abū Sa‘īd tenía una tez aceitunada oscura. —¿Cómo puedes soportar a ese negro? —decía, con desprecio. ¡Por Alá, por veinte dinares puedo comprarte uno mejor que él en el mercado de esclavos!

Las burlas llegaron a oídos de Sīdī Abū Sa‘īd y afligieron su corazón.

[...] Encolerizado por los celos y la desesperación, Aḥmad se unió a la conspiración contra la dinastía gobernante. Fue descubierta y los conspiradores huyeron de Granada. Algunos escaparon a un castillo en las montañas; Aḥmad se refugió en Málaga, donde se ocultó, intentando embarcar para Valencia. Fue capturado, cargado de cadenas y lo arrojaron a una mazmorra a la espera de la decisión de Sīdī Abū Sa‘īd. [...] Su presentimiento fue correcto. La venganza de Sīdī Abū Sa‘īd sólo podía satisfacerse por la sangre de su rival, y el infortunado Aḥmad fue decapitado en Málaga, en el mes de Jumadī, en el año 599 de la Hégira (abril de 1964). Cuando las noticias llegaron a la veleidosa Ḥafa, abatida por la pena y el remordimiento, se vistió de luto por Aḥmad, evocando sus palabras de advertencia y se reprochó haber sido la causa de su muerte.


No dispongo de más rastro de la suerte posterior de Ḥafa que aquel de que falleció en Marruecos, en 1184, sobreviviendo a sus dos amantes, pues Sīdī Abū Sa‘īd murió en Marruecos durante la peste de 1175. [...]

__________
Nota del antólogo: Friedrich von Schack (Obra citada, IV, Cantos de amor) se hace eco de al-Maqqarī:

Ḥafṣa, célebre poetisa granadina, no menos encomiada por su hermosura que por su extraordinario talento, tenía relaciones amorosas con el poeta Abū Ŷa‘far. El gobernador de Granada puso en ella los ojos, y como celoso, empezó a tender lazos contra su rival. Ḥafṣa se vio obligada a obrar con mucho recato, y estuvo dos meses sin contestar a un billete que su amante le había escrito pidiéndole una cita. Abū Ŷa‘far le volvió a escribir entonces:

Tú, a quien escribí el billete,                 
a nombrarte no me atrevo,                     
di, ¿por qué no satisfaces                        
mi enamorado deseo?                              
Tu tardanza me asesina;                         
de afán impaciente muero.                    
¡Cuántas noches he pasado                    
dando mil quejas al viento                     
cuando las mismas palomas                  
no perturban el silencio!                         
¡Infelices los amantes                               
que del adorado dueño                            
ni una respuesta consiguen,                  
ni esperanza ni consuelo!                        
Si es que no quieres matarme                
de dolor, responde presto.                      

Abū Ŷa‘far envió a su querida este segundo billete con su esclavo ‘Asām y ella contestó al punto en el mismo metro y con la misma rima:

Tú, que presumes de arder                     
en más encendido afecto,                       
sabe que me desagradan                         
tu billete y tus lamentos.                        
Jamás fue tan quejumbroso                   
el amor que es verdadero,                       
porque confía y desecha                          
los apocados recelos.                 
Contigo está la victoria:                           
no imagines vencimientos.                    
Siempre las nubes esconden                 
fecunda lluvia en el seno.                       
Y siempre ofrece la Palma                       
fresca sombra y blando lecho.                               
No te quejes; que harto sabes                
la causa de mi silencio.                            

Ḥafṣa entregó esta contestación al mismo esclavo que le había traído el billete de Abū Ŷa‘far, y al despedirle, prorrumpió en invectivas contra él y contra su amo. —Mal haya —dijo— el mensajero, y mal haya quien le envía. Ambos son para poco y no quiero tratar con ellos. El esclavo volvió muy afligido a donde estaba Abū Ŷa‘far, y mientras éste leía la respuesta, no cesó de quejarse de la crueldad de Ḥafṣa. Cuando Abū Ŷa‘far hubo leído, le interrumpió, exclamando: —Necio ¿qué locura es ésa? Ḥafṣa me promete una cita en el quiosco de mi jardín que se llama la Palma. En efecto se apresuró a ir allí, y Ḥafṣa no se hizo esperar mucho tiempo. Abū Ŷa‘far quiso darla nuevas quejas, pero la poetisa, dijo:

Ya basta; juntos estamos;                       
cuanto ha pasado olvidemos.



[Sátira contra Abū Ŷa‘far ibn Saʻīd]

¡Oh tú que eras el hombre más fino del mundo
antes que el destino te hiciera caer!
Estás enamorado de una negra como la noche,
donde se ocultan los encantos de la belleza;
donde no se ve la hermosura del rostro,
ni, desde luego, el rubor de sus mejillas.
¡Dime tú que sabes tanto de amar a las formas bellas!
¿Quién puede amar un jardín que no tiene flores?

(Traducción de María Jesús Rubiera Mata).



[Al mismo]

Deja de enumerar mis faltas
Cada vez que nos vemos,
¡ea! no contaré las tuyas,
no cuentes tú las mías.



[Sátira contra el mismo]

Dile a ese poeta de quien nos ha librado
el que se haya caído sobre mierda:
vuelve a tu pozo, hijo de la mierda,
igual que hace la mierda.
Y si vuelves a vernos algún día,
verás, oh tú, el más despreciable y vil,
sin discusión, de entre los hombres
que esa es la suerte que te espera
si andas medio dormido.
¡Barba que ama la mierda y odia el ámbar,
que no permita Dios que nadie vaya a verte
hasta que te hayan enterrado!

(Traducción de Teresa Garulo).





Ibnat Muḥammad bint Fierro (s. XII)

Ibnat Muḥammad bint Fierro al-Uwamī al-Tuīlī. Según los datos que se conservan, ella y su hermana mayor Sa‘īda vivían en Marrākuš, donde llevaban una vida recatada y virtuosa, aplicándose a la lectura del Corán.

Los siguientes versos son de Sa‘īda sobre un pariente suyo, y los remite a su hermana:

Te has mostrado avariento y la avaricia
es una enfermedad que no tiene remedio,
curanderos y médicos son impotentes.
Te has sometido a tu codicia
hasta el punto que no imitas,
igual que hace la gente, a los profetas,
y así, cuando te piden un suplicante
que invoca a Dios por su pobreza,
y por su gran miseria, solo dices “Amén”.





Nazhūn bint al-Qalā’ī (s. XII)

Poetisa de inspiración desvergonzada y libertina —de ahí que se le califique de māŷina— que nació en Granada. Se dice que intercambió sátiras con al-Kutandī e Ibn Quzmān.

La investigadora Teresa Garulo recoge las siguientes anécdotas en Dīwān de las poetisas de al-Ándalus: Nazhūn fue invitada a casa del gobernador de Granada, Abū Bākr Ibn Sa‘īd. Éste había organizado una reunión a la que también asistió el poeta al-Majzūmī de Almódovar [“El Ciego de Toledo” o “el Sátiro de al-Andalus”]. Durante la velada se produce un altercado que sube de tono:



[...] Al-Majzūmī preguntó: —¿Quién es esta mujer tan distinguida? Una vieja, contestó la poetisa, que podría ser tu madre. Mientes, dijo el ciego, no es ésa la voz de una vieja, sino el acento de una puta en celo cuyo hedor se huele a una legua de distancia. —En ese momento intervino Abū Bākr Ibn Sa‘īd: —Maestro, ésta es Nazhūn bint al-Qalā’ī, la poetisa. —Y dijo al-Majzūmī: —He oído hablar de ella; ¡que Dios no le permita oír nada bueno ni le muestre más que vergas! —Y Nazhūn gritó: —Viejo infame que te contradices, ¿qué tipo de bien puede escuchar de ti una mujer? El poeta, después de meditar un rato, recitó:

Sobre la cara de Nazhūn hay una sombra de belleza
y bajo sus vestidos aparece la vergüenza;
los que a Nazhūn acuden, dejan a las demás:
quien se dirige al mar, menosprecia las acequias.

Frente a estos insultos Nazhūn responde airadamente:

Di a ese hombre rastrero unas palabras
que se repitan hasta el día del juicio:
En Almodóvar te criaste,
donde la mierda extiende su perfume,
donde incivilizados nómadas caminan con orgullo,
por eso te enamoras de todo lo redondo;
naciste ciego y amas a los tuertos.
He pagado poema por poema;
por mi vida, ahora dime quién es mejor poeta;
si soy mujer por mi naturaleza
mi poesía es hombre.

Escucha, dijo al-Majzūmī:

Pregúntale a Nazhūn que tiene
Que arrastra con orgullo las orlas del vestido,
Aunque si hubiera visto un pijo
Las faldas, como suele, se hubiera remangado.

En ese momento intervino el gobernador de Granada jurando que ninguno de los dos diría una palabra más satirizando al otro.

[...]

Otros testimonios de la lengua afilada de Nazhūn aparecen en las fuentes árabes; entre ellos destaca la descripción que hizo de Ibn Quzmān, el celebre zelejero, cuando llegó a Granada y se reunió con otros poetas. Quzmān era bastante feo, y al verlo vestido de amarillo, Nazhūn exclamó: —¡Que bien vestido vas!, vaca de los israelitas, solo que tú no alegras a los que te miran. En este caso Ibn Quzmān no se quedó cortado y contestó: —Si no alegro a los que me ven, al menos alegro a los que me oyen; tú eres quien tendrías que alegrar a los que te mirasen, ramera.

En otras ocasiones es ella la insultada primero, como cuando uno le dijo: —Quien come contigo merece quinientos azotes. Y la poetisa contesta:

¡Desgraciado que al verme
cree que se cumple su deseo
de encender a mi costa el fuego del combate!
Vete a comer por ahí y buen provecho,
que yo he sido creada
para vestir sedas y lino.

Otro de los poemas de Nazhūn también está dirigido a un pelma, que, enamorado de la poetisa, se atrevió a pedirla en matrimonio. Dice así:

¿Quién me defenderá de un amante de plomo,
tardo para entender insinuaciones y deseos,
que quiere unirse a una mujer
que ni siquiera le daría bofetadas
aunque se las pidiese
ni en la cabeza que precisa un cauterio,
ni en la cara, que está pidiendo un velo?

El mismo poema en versión de María Jesús Rubiera Mata:

¿Quién me defenderá de este amante antipático,
que no entiende los gestos y los deseos?
Quiere unirse a alguien que no le daría
ni siquiera una bofetada;
con una cabeza necesitada de un cauterio
y un rostro necesitado de un velo.





Al-Šilbiyya (s. XII)

También as-Šilbiyya. Se desconoce el nombre de la autora. Únicamente, por el contexto, se deduce que era oriunda de Silves y que vivió a finales del siglo XII.

Se señala que escribió el siguiente poema para quejarse de los gobernantes de su ciudad, así como del encargado de los impuestos, y que lo arrojó el viernes en la mezquita sobre la alfombra de oración del tercer califa almohade, Ya‘qūb al-Mansūr, quien al terminar de rezar lo leyó e indagó sobre el asunto, recompensándola:



Ha llegado un momento
en que lloran los ojos más reacios,
y aún veo que las piedras también lloran.
Tú que viajas a la gran ciudad y de quien tanto se espera,
si el Misericordioso ha decretado alajar la injusticia
grita ante el príncipe cuando a su puerta te detengas:
“Pastor, tu grey está ya aniquilada,
la enviaste sin guarda y carece de pastos,
y la dejaste como presa de las depredadoras fieras.
Silves ya no es hoy como era,
pues era un paraíso y los tiranos
en un infierno ardiente la han trocado;
injustamente actúan y no temen el castigo del Señor,
mas a Dios no se le oculta lo secreto”.

(Traducción de Teresa Garulo).





‘Alī Ibn Ḥarīq (1156-1225)

Poeta y filólogo. Ocupó diversos cargos bajo el gobierno almohade. Maestro del polígrafo Ibn al-Abbār (1199-1260). Fue quemado vivo junto a sus libros por una sátira remitida al califa al-Mustanir. Destacó en la poesía satírica y descriptiva.



Sobre su natal Valencia improvisó algunos versos, respondiendo a Ibn ‘Ayyāš:

“Valencia es la morada de toda la belleza”,
Esto dijeron tanto en Oriente como en Occidente;
si alguien dice que los precios son altos,
y que la lluvia de la batalla cae sobre ella,
di: “¡Es un paraíso rodeado
de dos desgracias: la hambruna y la guerra!”

(Traducción mía a partir del texto en inglés de Alois Richard Nykl).





Umm al-Sa‘d (m. circa 1242)

Umm al-Sa‘d bint ‘Iām bint Aḥmad bint Muḥammad bint Ibrāhīm bint Yaḥyà bint Jalṣa al-Himyarī al-Kutāmī, al-Ḥimyariyya al-Qurubiyya, mejor conocida como Sa‘dūna. Poetisa y prosista. Murió en Málaga.



Sé amigo del extraño y no te acerques
a tus parientes, pues tus familiares
como los escorpiones son,
y aún peor que ellos.

(Traducción de Teresa Garulo).





Sahl Ibn Mālik al-Azdī (1163-1249)

Nació en Cújar. Tradicionista, alfaquí, literato, prosista, poeta y arráez de Granada bajo el gobierno de los almohades. García Gómez se refiere a él como “el alfaquí granadino, Sahl ben Mālik”.



El alba

Cuando apareció la luz de la aurora y la vi sacudirse
de su límpida frente el sudor del rocío,

dije a mi amada: «Temo que el sol descubra
nuestro secreto»; mas ella dijo: «¡A Dios no plazca
que me descubra mi hermano!»

(Traducción de Emilio García Gómez).





Ibn al-Muraḥḥal (1207-1300)

Abū l-Ḥakam Mālik ibn al-Muraḥḥal fue un poeta y filólogo malagueño que creció en Ceuta. Fue kātib, secretario, del sultán merīní Abū Ya‘qūb.



Las mujeres me han engañado y han usado argucias conmigo.
¡Oh cuántas canciones se han compuesto
mencionando a las mujeres y sus astucias!
Me citaron en una hermosa casa que me indicaron
y me engañaron con una joven deforme, horrenda.
Miré a mi compañera, pensativo, ponderado, con atención;
la encontré tapada por diversos velos.
La atraje hacia mí e intenté quitar el velo
que ocultaba su rostro, pero se puso a forcejear, negándose,
con tenaz persistencia.
Noté que se asustaba y al fin descubrí su cabeza movido por la irritación,
encolerizado como un combatiente.
Y me la encontré calva, de modo que pensabas
que debían haber golpeado su cabeza con una fusta.
Bizca, de modo que creías que miraba a su pierna y en cambio estaba mirando
a otro sitio, te la imaginabas totalmente pasmada en el medio de la calle.
Chata, suponías que la boñiga de su nariz había sido cortada de un tajo aunque
por ello no recibió castigo de amputación la mano de su verdugo.
Sorda, que nada oiría así fuera pregonada ni siquiera con tambores o ejercito de moscardones.
Muda hasta tal punto que si desea hablar emite un sonido de cabra trinado a voz de cabrito lechal.
Sus dientes totalmente desiguales, al encontrarse,
parecían emitir ventosidades, las ventosidades del ahíto.
Coja, cuando se levantaba intentando caminar,
creías estar viendo a un encorvado o uno que renquea.

                                                                          (Traducción de José Manuel Continente Ferrer).





Ibn Rašiq al-Mursī (s. XIII)

Abū ‘Alī al-Ḥusayn Ibn Rašīq al-Mursī. Secretario y poeta murciano.

En el artículo “Abū ‘Alī al-Ḥusayn Ibn Rašīq al-Mursī, un poeta murciano del siglo XIII en la Iḥāa de Ben al-Jaīb” del libro Homenaje al profesor Juan Torres Fontes (Universidad de Murcia, 1987, Vol. 2, págs. 1741-48), el investigador Fernando Nicolás Velázquez Basanta tradujo esta casida satírica de Ibn Rašiq, que metió en un estuche de madera con el mensaje de “Correo urgente para Mālik ibn al-Muraḥḥal”:

Tomó un perro, se lo ató al pescuezo, le propinó una buena paliza para que no se metiera en ninguna casa ni se detuviera y lo echó con aquello discretamente a la calle. El perro salió corriendo, perseguido por un tropel de gente que, al leer la dirección escrita en el estuche, lo condujeron a Abū l-Ḥakam ibn al-Muraḥḥal, descolgaron el estuche del cuello del perro y se lo entregaron, conociendo éste, a través de él, toda una marrullería que llevaba su sello, si bien se apartaba de su manera habitual de proceder.

Los canes ceutíes son buenos labradores,
pero Mālik es, en eso, más conspicuo:
viejo que ha diluido la vida en ocio,
cuyos embustes le tienen dislocadas las mandíbulas;
perro mordedor de toda reputación,
viperina lengua para la mujer honesta;
sospechoso de connivencia con los blasfemos,
mófase, en cambio, de los temerosos de Dios;
su más grata cualidad es el dicterio infundado,
su más honesto proceder, la burla estúpida;
lo que mayor placer le causa en la tertulia
es difamar a las esposas de los reunidos;
el vil, por diversión, le sigue en sus ocurrencias,
el devoto, por el contra, detesta su visión.
Si existiese un individuo cuyo discurso se trocase
en excremento, masticaría entonces sus propias heces
y sería como el reptil, que arroja por la boca
lo que su vientre encierra y no retiene;
su aliento y su ventosidad serían de un mismo elemento,
toses y pedos estarían asociados.
Entre las cosas dispuestas por Dios, ¿qué sería de
un odre, si unos molares risueños lo mordiesen?
En su poesía hay enterrados tantos tesoros y cadáveres
de sello ŷahīlī, que ni el osado los aceptaría.
El primer hemistiquio contradice al segundo,
mansión de solterones uno, matrimonio mal avenido el otro,
Los hombres han generalizado su maldición,
maldíganlo también los ángeles en el cielo.
Pero lo más asombroso es que sus palabras
son almizcle impuro que emana de su condición.
Si pasa por un campo feraz, póstrase indolente,
berreando como camello echado,
y gatea en la noche oscura a la carrera,
como el avestruz trotón, hacia la prostitución.
Desechó la seriedad porque unos niños se burlaban de él,
y sus bigotes eran para ellos estera y estrado.
Sus defectos les eran patentes porque él
les hacía daño con procedimientos inadecuados.
El tiempo llora sus radicales «cambios de chaqueta»,
mientras él se ríe divertido.
Las lenguas lo aconsejarían con la más pura elocuencia,
en caso de que al condenado pudieran salvarle los consejos.
¡Arrepiéntete, oh nonagenario!, pues has traspasado
el límite de edad que habría hecho feliz a Mālik.
¿Acaso no está viendo ya imitación entre tus nietos?
Un niño se acuesta con su abuelo, y éste pretende que eso es ascetismo.
¡De ningún modo! ¿Quién lo querría en su compañía,
con sus defectos de esclavo sumiso al amo?
¡Oh Ibn al-Muraḥḥal!, si hubieses contemplado a Muraḥḥal
con la cruz doblegada bajo la carga,
acosado de censuras, sin que hubiese reunión
en la que no recibiese el cogotazo de algún acreedor,
montura de placer de una mujer obstinada y despreciable,
entre cuyos revolcones te veo,
habrías notado la mirada de unos ojos viles,
manos que se alzan para propinarte un pescozón,
y habrías dejado de censurar al género humano,
pues la pendenciera antagonista de tu parte te habría doblegado.
Juro por Quien elevó al cielo su lugar,
ante el que pronto estará la envoltura espinosa de tu alma,
que diré a cuántos has seducido con tus canas blancas,
encubridoras de una superficie negrísima:
no os fiéis del lobo que rechaza el mal,
porque si lo dejáis suelto, os devorará.
Para el rey impecable es vergonzoso
que similar conducta se tenga por digna de reyes,
pues sus palabras son para la fe un veneno mortal,
y su cobardía es como un mal que mancilla toda fama.
¡Sobre él y sobre quien lo escuche
caiga súbitamente la desgracia y una pronta ruina,
y que de su propia casa salga quien pronto se lo lleve
por la sangre de los puñales con puñales derramada!

Retrasó ibn al-Muraḥḥal por algún tiempo la preparación de unos dardos de vuelta, y por fin se decidió a replicarle diciendo:

Los perros de los estercoleros han salpicado
con sus orines la puerta de mi casa;
con el bastón les habría yo vapuleado,
pero sólo han osado ladrar tras las paredes.





Ibn Nubāta al-Mirī (1287-1366)

Nació en El Cairo. Poeta y prosista de formación religiosa y erudita del período mameluco, quien no ha de confundirse con su homónimo, Ibn Nubāta (m.984), cortesano de Sayf al-Dawla, autor de sermones.

Escribió un comentario sobre la risāla hazliyya de Ibn Zaydūn. Vivió en Egipto y Siria. Ocupó el cargo de conservador de la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. Murió en la miseria.



Me quejo a Dios
de la enorme pobreza y vergüenza que sufro.
Soy ya algo tan vil y desnudo
que lo único caliente
que poseo, es la lengua.

[...]

(Traducción de Pedro Martínez Montávez).





Ibn al-Ḥāŷŷ al-Lurquī*

Únicamente tengo noticia de que este poeta estuvo en Sevilla, de donde marchó por no recibir las atenciones esperadas, gracias al doctor Ahmad Chafic Damaj, que sigue al antólogo Ibn Jāqān.



[Contra el intendente Ibn Māḍī, quien no lo trató bien]

Llegamos y nos encontramos
con lo que Ibn Māḍī gestiona.
Lo más extraño, ciertamente, es que alguien como yo
se aloje con ellos y se marche descontento.



[Contra el rey de Sevilla]

He vivido entre ellos como un huésped durante tres meses,
sin recibir los alimentos de la hospitalidad,
y después me he puesto en el camino,
sin las provisiones del viaje.





Abū ‘Abd Allāh ibn Ḥarbala*



¡Oh! Soltero, no humilles tu alma
acostumbrada al prestigio y a la alegría
con una esposa, porque el matrimonio es una vileza:
si se casa un perro, no ladrará.

__________
Nota del antólogo: No he podido encontrar más datos que aquellos que proporciona Nadia Safi en su artículo La corriente misógina en al-Andalus a través de la poesía árabe y hebrea (Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, Sección Árabe-Islam, 2011, 60, págs. 287-88), donde se menciona que el poema aparece en al-Katība al-kāmina de Ibn al-Jaṭīb.





Anónimo



Necesitaba la muerte de mi esposa
pero mi mala mujer ha permanecido longeva.
¡Ojalá haya ido a la tumba rápidamente,
y le hayan hecho sufrir Nākir y Munkar!

__________
“En la religión islámica Nākir y Munkar son los ángeles que interrogan a los muertos acerca de su fe”.

(Traducción de Nadia Safi).










Como un halcón con el corazón abatido
como una tempestad mellada
a las puertas de la ciudad
yo me recuesto
y de mi espalda
corto los despojos de los amigos

Me acuerdo de mi abuela
de su larga pipa
poco caso haré de las primeras conquistas árabes
apenas imaginaré en París el término del viaje
en nada me lamentaré sobre la suerte de los Pirineos
fundiéndose en nuestras manos
como copo de nieve

Para Al-Ghāfiki
por nada tenderé mis manos hacia Dios
en el paso del cortejo
del rey de Bany Al-Ahmar
jamás ordenaré a mis chambelanes
saludarlo

Jamás olvidaré
el sable ni la suerte
jamás olvidaré
el oro ni la plata
jamás olvidaré
al tunante ni a las cabras
que vienen a beber
en los cuencos perforados de mis manos

A las puertas de la ciudad
yo me recuesto
el corazón abatido
como un halcón
sin raíz
como una tempestad

Amjad Nāṣir (1955), Sátira.
 (Versión de Rafael Patiño,
a partir de la traducción directa
al inglés de Khaled Mattawa). 









Apéndice
Los árabes en España

Ofrezco íntegro el apartado VII, Panegíricos y sátiras, dedicado a este último género, así como una selección del IX, Poesías varias, de Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia de Adolf Friedrich von Schack; traducido del alemán por Juan Valera:



Casi con el mismo celo que el encomio, era cultivada la sátira, y es admirable el atrevimiento con que los poetas solían disparar los más agudos dardos contra los poderosos. Véase, por ejemplo, esta composición, escrita cuando al-Manṣūr, el poderoso ministro del impotente omeya Hišām, gobernaba el imperio:

De cuanto en torno contemplo                                                 
en verdad me maravillo;              
este mal que nos aqueja              
no puede tener alivio.                   
el alma creer no quiere                
lo que los ojos han visto.             
¿Cómo, si viven aún                     
de omeya los nobles hijos,                      
pretende subir al trono                
un giboso advenedizo?                 
¿Por qué los fuertes guerreros,              
de sus armas con el brillo,                      
circundan el palanquín                
pomposo donde va el jimio?                   
¿Por qué ocultáis, Banū Omeyas,                      
vuestros rostros tan queridos,               
que cual las Pléyades daban                    
sus resplandores benignos?                    
Leones erais, y ¡oh mengua!                   
Os domó el zorro ladino.             

A veces aparece la sátira como parodia de la qaṣīda encomiástica, y empieza también con pinturas de la vida del desierto. Así es que Ibn ‘Ammār, en unos versos que compuso contra al-Mu‘tamid, rey de Sevilla, empieza saludando a una tribu de beduinos que hay en Occidente, y en cuyo campamento las tiendas se aprietan unas a otras; pero en vez de proseguir con los amorosos recuerdos de su querida, habla burlescamente el poeta de la aldea de donde procede la familia del rey, y la llama la capital del mundo; después se complace en escarnecer a la mujer del rey, que no vale más que el cabestro de un camello, etc.

También los poetas se perseguían entre sí con sátiras literarias. Con estos versos zahería Ibn Ujt Gānim a su rival Ibn Šaraf de Berja:

Se cree en Irak nacido                  
este coplero de Berja,                   
se finge que es un Buturī,                     
y se declara poeta.              
Cuando sus coplas recita,             
se aburren hasta las piedras,                  
y quien no muere al oírle,                       
en no volver sólo piensa              
a escuchar del chafallón               
las obrillas chapuceras.                
¡Oh Ŷa‘far, cómo tus versos                    
este infeliz estropea!                     
¡Cómo a los grandes ingenios                 
groseramente remeda!                 
Del licor que beben ellos             
no quiere el cielo que beba;                    
infeccionan la poesía                    
sus labios cuando la besan.                     

Como la mayor parte de las poesías de este género, más que a censurar en general las debilidades humanas, van dirigidas contra determinadas personas y han sido compuestas en circunstancias especiales, no ofrecen sino poquísimo interés a la posteridad. Me limitaré, pues, para terminar este capítulo, a citar aquí algunos versos epigramáticos.

El poeta al-Nalī, protegido del rey de Almería al-Mu‘taṣim, en un viaje, que hizo a Sevilla, se presentó en la corte del rey al-Mu‘taḍid, y dejó que se le escapasen los siguientes versos en una poesía encomiástica:

Mu‘taḍid, con tu triunfo celebrado                   
las berberiscas tribus exterminas;                    
también al-Mu‘taṣim ha exterminado             
la casta de los pollos y gallinas.              

No sospechando que esta burla fuese conocida de su antiguo valedor, el poeta se volvió a Almería, y a poco recibió una invitación para ir a cenar con el rey. Apenas entró en el comedor, al-Mu‘taṣim le acogió con suma benevolencia y le llevó delante de una mesa cubierta toda de pollos y gallinas. «Quería mostrarte, le dijo, que toda esta casta no ha sido completamente exterminada por mí».

El poeta al-uṣrī, mientras que se hallaba en África, fue convidado por al-Mu‘tamid para que viniese a su corte, pero se excusó diciendo:

Quieres que pase el mar en un madero.                      
Bendígate el Señor, mas yo no quiero.             
Para pasarle a pie no soy Mesías,                       
ni eres Noé, pues arca no me envías.



[...]

Ibn al-Ḥabbād, aunque era un tierno poeta erótico, escribió estos versos en un momento de mal humor:

Si te engaña tu querida,               
sé también su engañador;                       
quien desdeña o quien olvida                 
se cura del mal de amor.              
Cuando tienes un rosal                
que te da rosas hermosas,                       
que se lleve, es natural,                
el que pasa algunas rosas.

Con ocasión de encanecerse rápidamente sus cabellos, dijo burlando el famoso médico Ibn Zuhr o Avenzoar:

Así exclamé, sorprendido,           
al mirarme en el espejo:              
«¿Quién es este pobre viejo?                  
¿A dónde, a dónde se ha ido                   
aquel joven conocido                    
que en tu fondo yo veía?»           
Y el espejo respondía:                   
«Sulema lo explicará,                   
que ya te dice ¡papá!                      
y ayer ¡hijo! te decía»

[...]

Ibn Huayl refiere: «Cierto día, yendo yo a una quinta que poseo al pie de la sierra de Córdoba, en uno de los más hermosos sitios del mundo, me encontré con Ibn al-Qūṭiyya, que volvía precisamente de los jardines que tiene en aquel punto. Cuando me vio dirigió hacia mí su caballo, y se mostró muy contento de haberme encontrado.

Yo mismo, de muy buen humor, le dije de repente:

Sol, que el mundo iluminas refulgente,                      
¿de dó vienes, varón a quien respeto?              

Al oírme se sonrió, y respondió al instante:

De donde meditar puede el creyente,               
y el pecador pecar puede en secreto.




















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