Bitácora de literatura: traducción de poesía, sátiras, poemas, fábulas, epístolas, epigramas, aforismos, crónicas, antologías...

martes, 25 de junio de 2013

Epigramas pugilísticos de Lucilio en la Antología Palatina.

Epigramas pugilísticos de Lucilio en la Antología Palatina
Introducción, notas y versiones de César Abraham Navarrete Vázquez





Para mi hermana.





Hace algunos años, mientras estudiaba griego antiguo en la Universidad Pontificia de México, traduje algunos epigramas de la Antología Palatina. Después de mucho tiempo vuelvo a este ejercicio, esperando que los textos esclarezcan el pasado de una actividad tan seguida en la actualidad: el boxeo.






El pugilato en la antigüedad






Ánfora panatenaica con escena de pygmaquia, 
la “lucha de los puños”.
Aproximadamente del 336 a. C.





La primera referencia escrita sobre el pugilismo —πυγμαχία, pygmakía: lucha de puños— de que se dispone data del siglo ocho antes de Cristo, y se debe al poema homérico de la Ilíada (XXXIII, 651-699), en traducción de Rubén Bonifaz Nuño, a partir del 683, en que se narra la lucha entre Epeo y Euríalo:


Primero le presentó el cinturón, y enseguida
le donó bien cortadas correas de toro salvaje.
Y ambos, en ciñéndose, fueron a mitad de la liza,
y en alzando al frente las robustas manos a una,
arremetieron, y se les mezclaron, pesadas, las manos.
Terrible estruendo de quijadas se hizo, y corría el sudor
doquier de sus miembros; y se alzó Epeo divino,
y la mejilla, al que en torno miraba, golpeó, y ya no mucho
se sostuvo, pues se le rindieron los miembros preclaros.
Como cuando un pez es volteado, al hincharse el mar bajo el Bóreas,
en la orilla cubierta de algas, y lo envolvió una gran ola,
así él se volteó al ser tundido. Empero, el magnánimo Epeo
lo alzó, asido en sus manos, y sus compañeros, cercándolo,
lo guiaron, arrastrando él los pies, a través de la liza,
sangre densa escupiendo, echando a un lado la testa,
y guiándolo desvanecido, lo pusieron entre ellos,
y ellos mismos, en yéndose, la copa doble cuidaron.






Detalle de púgiles. Uno de los adversarios

levanta el dedo en señal de rendición.





La tradición apunta que esta práctica se introdujo en el programa de los Juegos Olímpicos en el año 688 a.C. —la primera Olimpiada se sitúa históricamente en el 776, aunque hay elementos que señalan un origen anterior—, siendo Onomastos de Esmirna el campeón inaugural, y a quien se atribuye su reglamento básico: la prohibición de abrazar, rasguñar y morder. Si alguien violaba dichas reglas, un oficial blandía a la distancia una larga vara bifurcada para fustigar al infractor.






Detalle de ánfora en que, al igual que en la ilustración anterior,

uno de los combatientes se rinde al levantar el dedo índice.
Aproximadamente del año 500 a. C.





Al tratarse de un evento sin límite de tiempo establecido, el pugilato era una actividad extenuante en que los contrincantes terminaban seriamente lastimados, después de combatir incluso durante un día entero. El resultado dependía de la rendición —levantando el dedo índice— o la pérdida de sentido —cuando no la muerte— de uno de los participantes: refiere un proverbio griego que “una victoria de pugilato sólo se logra con sangre”.

Al igual que el pancracio, el pugilato se llevaba a cabo sobre una skamma, superficie de tierra batida cuya dimensión determinaban los jueces.






Fresco de los Niños púgiles, originalmente ubicado en el sector B

de la casa Xeste 3 de Akrotiri, Santorini.
Museo Arqueológico Nacional de Atenas.  





Los hymantes, correas de cuero curtido de cuatro metros de longitud, fungían como precursor de los guantes. Cada púgil decidía su uso: unos se envolvían las manos, otros los nudillos, e incluso algunos otros peleaban sólo con una mano enrollada tal como lo muestra el fresco de los Niños boxeadores, hallado en Thera: Santorini.

Los púgiles combatían desnudos. Esparcían sobre su cuerpo una delgada capa de arena, una vez que se habían untado con aceite.






Detalle de escultura donde se muestra el antecedente del guante de boxeo.





En el siglo IV a. C. los griegos desarrollaron unos guantes con mayor dureza exterior, pero acolchonados en el interior, a los que llamaron sphairai o episphairai, empleados originalmente para entrenar, y que después usaron en el combate. El entrenamiento se llevaba a partir del golpeo de korykos, sacos llenos de arena, mijo o harina.






Caestus, modelo antiguo de guante, con incrustaciones de metal,
con que los púgiles infligían gran daño a sus oponentes.





En la época romana, los pugilistas, quienes ya usaban calzoncillo, se enrollaban correas de piel en las manos, a las cuales se les denominaba “hormigas” —Lucilio alude a ellas en el epigrama 78 del Libro XI de la Antología Palatina— por las dolorosas picaduras que causaban, y le incorporaron piezas de metal. A este modelo se le llamó caestus.

El historiador Dion Crisóstomo, en sus Discursos 28 y 29, elogió al púgil Melankómas —con quien el emperador Tito sostuvo una escandalosa relación, según Temistio.  



Los epigramas pugilísticos de la Antología Palatina






El pugilista, Púgil en reposo o Púgil de las Termas.
Museo Nacional Romano. 





Como otros epigramas dedicados a atletas que figuran en el libro XI de la Antología Palatina, estos textos sobre pugilistas, que van del 75 al 81 —el único que no traduje fue el 78, dedicado a Apolófanes por considerarlo soso y que requeriría de más notas explicativas que superarían en extensión al poema mismo—, son parodias de las fórmulas e inscripciones agonísticas —es decir aquellas dedicadas a los certámenes, luchas y juegos públicos—, donde se exaltaban las cualidades de los vencedores. Las asociaciones atléticas solían erigir dichas estatuas —el geógrafo e historiador griego, Pausanias, ofrece una descripción de las estatuas dedicadas a los atletas en el Libro VI de su Descripción de Grecia. La efectividad de estos epitafios estriba en que en vez de enumerar sus triunfos, se repasan sus fracasos y pérdidas.



Lucilio






Detalle de las manos de El púgil, cubiertas por 
μάντες,
hymantes, correas de cuero.





Algunas hipótesis identifican a nuestro autor con el destinatario de las Cartas de Lucio Anneo Séneca, y otras con el gramático Lucilo de Tarra. Lo cierto es que la información más fidedigna es la que ofrecen sus propios epigramas, de los cuales se infiere que vivió en la época de Nerón —siglo I d.C.—, y que era uno de los muchos graeculi —término peyorativo, acuñado por el orador Cicerón, para los griegos que buscaban dinero y protección de las clases pudientes romanas, ofreciendo sus servicios como instructores de poesía y filosofía— a los que favoreció el emperador.

Si bien Lucilio exagera los rasgos de los personajes y sus acciones, prestando atención a los detalles pueden extraerse elementos cotidianos de la sociedad de su tiempo.

Se conservan 150 epigramas satíricos de su autoría.



Sobre la traducción

Comencé por traducir textualmente los epigramas que a continuación presento. Como lo he puntualizado en otro lugar, siempre prepondero la literalidad sobre la reinterpretación; sin embargo, a medida de que avanzaba en este ejercicio, me percaté de que, dado el carácter tanto de la obra como del autor, así por los juegos de palabras de los que se vale, una traducción libre sería más apropiada, ya que me permitiría prescindir de algunas partículas cuya función en el texto original es indispensable, mas no en nuestra lengua.

De este modo, trabajé las traducciones directas, y una vez terminadas, me avoqué a realizar las versiones que se leerán. Esta licencia me permitió mayor fluidez en español, además de que, siguiendo el ejemplo del propio Lucilio, me valí de la jerga pugilística para infundirle mayor verosimilitud y actualidad.

Como aficionado al boxeo, he conocido narraciones de comentaristas mexicanos, argentinos, cubanos..., que si bien comparten idioma, finalmente aflora la cultura de cada cual.

Traté, en la medida de mis posibilidades, de usar términos que comprendiera cualquier hispanohablante —cuando lo consideré oportuno, realicé algún guiño a este deporte en mi país. También decidí respetar aquellos como púgil y sus derivaciones —que a las personas de este tiempo les resultan familiares si las entiende como metáforas— porque, después de todo, se relacionan con un período concreto.

En cuanto a las notas al pie, las hay de dos tipos. Las primeras explicitan el contexto del epigrama, en tanto que las segundas son explicaciones sobre mis versiones.

El texto en griego proviene de The Greek Anthology. with an English Translation by. W. R. Paton. London. William Heinemann Ltd. 1926. 4.






Detalle de la cara de El pugilista.





Epigramas pugilísticos de Lucilio



75.

οτος νν τοιοτος λυμπικς εχε, Σεβαστέ,
ῥῖνα, γένειον, φρν, τάρια, βλέφαρα:
ετ πογραψάμενος πύκτης πολώλεκε πάντα,
στ κ τν πατρικν μηδ λαβεν τ μέρος:
εκόνιον γρ δελφς χων προενήνοχεν ατο,                
κα κέκριτ λλότριος, μηδν μοιον χων.

75.
[A Olímpico]

Éste que ahora ves como Olímpico, Augusto,
tenía nariz, mentón, cejas, orejitas, párpados:
después se inscribió en el pugilato, y lo perdió todo,
de modo que no pudo hacerse de su parte de herencia.
Así pues, su hermano presentó un retrato suyo como prueba,
y los jueces fallaron que era un extraño que ni siquiera se parecía.

__________
Con el nombre del personaje del epigrama se alude burlescamente a los Juegos Olímpicos que, como su nombre lo indica, se celebraban en Olimpia.
Lucilio presenta a su protector, el emperador Nerón, como un participante de esta competencia. El historiador, Suetonio, en Los doce césares (Nerón, XXXIX) refiere la benevolencia que el genocida tuvo para aquellos que lo atacaron mediante epigramas tanto en griego como en latín, a diferencia, por ejemplo, de Calígula (XXVII), quien mandó a quemar en el anfiteatro a un autor que escribió un verso equívoco.
El adjetivo griego σεβαστιάς, sebastiás, equivalía al latín «Augusto». Una traducción aproximada del término es «honrado» o «venerado».

En el verso final agregué «jueces», y opté por «fallar» en vez de «resolver», en el contexto jurídico del epigrama que se presta para ello.





76.

ύγχος χων τοιοτον, λυμπικέ, μήτ π κρήνην
λθς, μήτ νόρα πρός τι διαυγς δωρ.
κα σ γάρ, ς Νάρκισσος, δν τ πρόσωπον ναργές,
τεθνήξ, μισν σαυτν ως θανάτου,

76.
[A Olímpico]

Con semejante hocico, Olímpico, no te puedes dirigir
hacia la fuente, ni allegarte cerca del agua diáfana.
También tú, sin duda, como Narciso, al ver tu rostro real,
sucumbirás, odiándote a ti mismo hasta la muerte.

__________
Narciso, hijo de la ninfa Liríope de Tespia, era un mancebo hermoso que rechazó a Eco, ninfa que había sido maldecida por Hera. Némesis lo castigó, haciendo que se enamorara de su propia imagen reflejada en el agua. En el lugar donde Narciso se ahogó, creció una hermosa flor. En las Metamorfosis (III, 339-510) de Ovidio se puede consultar esta versión.

El verbo en griego significa «morir, caer en el combate». Así, opté por «sucumbir». 





77.

εκοσέτους σωθέντος δυσσέος ες τ πατρα
γνω τν μορφν ργος δν κύων:
λλ σ πυκτεύσας, Στρατοφν, π τέσσαρας ρας,
ο κυσν γνωστος, τ δ πόλει γέγονας.
ν θέλς τ πρόσωπον δεν ς σοπτρον αυτο,
‘οκ εμ Στρατοφν’, ατς ρες μόσας.

77.
[A Estratofonte]

Cuando Odiseo regresó a salvo a su patria
después de veinte años, su perro, Argos,
lo reconoció al ver su aspecto.
Pero tú, Estratofonte, después de pelear
cuatro horas, no te volviste irreconocible
para los perros, aunque sí para las personas.
Si quisieras mirar tu propio rostro en el espejo,
tú mismo dirías: “Juro que no soy Estratofonte.”

__________
Odiseo pasó veinte años lejos de Ítaca: diez durante la Guerra de Troya, y otros diez tratando de regresar a su patria. El pasaje al que alude el epigrama se localiza en la Odisea (Canto XVII, 290-327), donde el viejo perro de Odiseo, Argos, tumbado en el estiércol y lleno de pulgas, lo reconoce bajo su disfraz de mendigo, antes de mover la cola y perecer.

En el texto original hay un juego de palabras, basado en el cambio de espíritu entre el «período natural de tiempo» (ρας) y «cuidado» que, evidentemente, se pierde al traducirlo al español.
El verbo griego significa «pelear a puñetazos». Sobreentendí los puñetazos y opté por «pelear» simplemente.
Preferí «personas» a «ciudad».





79.

πύκτης ν κατέλυσε Κλεόμβροτος: ετα γαμήσας
νδον χει πληγν σθμια κα Νέμεα,
γραν μαχίμην, τύπτουσαν λύμπια, κα τ παρ ατ
μλλον δεν φρίσσων ποτε τ στάδιον.
ν γρ ναπνεύσ, δέρεται τς παντς γνος
πληγάς, ς ποδ: κν ποδ, δέρεται.

79.
[A Cleómbroto]

El púgil Cleómbroto se retiró. Pero, después de casarse,
recibe en su hogar los golpes de Istmia y Nemea
de una vieja combativa que pega como en Olimpia;
y al sentir lo que soporta junto a sí se estremece más
de lo que lo hizo alguna vez en el estadio.
Si descansa, lo despelleja a golpes para que pelee,
y si rehúye el combate cuerpo a cuerpo, lo desuella.

__________
Cleómbroto significa «la gloria de los mortales», y remite a un personaje histórico: Cleómbroto I, rey de Esparta de 380 a 371 a.C., tristemente recordado por la derrota que sufrió el último año de su vida ante los tebanos —a quienes superaba por 3, 000 soldados— en Leuctra, lo que supuso el surgimiento de Tebas.
Alusión a los Juegos Panhelénicos de la antigua Grecia: El autor se refiere a ellos a partir de sus nombres poéticos. Éstos eran: Olímpicos, juegos deportivos celebrados en Olimpia; Píticos, juegos poéticos, celebrados en Delfos; Nemeos, competencia de jinetes celebrada en Argos; e Ístmicos, celebrados en Corinto.

Como lo mencioné al principio, traté de dotar al texto con un lenguaje boxístico, manteniendo los sentidos doméstico y sexual que privan en el original. El hallazgo en la traducción del verbo pelear, el cual al conjugarse fonéticamente se semeja a pelar, evidencia mi intención. En el verso final agregué el «cuerpo a cuerpo», que remite a la frase «la lucha de cuerpo a cuerpo, y cara a cara» del “Doctor” Alfonso Morales, uno de los cronistas boxísticos más experimentados de México, así como al viejo tópico del amor como guerra.





80.

ο συναγωνιστα τν πυγμάχον νθάδ θηκαν
πιν οδένα γρ πώποτ τραυμάτισεν.

80.
[Al pugilista Apis]

Los compañeros de batalla erigimos aquí una estatua al púgil
Apis, pues nunca golpeó a nadie en modo alguno.

__________
Apis, el toro sagrado, era un dios solar de la fertilidad, posteriormente asimilado con la Muerte. De acuerdo con el historiador Suetonio, se experimentó una simpatía por lo egipcio durante el reinado de Nerón. Marcial en los Epigramas y Juvenal en las Sátiras también darán cuenta de ello. 

A pesar de su brevedad, este epigrama es pródigo en burlas. Por ejemplo, dedicarle una estatua a un boxeador que jamás lastimó a nadie por parte de sus contrincantes.





81.

πσαν σαν λληνες γονοθετοσιν μιλλαν
πυγμς νδρόλεως πσαν γωνισάμαν.
σχον δ᾿ ν Πίσ μν ν τίον, ν δ Πλαταιας
ν βλέφαρον· Πυθο δ᾿ πνοος κφέρομαι·
Δαμοτέλης δ᾿ πατρ καρύσσετο σν πολιήταις
ραι μ᾿ κ σταδίων νεκρν κολοβόν.

81.
[A Androleo]

En todos los Juegos que los griegos organizaron
con pruebas pugilísticas, yo, Androleo, contendí:
En Pisa gané una orejita, en Platea perdí un párpado;
en Pitón se me levantó exánime. Mi padre, Damóteles,
y mis conciudadanos, anunciaron que siempre
salí del estadio en hombros: muerto o maltrecho.

__________
El pugilato formaba parte del programa de los antiguos Juegos Olímpicos junto a las carreras, el pentatlón, la lucha libre, el pancracio y los ecuestres.

La traducción textual de este verbo es «tener». Aunque pude traducir «obtener» como símbolo de victoria, opté por «ganar», y agregar, por contraste, «perder», en el siguiente enunciado.
«Sacar» sería la traducción literal, aunque otra de sus acepciones es «llevar a enterrar». Yo preferí «levantar».
La literalidad señala «sacar fuera del estadio». Pero yo quise resaltar el carácter irónico del epigrama, y traduje «salir del estadio en hombros».

Opté por «maltrecho»: maltratado, malparado, de acuerdo con la definición del DRAE, aunque el término más directo fuera «mutilado».

martes, 11 de junio de 2013

Tres fábulas en náhuatl (Fray Bernardino de Sahagún y Ángel María Garibay).

Tres fábulas en náhuatl (recogidas por Fray Bernardino de Sahagún, y traducidas por Ángel María Garibay).



Para Milton y Fabrizio Gómez.





Con anterioridad ya había publicado fábulas en este espacio: Italo Svevo, Gotardo Croce, y algunas mexicanas de inspiración política.

Sin embargo, mi intención es difundir más este maravilloso género que frecuentemente se usó para explicar el mundo, y ni se diga como instrumento didáctico —algo que paradójicamente ayudó a consolidarlo, aunque al mismo tiempo lo estereotipó.

La fábula es más que un medio de instrucción. En las diversas culturas que han ensayado el género se transluce la idiosincrasia del pueblo que lo concibe: fauna, flora, sociedad..., algunas veces de manera satírica más que moralina.











Bernardino de Sahagún nació aproximadamente en el año de 1499 en Sahagún, Castilla, y murió en 1590 en Tlatelolco, entonces Nueva España.






Tomo I de la Historia General de las cosas de Nueva España,
editado bajo la colección Cien de México de CONACULTA.





Fraile franciscano que rescató en su obra monumental Historia general de las cosas de Nueva España —se conservan tres versiones, de las cuales la más célebre es el llamado Códice florentino— la cultura de los antiguos mexicanos.










(Fray Bernardino de Sahagún. Manuscrito Palatino de Madrid, ff. 161 vt. ss. —Recibida esta versión en Tepeapulco, entre 1558 y 1560.)










Los dioses se mudan en Sol y Luna

1. Mitoa in oc yohuayan, in ayamo tona, in ayamo tlathui, quilmach, mocentlalique, mononotzque in teteo in umpa Teutihuacan, quitoque, quimolhuique:
—Tla xi hualhuian, teteoé, ¿aquin tlatquiz, aquin tlamamaz in tonaz, in tlathuiz?
Auh niman ye ic yehuatl uncan ontlatoa, onmixquetza in Tecuciztecatl, quito:
—Tetetoé, ca nehuatl niyez.

2. Occeppa quitoque in teteu:
—¿Aquin occe?
Niman ye ic nepanotl mohotta, quimottitia, quimolhuia:
—¿Quen onyez hi, quen tonyezque?
Ayac motlapaloaya, in occe onmixquetzaz; zan muchi tlacatl momauhtiaya, tzinquetzaya.
Auh amo onnezticatca in ce tlacatl. Nanahuatzin uncan tehuan tlacacticatca in nenonotzalo: niman ic yehuatl connotzque in teteo, quilhuique:
—Tehuatl tiyez, Nanahuatzé.
Niman quicuitihuetz in tlatolli, quipaccaceli, quito:
—Ca ye cualli, teteoé, oannechmocnelilique.

3. Niman ic compehualtique in ye tlamacehua, mozauhque nahuiilhuitl omextin in Tecuciztecatl.
Auh niman no icuac motlali in tletl, ye tlatla in uncan tlecuilco, quitocayotia in tlecuilli teutexcalli.

4. Auh in yehuatl Tecuciztecatl in ipan tlamacehuaya muchi tlazotli: in iacxoyauh, quetzalli; in izacatapayol, teocuitlatl; in ihuitz, chalchihuitl; in ictlaezhuilli tlaezzotilli, tapachtli, auh in icopal, huel yeh in copalli.

5. Auh in Nanahuatzin in iacxoyauh mochiuh zan zacatl xoxouhqui, acaxoxouhqui, eein tlalpilli, tlacuitlalpilli, nepan chicunahui ye muchi; auh in izacatapayotl, zan yeh in ocozacatl; auh in ihuitz, zan ye no yeh imehuitztli auh in ic quezhuiaya huel yeh in iezzo, auh in icopal, zan yeh in inanahuauh concocolehuya.

6. In omextin hin cecentetl intepeuh mochiuh, in umpa ontlamaceuhtinenca nauhyohual (mitoa yin axcan tetepe tzacualli: itzacual tonatiuh, ihuan itzacual metztli), auh in ontzonquiz nauhyohual in tlamacehualiz, niman quitlatlazato, quimamayahuito in imacxoyauh ihuan ye muchi ipan otlamaceuhque. In hin mochiuh ye in neehualco, icuac in yehualyohua tlacotizque, teotizque.

7. Auh in icuac ye on aci yohualnepantla, niman ye ic quintlamamaca, quinchichihua, quincencahua: in Tecuciztecatl quimacaque iaztacon mimiltic ihuan ixicol; auh in Nanahuatzin, zan amatl, inic contzonilpique concuailpique, itoca iamatzon, ihuan iamaneapanal, ihuan iamamaxtli.

8. Auh in ye yuhquin in ohuelacic yohualnepantla, in muchintin teteu quiyahualotimomanque in tlecuilli, in motenehua teutexcalli, in uncan nahui-ilhuitl otlatlac tletl, nenecoc motecpanque; auh nepantla quimonmanque quimonquetzque in omextin hi motenehua in Tecuciztecatl ihuan Nanahuatzin, quixnamictimoquetzque in tlecuilli.

9. Auh niman ye ic tlatoa in teteu, quilhuique in Tecuciztecatl:
—¡O tlacuele, Tecuciztecatlé, xon huetzi, xon momayahui in tleco!

10. Niman ye ic yauh momayahuiz in tleco. Auh in itech acito totonillotl, in amo ixnamiquiztli, in amo yecoliztli, amo ihiyohuiliztli, inic cenca huel oxoxotlac tlecuilli, ohuelhualantimotlali, ohuelmotlatlali in tletl. Ic zan ommixmauhtito, onmotilquetzato, hualtzinquiz, hualtzinilot. Ye noceppa yauh tlayehecoz ixquich caana ic momotla, quimomaca in tletl.

11. Auh zan ahuel motlapalo, in ye no itech onaci totonqui, zan ahual tzinquiza, hualtzincholoa, amo ontlayecoa: ulnappa, tlaelnappa in yuh quichiuh in moyeheco, zan niman ahuel onmomayauh in tleco: ca zan ye uncan tlatenehualli in napan. Auh in ontlaquixti nappa; niman ye ic yeh contzatzilia in Nanahuatzin, quilhuique in teteu:
—Oc tehuatl, occuel tehuatl. ¡Nanahuatzé, mayecuel!

12. Auh in Nanahuatzin zan cen in hualmotlapalo, quihualcentlami, quihuallancua in iyollo, hualixtetenmotzolo; amo tle ic mixmauhti, amo mo quequetz, amo motilquetz, amo tzinquiz; zan niman onmotlaztihuetz, onmomayauhtihuetz in tleco, zan ic cenya; niman ye ic tlatla, cuecuepoca, tzotzoyoca in inacayo.

13. Auh in icuac oquittac Tecuciztecatl in ye tlatla quinicuac zan tepan ipan onmomayauh, niman ye no ic tlatla. Auh in yuh conitoa, quilmach, niman no ic onehuac in cuauhtli, quimontoquili, onmotlaztihuetz in tleco, onmotlecomayauh, oc yehuatl nohuellalac ipampan ihuiyo cuichehuac, cuichectic.

14. Auh zan ontlatzacui in ocelotl, aocmo cenca huellala in tletl huetzito, ic za motlecuicuilo, motletlecuicuilo, motlechichino, aocmo cenca huellalac, ipampan zan cuicuiltic, motlilchachapani, motlilchachapatz.

15. Auh in ye yuhqui in omextin onmomamayauhque tleco, inicuac ye otlatlaque. Niman ic quichixtimotecaque in teteu in campa yeh quizaquiuh in Nanahuatzin in achto onhuetz tleco, inic tonaz, inic tlathui.

16. Inicuac ye huecauhtica onoque mochixca onoque teteu, niman ye ic pehua in tlachichilihui nohuiyanpa tlayahuallo in tlahuizcalli in tlatlahuilotl. In yuh conitoa niman ye ic motlancuaquetza in teteu inic quichiezque in campa yeh quizaquiuh tonatiuh omochiuh, nohuiyanpa tlachizque, ahuicpa tlachie-momalacachotinemi. Ahcan huel centetix in intlatol in innemachiliz, atle ihuelyaca in quitoque.

17. Cequintin momatque ca mictlampa in quizaquiuh, ic umpan itztimomanque; cequintin cihuatlampa, cequintin huitztlampa itztimomanque, nohuiyanpa motemachique ipampa in zan tlayahualo tlatlahuillotl. Auh in cequintin huel umpa itztimomanque in tlauhcopa, quitoque:
—Ca yeh umpa hin, yeh uncan hin in quizaquiuh tonatiuh.

18. —Yehuantin huel neltic in itlatol in umpa tlachixque in umpa mapiloque. Yuh quitoa yehuantin in umpa tlachixque Quetzalcoatl, ic ontetl itoca Ehecatl, ihuan Totec, anozo Anahuatl itecu, ihuan Tlatlahuic-Tezcatlipoca, no yehuantin in motenehua Mimixcoa, in amo zan tlapoaltin, ihuan cihua nahuin: Tiacapan, Teicu, Tlacoyehua, Xocoyotl.

19. Auh inicuac oquizaco in omomanaco tonatiuh, yuhquin tlapalli monenecuilotimani, amo huel ixnamico, teixmimicti, cenca tlanextia, motonameyotia, in itonameyo nohuiyampa aacitimoquetz, auh in itonalmiyo nohuiyampa cacalac.

20. Auh zatepan quizaco in Tecuciztecatl quihualtocatia zan ye no umpa in tlauhcopa itloc onmomanaco in tonatiuh; auh in yuh onhuetz que tleco, zan no yuh hualquizque, hualmotocatiaque.

21. Auh in yuh conitoa tlatlanonotza tezazazanilhuia, zan neneuhqui in itlachieliz mochiuh, inic tlanextiaya; inicuac oquimittaque teteu in zan neneuhqui in itlachieliz, niman ye noceppa ic nennotzalo, quitoque:
—¿Quen yez que hin, teteuhé? ¿Cuix onteixtin ontlatocazque, onteixti yuh tlanextizque?

22. Auh in tetu muchintin huallatzontecque quitoque:
—Yuh yez hin, yuh muchihuaz hin.
Niman ic ce tlacatl omotlalotiquiz in teteu, ic conixhuihuihuitequito in tochin in yehuatl Tecuciztecatl, ic conixpopoloque ic conixcomictique in yuhqui axcan ic tlachie.

23. Auh in ye yuhqui inicuac ye omomanaco onteixtin, ye no cueleh ahuel olini, ahuel otlatoca, zan momanque, motetenmanque. Ic ye noceppa quitoque in teteu:
—¿Quen tinemizque? Amo olini in tonatiuh. ¿Cuix tiquinnelotinemizque in macehualti: auh in hin ma toca mozcalti, ma ti-muchintin timiquican?

24. Niman ic yeh itequiuh in Hecatl, ye quimictia in teteu. Auh in yuh conitoa, in Xolotl amo miquitlania.
Quimilhui in teteu:
—Macamo nimiqui, teteuhé.

25. Ic cenca chocaya, huel ixpopozahuac ixcuatolpopozahuac. Auh in yeh itech onaci Miquiztli, zan teixpampa yehuac, cholo, toctitlan calactihuetz, ipan omixeuh ic mocueptihuetz in tochtli ome mani, maxaltic in quitocayotia millaca-xolotl.


26. Auh in uncan ittoc in toctitlan, ye noceppa teixpampa yehuac, ye no cuele metitlan calactihuetz, no ic onmocueptihuetz in metl ome mani in itoca mexolotl. Ye noceppa ittoc ye no cuele atlan calactihuetz axolotl mocuepato ye huel umpa canato inic conmictique.

27. Auh quitoa in manel muchintin teteu onmicque, zannel amo huel ic olim, amo huel ic otlatocac in teutl tonatiuh ic itequiuh onmochiuh Hecatl, moquetz in Hecatl, cenca molhui, totocac in ehecac, quin yehuatl huel colini, niman ye ic otlatoca.

28. Auh in ic icaiac ye otlatoca, zan umpa oninocauh in meztli; quinicuac in ocalaquito icalaquian tonatiuh, ye no cuele ic hualehuac in meztli: ic umpa mopatilique, motlallotilique inic ce ceppa hualquiza; tlacemilhuiltia in tonatiuh, auh in meztli yohual tequitl quitlaza, ce yohual quitlaza, yohualtequi.

29. Ic uncan hin neci mitoa ca yehuatl tonatiuh yezquia in meztli Tecuciztecatl intla ye achto onhuetzini tleco, ipampa ca yehuatl achto mixquetz inic muchi tlazotli ipan tlamaceuh.
Nican tlami inin nenonotzalli zazanilli in ye huecauh ic tlatlanonotzaya huehuetque in impiel catca.



Ángel María Garibay, Llave del náhuatl, Colección de trozos clásicos, I, 131-135.



Creación del Sol y la Luna

1. Dicen que cuando aún es de noche, cuando aún no sale el Sol, cuando no amanece, dizque se juntaron en uno, se convocaron los dioses allá en Teotihuacan, dijeron, se dijeron unos a otros:
—Venid acá, dioses, ¿quién tomará el trabajo, quién se echará a cuestas el hacer salir el sol, el hacer amanecer?
Y luego por cierto por allá habla aquel, se presenta delante Tecuciztecatl, dijo:
—¡Dioses, yo tengo que ser!

2. Una vez más dijeron los dioses:
—¿Quién otro más?
Luego por esto juntos, se ponen a ver, se miran unos a otros, se dicen:
—¿Cómo ha de ser esto? ¿Cómo seremos nosotros?
Nadie se atrevía para presentarse como otro más: sólo todas las personas tenían miedo, retrocedían. Y no se estaba presentando delante de otra persona.
Nanahuatzin allí junto a ellos estaba oyendo lo que se determinaba: luego pues a éste llamaron los dioses, le dijeron:
—Tú tienes que ser, Nanahuatzin.
Luego él vino en tomar la orden, la recibió de buena gana, dijo:
—Está bien, dioses, vosotros me habéis hecho una gracia.

3. Al punto, pues, comenzaron a hacer penitencia, ayunaron cuatro días ambos, él y Tecuciztecatl.
En seguida por consiguiente se encendió fuego, ya arde allá en el fogón, y el fogón tenía el nombre de “roca divina".

4. Ahora bien, aquello con que Tecuciztecatl hacía penitencia, todo precioso: sus ramas de abeto, plumas de quetzal; sus bolas de grama, oro; sus espinas, jades; sus cosas ensangrentadas, sus sangramientos, coral, y su incienso un muy buen incienso.

5. Pero por lo que toca a Nanahuatzin, sus ramas de abeto se redujeron a cañas verdes, cañas tiernas, en manojos, gavillas, diversas atadas, todas ellas nueve, y sus bolas de grama, solo (eran) hoja seca de pino, y sus espinas no (eran) sino verdaderas espinas de agave y lo que se sangraba bien (era) en verdad su sangre, y su incienso, no más que la raedura de sus llagas de que estaba doliente.

6. A cada uno de éstos se le hizo su monte, en donde estuvieron haciendo penitencia cuatro noches (dicen, por cierto, ahora a estos montes, “pirámides”: la pirámide del sol y la pirámide de la luna). Y cuando acabó el (término) de cuatro noches, de hacer penitencia, luego echaron por el suelo, arrojaron sus ramas de abeto y todo aquello con que habían hecho penitencia. Esto se hizo en el término de levantar la penitencia, cuando ya anochece para ponerse a su oficio, para hacerse dioses.

7. Y cuando llega la media noche luego pues les reparten, les atavían, les engalanan: a Tecuciztecatl le dieron su morrión de plumas de garza, cónico, y su chaleco; pero a Nanahuatl sólo papel: aquello con que liaron su cabeza se llama su cabellera de papel, y su tiara de papel y su braguero de papel.

8. Y así pues, cuando hubo llegado la media noche, todos los dioses se pusieron a rodear el fogón, el llamado “roca divina”, en el cual por cuatro días había ardido el fuego, de uno y otro lado se pusieron en fila, y en medio colocaron, hicieron poner de pie a los dos llamados Tecuciztecatl y Nanahuatzin; los pusieron vuelta la cara, parados con la cara hacia el fogón.

9. Al punto pues mandan los dioses, dijeron a Tecuciztecatl:
—Ea pues, Tecuciztecatl, échate, arrójate al fuego.

10. Al punto va a arrojarse al fuego. Pero, cuando a él llegó el ardor, que (era) insoportable, insufrible, intolerable, como que mucho había estado ardiendo el fogón, se había hecho un fuego abrasador, se había hecho un gran montón de brasas, no hizo más que sentir miedo a su vista, pararse a medio camino, retroceder y volver atrás. Una vez más fue a intentar arrojarse, poniendo todas sus fuerzas, para lanzarse con ímpetu, para dar consigo en el fuego.

11. Sin embargo, no pudo atreverse: no bien alcanzó a llegar a él el ardor, no pudo más que retroceder, echarse a huir: no era para sufrirlo. Hasta cuatro veces hizo otro tanto y no sufrió, sino que no pudo echarse al fuego. Sólo que allí era el mandato de cuatro veces. Y por tanto, había intentado cuatro veces: luego por esto gritan a Nanahuatzin y le dijeron los dioses:
—Aun tú, aún para bien tú, Nanahuatzin, ¡ea pues!

12. Ahora bien, Nanahuatzin de una vez fue a atreverse, se hizo violencia, esforzó su corazón, cerró los ojos por no tener miedo; por nada se amedrentó, no se paró en la carrera, no retrocedió, sino que al punto se dejó caer, se fue a arrojar al fuego de una vez: al punto, pues, ya arde, chisporrotea y chilla (en el fuego) su carne.

13. Pues así que vio Tecuciztecatl que ya ardía, al momento también él se arrojó en él, con lo cual al punto ardía.
Y según dicen, dizque también entró el Águila, los siguió ella, por cuya causa su plumaje es oscuro y requemado.

14. Igualmente se metió el Tigre, aun no mucho se quemó cuando cayó en el fuego, con él sólo se chamuscó, se pintó con el fuego, se medio quemó, del todo bien no se quemó, por lo cual sólo manchado, manchado de tinta, manchado o salpicado.

15. Ahora bien, así que ambos se hubieron echado al fuego, inmediatamente se quemaron del todo. Luego se pusieron a esperar los dioses por dónde había de salir Nanahuatzin, el que primeramente se echó al fuego, para ser sol y para amanecer.

16. Cuando ya hubo pasado largo tiempo, cuando los dioses hubieron estado esperando, luego comienza a ponerse rojo, por todas partes rodea la aurora, la claridad de la luz. Según dicen, luego se arrodillan los dioses para esperar por dónde ha de salir el que se había hecho sol; hacia todas partes fijaron los ojos, hacia (ellas) fijaban los ojos dando vuelta alrededor. En parte alguna se puso de acuerdo su palabra, su pensamiento, nada bien fijo lo que dijeron.

17. Algunos opinaron que del norte había de salir, por lo cual hacia allá estuvieron mirando; algunos que del poniente, algunos que del sur; hacia allá estuvieron mirando; por todas partes opinaron (que saldría) por razón de que la claridad rodeada estaba. Pero algunos bien estuvieron viendo hacia el oriente, dijeron:
—Por cierto que por aquí, por allí ha de salir el sol.

18. Muy verdadera (fue) la palabra de los que allá estuvieron viendo, de los que allá señalaron con el dedo. Así se llaman aquellos que hacia allá estuvieron mirando: Quetzalcoatl, que por otro nombre, es Ehecatl, y Totec, o sea Anahuatlitecu (“el señor del anillo”), y Tezcatlipoca el rojo, como también los llamados “Serpientes de Nube”, que no tienen número, y cuatro mujeres: Tiacapan (“Nuestra hermana mayor”), Teicu, Tlacoyehua y Xocoyotl (“la que sigue; la de en medio, la menor”).

19. Y cuando vino a salir el sol, cuando se presentó delante, como pintado de rojo, se estuvo contoneando de un lado a otro, no era posible verle cara a cara, le mortificaba a uno los ojos, mucho brillaba, lanzaba rayos de luz (y) su irradiación fue a llegar a todas partes, su calor entró a todas partes.

20. En seguida vino a salir Tecuciztecatl (que) lo iba siguiendo en el mismo punto del oriente junto a aquel se presentó que era el sol: tal como cayó en el fuego, de igual manera salieron, se fueron siguiendo.

21. Ahora bien, según cuentan los que refieren y narran hablillas a la gente, se hizo igual su luz con que resplandecían; cuando los vieron los dioses que era igual su luz luego al punto de nuevo se hizo reunión (y) dijeron:
—¿Cómo será?, ¿cómo esto? dioses, ¿acaso ambos han de ir uno en pos de otro? ¿ambos han de lucir y brillar igualmente?

22. Y todos los dioses dieron su fallo, dijeron:
—Así será esto, así se hará esto.
Luego una persona de los dioses salió corriendo, hirió la cara con un conejo a aquel Tecuciztecatl, con lo cual le estragó la cara, le hirió en la cara, tal como hasta ahora se ve.

23. Ahora bien, así que ambos se presentaron, tampoco podían moverse, no podían seguir su marcha, sino que sólo estuvieron en pie, se mantuvieron en firme.
Por tanto, de nuevo dijeron los dioses:
—¿Cómo hemos de vivir, no se mueve el sol? ¿Hemos de vivir acaso mezclados con los plebeyos (hombres)? Antes bien, por nuestra obra resuciten y medren, aun cuando todos nosotros muramos.

24. Al punto hizo su oficio Ehecatl (el viento) y da muerte a los dioses. Pero, según dicen, Xólotl no quería morir.
Dijo a los dioses:
—¡No muera yo, oh dioses!

25. Por esto mucho lloraba, bien se le hincharon los ojos, se le hincharon los párpados. Pero llegó hasta él la Muerte y no hizo más que huir ante ella, se ausentó, entre cañas de maíz verde se fue a meter, tomó el aspecto, se convirtió en caña que en dos permanece, cuyo nombre (es) doble, “doble labrador"(nr. el 1°.).

26. Pero allí entre las cañas fue visto. Otra vez ante su cara huyó, y bien se fue a meter entre los magueyes, se convirtió también en maguey que dos permanece, cuyo nombre es “maguey doble”. También otra vez fue visto. Otra vez bien se fue a meter en el agua, se convirtió en ajolote (amblystoma): empero allí lo cogieron, con lo cual le dieron muerte.

27. Y dicen que aunque todos los dioses habían muerto, sin embargo no pudo moverse, no pudo seguir su marcha el dios para hacer su oficio. Ehecatl, se paró el viento, mucho empujó, hizo ímpetu con viento, (y) en seguida pudo moverse y luego ya por esto va siguiendo su marcha.

28. Y cuando ya él va siguiendo su marcha, allá se quedó la luna; cuando salió su salida el sol también le fue siguiendo la luna: con lo cual allí se apartaron, hicieron diferente derrotero cada vez que van a salir: dura todo el día el sol, pero la luna de noche hace su oficio, cada noche pone su cargo, de noche trabaja.         

29. De aquí aparece esto que se dice que aquel la luna Tecuciztecatl hubiera sido el sol si primero se hubiera echado al fuego, por la razón de que él primero se presentó (y) todo precioso con lo que hizo penitencia.
Aquí acaba este mito, fábula que hace largo tiempo narraban los viejos que eran sus guardianes.



Ángel María Garibay, Llave del náhuatl, Versión literal de los trozos clásicos de “Llave del náhuatl”, para ayudar a su interpretación, I, 215-220.






Historia de la literatura náhuatl
(Editorial Porrúa, México, 1953-54).





Ángel María Garibay, Historia de la literatura náhuatl, Capítulo X, Prosa imaginativa, 2 (págs. 483-485):



A otro campo menos conocido y más interesante volveremos ya la mirada. Es la narración de hechos reales, pero sumergidos en los reflejos de la fantasía. El cuento, la novela, la fábula y el apólogo no son especies desconocidas en este mundo literario que vamos indagando. Pero la diligencia de los primeros que allegaron materiales no nos dejó gran copia de ejemplos de estos géneros. Con los que podemos tener a la mano basta para hacernos cargo de la real existencia de ellos.

Fábulas, en el sentido grecorromano, acaso no pudieran señalarse. Pero sí las hay de un orden equivalente. Voy a dar sólo dos muestras, de las cuales podrá deducirse el carácter de otras, bien precisadas en la investigación y algunas que pueden precisarse en lo futuro. Las tomo de los ricos informes que sirvieron a Sahagún para el resumen de su Historia. Más valiosas son, pues nos las trasladó a su obra castellana.










Donde menos esperábamos las hallamos. El sentido humanístico del fraile, que bebió los aires del Renacimiento en la Universidad de Salamanca, lo hace recordar, con advertencia o sin ella, la manera de Plinio y, puede ser también, de Eliano, o Aristóteles, en sus “historias de animales”. Pide a sus informantes que le den también de esos cuentecillos. Remisos y no muy inclinados a dar, le proporcionan, sin embargo, algunos. Está el primero en la parte en que se habla de las palomas montaraces (Ms. de la Academia, f. 260): 


Y el nombre que tiene de “huilota”, está tomado de la voz que dice “Huilo”. Cuentan
de esta paloma, que le dijeron los demás pájaros:
—Anda, vayamos a cavar para que bebamos agua.
Y que ella se sintió muy principal, y era muy perezosa, y no más se rio de los que la llamaban y les dijo:
—¡Que vaya la gente!
Y ella, naturalmente que no fue.
Y cuando hubieron hallado el agua, todo el mundo tuvo derecho de ir a beber, con toda su tranquila voluntad. Pero a la fachendosa e importante que no quiso ir a cavar juntamente con los demás, tampoco la dejaron ir a beber en unión de ellos. Esta es la razón de que ella solamente de noche y a hurtadillas va a beber agua, y de allí se le puso nombre y le llaman a aquella que se siente tan grande la “huilota”, porque decía: “¡Ma huilloa!” (¡Que vayan!)


La moraleja no la pone el autor. Pero podíamos recordar el mythos déloi de nuestra escuela: “La fábula enseña que no hay que ser orgulloso y aislado del resto de la comunidad, porque el que no está a las duras, tampoco debe estar a las maduras.” ¡Lección que, más que nunca, necesita el mundo hodierno. Todos queremos los frutos, sin que queramos la siembra!










Y en cuanto al coyote, es agradecido. Suele ser amante de mostrar su gratitud aun a nosotros.

Donde tenemos anticipada la moraleja. Sigue el relato:


Iba un hombre de paso y llegó a un ancho prado en que se le puso en el camino al robusto varón aquél un coyote. No bien lo vio éste, comenzó a hacerle señas con la mano para que se acercara. Y cuando el caminante quedó asombrado y pensaba qué sería aquello, se encaminó hacia allá y va bien: Una serpiente estaba enroscada en el animal, en su pescuezo estaba bien tendida; era de las llamadas “serpientes de la sementera”.
En su interior pensaba el hombre:
—¿A cuál de los dos daré ayuda?
Tomó entonces una vara, de esas que fácilmente se doblan, que son elásticas y con ella dio de golpes al coyote, porque la culebra no se dejaba ver. Luego dejóse caer la culebra. Con lo cual se fue su camino el coyote, y cuando ya cobró un poco de aliento, echó a correr con todas sus ganas, y de dos brincos se metió por una milpa.
Luego vino trayendo en el hocico dos pavones, que echó ante el que lo había librado y con el mismo hocico le hacía la seña, como diciendo:
—¡Cógelos!
En otra ocasión fue a su casa, y cuando lo encontró por el camino le ofreció una guajolota, y en otra ocasión le dejó en el patio de su casa dos pavones. (Ms. de la Academia, f. 267 v°.)


Probable es que todo sea cuento, pero la bella forma en que se narra es para nosotros una realidad que nos interesa.






Llave del náhuatl. Colección de trozos clásicos,
con gramática y vocabulario, para utilidad de los principiantes.
(Editorial Porrúa, México, 1940).





En el referido Llave del náhuatl, Garibay ofrece las siguientes versiones de ambas fábulas:










Fábula de la paloma torcaz

208. Auh inic “huillotl” itoca ca itech tlaanti in itlalol, in quitoa: “huilo”. Auh inic huillotl quil quilhuique in occequintin totome:
—Ma tihuia tatatacazque tatlizque.

209. Quil cenca motachcauh nequia ihuan cenca tlatzihuia, zan huetztoc in quihualnotza quimilhuia:
—¡Ma huilohua!
Amo nel ye huiloa.

210. Auh in oquinextique atl, ic mocha tlacatl quimaceuh in ihuian atlihuaz, in yocoxca atlihuaz. Auh in tlamacazqui canel nozo amo otehuan atatacac. Quil oncan conmocahuilli amo tehuan atliz, ic zan yohualtica in quiixtacatl-atl, auh motocayoti yahui itoca mochiuh in yehuatl tlamacazqui in huillotl, ipampa zan quitoaya: “Ma huilohua”.


(pág. 184)










La paloma salvaje

208. Se le da el nombre de Huilotl, porque se percibe su palabra que dice: Huilo. Y porque dicen que dizque los otros pájaros dijeron:
—Vayamos a cavar la tierra en busca de agua, para que bebamos.

209. Dizque que ella se quería hacer muy importante y era muy perezosa y no hizo sino reír y decirles en respuesta:
—¡Que vayan! (Huiloa.)
Y ella por cierto no fue.

210. Y cuando hubieron descubierto el agua, todos merecieron beber en paz, beber en tranquilidad, pero el ministro aquel (aquel sujeto) que no quiso cavar en unión de ellos, dizque no le dejaron beber en unión de ellos, por los cual sólo de noche en secreto va a beber agua, y se le dio el nombre a aquel sujeto de “huilotl”, por razón de que sólo dijo: “¡Que vayan!”.


(pág. 267-268)










El coyote y la serpiente

229. Auh ihuan (in coyotl) tlatlazocamatini, mocnelilmatini quin izqui quin ye topan. Ce tlacatl ipan quizato zacatla ecatico in coyotl utli quitocatiuh in tiacauh. Auh in coyotl niman ye quihualmanotza, auh huel tlamahuizo ihuan huel motetzahui, huel quimotetzahui in tiacauh.

230. Za ihuic yatia, auh in oitechacito, quittac: cohuatl in itech omotetecuix, iquechtlan quiztoc in cohuatl, huel ic omotetecuix in itoca cincoatl. Auh iitic quito in tiacauh: “¿Ac yeh in nitlaoculiz i?”.

231. Niman concuito in tiacauh in tlacotl, in tetlacotl, in ollacotl. Niman ye ic quihuihuitequi in coyotl (ca aquittoz in tlacotl in cohuatl); niman hualchapatihuetz in cohuatl. Niman ye yayatica in coyotl, auh omozcali niman ye motlaloa, azo omehoyatica in nepa milpan acito.

232. In coyotl in tiacauh in oquimamaquixtili on teco in totolme huexolome, in quihuica in i-ixpan, quimontlacato, quitentopechtinemi, ach yuhquima quilhuiznequi: —Xic cui.

233. Occeppa ya in coyotl in ye yauh inchan tiacauh, occeppa utilica quinamic in coyotl, oc no centetl quinamacac in cihuatotoli, auh in on ya ichan tiacauh oc no ceppa iquezquiyoc no centetl quitlazato in ithualco huexolotl.


(págs. 187-188)










El coyote y la serpiente

229. Ahora bien, el adive es agradecido, sabe corresponder al beneficio, después entre nosotros. Un hombre iba por el llano y fue a topar con un coyote que cruzaba el camino con el señor. Y aquel coyote con la mano le llamaba luego (que le vio) y se espantó mucho (el caminante).

230. Entonces fue hacia él y cuando hubo llegado junto a él, vio: una serpiente estaba enredada en él, hasta el cuello llegaba la serpiente, bien ceñido le tenía la que se llama “serpiente de maizal” (cincuate). Y dentro de sí le dijo el señor:
—¿A cuál (de los dos) tengo que ayudar?

231. Entonces tomó el señor una vara flexible, vara dura y fácil de pandearse (como si fuera de) hule. Luego con ella golpea al coyote (de manera que la vara alcanzara a la serpiente), luego se dejó caer la serpiente. Al punto se va su camino el coyote, y cuando pudo lograrlo, luego se mete por las tierras, allá llegó, a las milpas.

232. El coyote al señor le vino a ofrecer en el hocico dos guajolotas, las pone ante su presencia, las fue a colocar, con el hocico le hace señas, como si le dijera:
—Tómalas.

233. Otra vez el coyote fue a casa del señor, otra vez en el camino encontró al coyote, otra vez le ofreció una guajolota, y al ir a su casa también encontró en su patio un guajolote.



(págs. 271-272)