Bitácora de literatura: traducción de poesía, sátiras, poemas, fábulas, epístolas, epigramas, aforismos, crónicas, antologías...

martes, 9 de abril de 2013

Слово о плъку Игоревѣ: Cantar de las huestes de Ígor (Siglo XII d. C).


Cantar de las huestes de Ígor



Para Manuel H. Castrillón,
cuyo exquisito blog, “Un argentino suelto en Rusia”, 
hizo más agradable mi estancia en aquel país.



«Тяжко ти головы кромѣ плечю, зло ти тѣлу кромѣ головы», Руской земли безъ Игоря!

Слово о плъку Игоревѣ.

[Rus. ant. “Duro es para la cabeza no tener hombros,
desgracia es para el cuerpo no tener cabeza”
así es para la tierra rusa sin Ígor.

Cantar de las huestes de Ígor.]






Cantar de las huestes de Ígor. Armando Partida Tayzan. Estudio preliminar, traducción y versiones libre y anotada. (Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, Colección Seminarios, México, 2001). 





Hace poco en la librería Jorge Cuesta, ubicada en la calle de Liverpool, a un costado de la Fundación de las Letras Mexicanas, me encontré con un ejemplar que captó mi atención mientras revisaba los libreros.

Se trataba del Cantar de las Huestes de Ígor que publicara en el 2001 la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) —en la Colección Seminarios— cuyo estudio preliminar, selección, traducción, notas y versión libre corrieron a cargo de Armando Partida Tayzan.

A pesar de ello, pasaron varias semanas antes de que me decidiera a adquirirlo.

El precio anotado con lápiz en la primera página señala 60 pesos —poco menos de tres euros aproximadamente—, pero supongo que pagué menos por él debido a los descuentos que suelen hacer las librerías de ejemplares antiguos.

Y como sucede con muchos libros que compro, estuvo olvidado en mi habitación algunos meses hasta que lo tomé por curiosidad y lo leí durante mis trayectos en el transporte público, que es donde acostumbro leer.

Algunos meses antes había viajado a Rusia, por lo que este descubrimiento afortunadísimo complementó las lecturas poéticas rusas que había realizado.

A diferencia de otros poemas épicos, el Cantar de Ígor es breve. Sin embargo, ha atraído grandemente a autores —poetas, compositores, músicos...— y estudiosos no solamente eslavos, sino también de diversas tradiciones como el poeta Rainer Maria Rilke, quien lo vertió al alemán.






Estampilla conmemorativa emitida por la Unión Soviética en 1957.











Ilustración sobre el Cantar de Iván Yákovlevich Bilibin (1876-1942).





En el libro referido, Partida Tayzan traduce el ensayo El manuscrito del Cantar de las huestes de Ígor de Dimitrii Sierguiéievich Lijachov (págs. 75-76; 78-81):   


El Cantar de las huestes de Ígor fue localizado a principios de los años noventa del siglo XVIII, por el reputado aficionado y coleccionista, Aliexéi  Ivánovich Musín Pushkin. El texto se encontraba en un legajo de antiguas obras rusas, originales y traducidas que adquirió, junto con otros manuscritos, de Julio Bikovskii —antiguo archimandrita del entonces ya clausurado monasterio de Spaso-Iaroslavskii. [...]

En 1800 el Cantar fue publicado por A. I. Musín Pushkin, en colaboración con sus amigos investigadores A. F. Malinovskii y N. N. Bántish-Kamienskii, dos de los mejores conocedores de los antiguos manuscritos rusos de aquellos tiempos.

En el incendio de Moscú, de 1812, en casa de Musín Pushkin se destruyó el legajo que contenía el Cantar, junto con toda la valiosísima colección de antiguos manuscritos rusos de gran importancia, como los célebres Anales de la Trinidad, de principios del siglo XV, que fuera tan ampliamente utilizado por N. M. Karamzín en su Historia del Estado ruso. También se quemó gran parte de los ejemplares de la primera edición del Cantar.

[...]

El Cantar de las huestes de Ígor está consagrado a la desafortunada incursión punitiva del príncipe de Nóvgorod-Siéviersk (del norte), Ígor Sviatoslávich, sobre los polovetsanos, y que concluyó con una derrota espantosa, en 1185. [...]

He aquí cómo tuvieron lugar los sucesos de la incursión del valiente adalid de Nóvgorod-Siéviersk —un principado de dimensiones medianas— Ígor Sviatoslávich: con pocas fuerzas, sin ponerse de acuerdo con los príncipes Sviatoslav de Kiev y Sviatoslávich de Nóvgorod-Siéviersk; sin reflexionar, “sin haber controlado a la juventud” —como se habla respecto de él en las crónicas—, se puso en marcha hacia una lejana incursión contra los polovetsanos, pensando llegar hasta las costas del Mar Negro y reintegrar a la Rus el lejano Tmutorokán, que alguna ve formara parte del principado de Chernígov y que se encontraba en donde actualmente se localiza Tamán.

Ígor se puso en marcha a principios de la primavera de 1185. Además de éste, participaron en la incursión sus hijos y el príncipe Sviatoslav Olgóvich de Rilsk. Junto a la ribera del Doniets, sus tropas fueron sorprendidas por un eclipse de sol, considerado en la Rus como premonición de infortunio, pero Ígor no dio media vuelta a los caballos. Junto con Oskol se unió a las tropas su hermano Vsiévolod “Bui-Tur” (Impetuoso-Uro, apodo que le da el autor), príncipe de Kursk y de Trubchevsk.

Sorprender desprevenidos a los polovetsanos —como contaba Ígor—, no lo logró; inesperadamente, los “guardianes” rusos informaron que los polovetsanos estaban armados y preparados para el combate. Los “guardianes” le aconsejaron regresar, pero regresar a casa sin la victoria fue considerado por Ígor una deshonra y prefirió ir al encuentro con la muerte.

El primer choque de las tropas de Ígor con los polovetsanos fue afortunado: los rusos los persiguieron, les capturaron el convoy, los hicieron prisioneros.

Al día siguiente, al amanecer, los regimientos polovetsanos, semejantes a un bosque, comenzaron el ataque contra los rusos. Un pequeño ejército ruso vio que contra él se reunía toda la tierra polovetsana. Pero tampoco aquí el osado Ígor volvió los regimientos. Dirigió un breve pero impetuoso discurso y ordenó apresurarse y abrir paso a la caballería entre los regimientos polovetsanos; todos juntos con la druzhina, mesnada, del príncipe y con las milicias populares pedestres de campesinos. Tres jornadas, día y noche, Ígor se desplazó lentamente con sus tropas hacia el Doniets. Fue herido en el combate. Los soldados aislados del agua fueron extenuados por la sed.

Al amanecer vaciló el regimiento auxiliar de nómadas establecidos en la Rus —llamados kovuyes. Ígor se quitó el yelmo para ser reconocido, galopó tras ellos para detenerlos, no pudo hacerlo y quedó separado de sus tropas. En el camino de regreso, a la distancia del vuelo de una flecha de su regimiento, fue hecho prisionero por los polovetsanos. Capturado, vio cómo su hermano Vsiévolod luchaba encarnizadamente.

La derrota de Ígor Sviatoslávich tuvo tristes consecuencias para toda la tierra rusa. Nunca antes los príncipes habían caído en cautiverio de los polovetsanos. Éstos se envalentonaron y con nueva energía arremetieron sobre los principados rusos. [...]

Ígor en cautiverio disfrutaba de relativa libertad y respeto. Tras él, como tras un enfermo, Konchak, el kan polovetsano, lo cuidaba.

El polovetsano Lavr le propuso huir. Inicialmente renunció a tomar “un camino deshonroso”, pero pronto se enteró de que los polovetsanos —habiendo regresado de una incursión al pueblo ruso de Pierieyaslavl—, disgustados por el fracaso, se preparaban a exterminar a los cautivos. Ígor decidió huir. El tiempo escogido para la huida fue el del atardecer, a la puesta del sol. Ígor envió a su palafrenero a ver a Lavr, ordenándole se trasladara al otro lado del río con un caballo ensillado. Los polovetsanos que lo aguardaban se emborracharon con kumís, bebida fermentada de leche de yegua; jugaban y se divertían pensando que el príncipe dormía. Ígor se trasladó a través del río, se subió al caballo y sin ser notado se puso en marcha a través del campamento polovetsano.

Once días pasó Ígor huyendo con dificultad de la persecución hasta llegar a la ciudad fronteriza de Doniets. Luego de haber llegado a su natal Nóvgorod-Siéviersk (del norte), muy pronto se puso en marcha hacia Chernígov y a Kiev buscando ayuda; en todas partes fue recibido con alegría.






Portada de la primera edición (1800).





En el siguiente portal, el interesado encontrará diversas versiones del texto —el poema en ruso antiguo, las traducciones al ruso moderno, así como a otros idiomas: http://nevmenandr.net/slovo/ (en ruso) o http://nevmenandr.net/slovo/main-en.html (en inglés)

De igual modo, podrá leer el poema íntegro en un par de versiones al español: http://nevmenandr.net/slovo/trans.php?it=mo y http://nevmenandr.net/slovo/trans.php?it=mr











Armando Partida Tayzan (1937) es licenciado en Filología y maestro en Lengua y Literatura Rusas por la Universidad de la Amistad de los Pueblos Patrice Lumumba de Moscú, maestro en Estudios Latinoamericanos (Literatura) y doctor en Letras Mexicanas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Por su labor como traductor y divulgador de la lengua y la literatura rusas, en 1985 recibió la Medalla Pushkin.






Estampilla conmemorativa del 800 aniversario emitida por la U. R. S. S. en 1985. 





Partida Tayzan ofrece dos versiones del poema: una anotada, y otra libre. Decidí transcribir algunos fragmentos de la segunda. El investigador-traductor aclara:


La versión siguiente y las notas se realizaron con base en los estudios y las ediciones que Dimitrii Sierguiéievich Lijachov, miembro de la Academia de Ciencias de la URSS, efectuó sobre el Cantar, en particular: Slovo o polkú Ígorovie, edición para la cual realizó el prólogo, el estudio de reconstrucción, la traducción al ruso moderno y las notas (Moscú-Leningrado, FIDL, 1961, 229 pp.), así como la segunda edición (Leningrado Sovietski Pisatiel’, 1985, pp. VII-XXXVIII [Bibliotieka poeta]). El título completo, hoy en desuso, es Cantar de la incursión de Ígor, hijo de Sviatoslav, nieto de Olgov.

Los encabezados de cada suceso, son obra de Dimitrii Sierguiéievich Lijachov, al igual que las divisiones del texto antiguo.





Cantar de la incursión del príncipe Ígor.
Estudio preliminar, traducción y versiones libre y anotada de Armando Partida Tayzan.






После побоища Игоря Святославича с половцами (1880).
Виктор Михайлович Васнецов (1848-1926).
Государственная Третьяковская галерея.

[Rus. Tras la batalla del Príncipe Ígor Sviatoslávich contra los polovetsanos (1880).

Víktor Mijáilovich Vasnetsov (1848-1926).
Galería Estatal Tretriakov. Moscú.]





(Versión libre)



Слово о плъку Игоревѣ


Другаго дни велми рано кровавыя зори свѣтъ повѣдаютъ,
чръныя тучя съ моря идутъ, хотятъ прикрыти д солнца, а въ нихъ трепещуть синіи млъніи.
Быти грому великому, итти дождю стрѣлами съ Дону Великаго!
Ту ся копіемъ приламати, ту ся саблямъ потручяти о шеломы половецкыя, на рѣцѣ на Каялѣ, у Дону Великаго.
О Руская землѣ! Уже за шеломянемъ еси!



Слово о полку Игореве

На другой день спозаранок
кровяные зори свет возвещают;
черные тучи с моря идут,
хотят прикрыть четыре солнца,
а в них трепещут синие молнии.
Быть грому великому,
пойти дождю стрелами с Дона великого!
Тут копьям изломиться,
тут саблям побиться
о шлемы половецкие
на реке на Каяле,
у Дона великого!
О Русская земля! Уже ты за холмом!



La noche ha pasado y la aurora ensangrentada
anuncia la desgracia desde el amanecer.
Nubarrones del mar vienen,
quieren cubrir los cuatro soles.
Y relámpagos azules en los nubarrones se estremecen.
¡Ser trueno le toca hoy en la Kaiala,
volcarse como lluvia de flechas desde el gran Don!
¡Aquí en la lucha cuerpo a cuerpo se quebrarán las lanzas
y los mandobles haranse trizas,
al retumbar sobre el yelmo de los polovetsanos
en el río Kaiala,
junto al Don!
¡Oh tierra rusa!
¡Ya estás tras la colina!

Versos 43-47.
(Las huestes polovetsanas se aproximan.
Lamento del autor, pág. 176.)






Что ми шумить, что ми звенить
давечя рано предъ зорями? Игорь плъкы заворочаетъ, жаль бо ему мила брата Всеволода.
Бишася день, бишася другый, третьяго дни къ полуднію падоша стязи Игоревы.
Ту ся брата разлучиста на брезѣ быстрой Каялы;
ту кроваваго вина не доста,
ту пиръ докончаша храбріи русичи: сваты попоиша, а сами полегоша за землю Рускую.
Ничить трава жало щами, а древо с тугою къ земли преклонилось.
Уже бо, братіе, не веселая година въстала, уже пустыни силу прикрыла.
Въстала обида въ силахъ Дажь-Божа внука, вступила дѣвою на землю Трояню, въсплескала лебедиными крылы на синѣмъ море у Дону, плещучи, убуди жирня времена. Усобица
княземъ на поганыя погыбе, рекоста бо братъ брату: «Се мое, а то мое же». И начяша князи про малое «се великое» млъвити, и сами на себѣ крамолу ковати,
а поганіи съ всѣхъ странъ прихождаху съ побѣдами на землю Рускую.
О, далече заиде соколъ, птиць бья, – къ морю.
А Игорева храбраго плъку не крѣсити!
За нимъ кликну Карна и Жля, поскочи по Руской земли, смагу мычючи въ пламянѣ розѣ.
Жены рускія въсплакашась, аркучи:
«Уже намъ своихъ милыхъ ладъ ни мыслію смыслити, ни думою сдумати, ни очима съглядати, а злата и сребра ни мало того потрепати!».



Что мне шумит,
что мне звенит –
издалека рано до зари?
Игорь полки заворачивает,
ибо жаль ему милого брата Всеволода.
Билися день,
билися другой;
на третий день к полудню пали стяги Игоревы.
Тут два брата разлучились на берегу быстрой Каялы;
тут кровавого вина недостало;
тут пир закончили храбрые русичи:
сватов напоили, а сами полегли
за землю Русскую.
Никнет трава от жалости,
а дерево с горем к земле преклонилось.
Уже ведь, братья, невеселое время настало,
уже пустыня войско прикрыла.
Встала обида в войсках Даждьбожа внука,
вступила девою на землю Трояню,
восплескала лебедиными крылами
на синем море у Дона;
плеща, прогнала времена изобилья.
Борьба
князей против поганых прекратилась,
ибо сказал брат брату:
«Это мое, и то мое же».
И стали князья про малое
«это великое» говорить
и сами на себя крамолу ковать.
А поганые со всех сторон приходили с победами
на землю Русскую.
О, далеко залетел сокол, птиц побивая, – к морю!
Игорева храброго полка не воскресить!
 По нем кликнула Карна, и Желя
поскакала по Русской земле,
огонь мыкая в пламенном роге.
Жены русские восплакались, приговаривая:
«Уже нам своих милых лад
ни мыслию не смыслить,
ни думою не сдумать,
ни глазами не повидать,
а золота и серебра совсем не потрогать».



Me zumban los oídos.
¿Qué es lo que hace ruido?
¿Qué es lo que ahí suena?
Lejos del campo de combate, temprano,
antes de la aurora Ígor,
completamente herido, se apresura
a regresar a los fugitivos de nuevo a la refriega.
¡Mas no podrá contener a las huestes enemigas!
Lástima siente por su querido hermano Vsiévolod.
Se batieron un día, se batieron otro,
al tercero, como al medio día,
los estandartes soltaron los rusos derrotados.
Aquí los dos hermanos se separaron
en el río ensangrentado, en el Kiala.
Aquí no fue suficiente el vino a los rusichanos,
aquí la batalla concluyeron las mesnadas,
dieron tanto de beber a los casamenteros,
que ellos mismos sucumbieron por la tierra rusa.
La estepa se abatió invadida por la pena,
y los árboles sus ramas doblegaron.

Versos 68-83.
(Derrota de los combatientes de Ígor.
La naturaleza se conduele de la desgracia de los rusos, págs. 179-180.)



Pues hermanos, ya llegaron los tiempos desdichados:
tierras extrañas se tragaron a los rusichanos.
De los túmulos se levantó la Afrenta
y cual doncella, la virgen de la Violencia, entró a la tierra troyana,
las alas de cisne agitando,
inundando con sus gritos el mar azul y el Don.
Batiéndolas desterró los tiempos de la abundancia.
Cesó la lucha de los príncipes contra los infieles,
llaman pequeño al grande
y fraguan la discordia
del hermano contra el hermano.
Forjando sobre sí la discordia,
en tanto el enemigo como nubarrón
se abalanza sobre la Rus.
Por todas partes hay infortunio y aflicción.
Llanto por los guerreros de Ígor que sucumbieron en la lucha.
¡Lejos te encuentras tú, nuestro regio halcón,
en pos de la presa has llegado al mar azul!
¡No resucitarán de Ígor las huestes,
ni se levantarán tras el espantoso encuentro!
Por éstas Karna apareció,
y en su aflicción un lamento mortal lanzó.
Y Zhelia ha galopado sobre la tierra rusa,
se puso en marcha por muchos caminos,
disipando el fuego funerario,
con el cuerno cintilante emocionado.
Las esposas rusas irrumpieron en llantos clamando:
“¡Ya no podremos pensar a nuestros queridos
con el pensamiento,
ni con un pensamiento pensarlo,
ni con los ojos verlos;
y no podremos vivir en el nido suntuoso,
ni hacer sonar ni el oro, ni la plata!”

(Triste meditación del autor sobre la terrible situación
por la que atraviesa la tierra rusa, págs. 180-181.)





NOTAS

Todas las referencias al Don, no sólo son metáforas, sino que además ponen de manifiesto el interés político de Ígor, quien quería abrir una nueva ruta comercial noroeste-sureste, pues la de Kiev ya era obsoleta, por lo que resultaba más provechosa, económica y práctica la que partía desde el golfo de Riga hasta la desembocadura del Don.

La virgen de la Violencia se remonta a la antigua escatología bizantina, tomando carta de naturalización en la poesía popular rusa.

Karna. La personificación del castigo.

Zhelia. La personificación de la aflicción, llanto por los muertos.

miércoles, 3 de abril de 2013

La Epopeya de Gilgamesh (Milenio III a. C.).



La literatura no es únicamente un recurso de última instancia en el estudio de la historia social y de hecho ha sido de gran utilidad para iluminar períodos de la historia universal ampliamente documentados en otras fuentes [...] los datos suministrados por las obras literarias pueden ayudar a elaborar una interpretación sociológica de la historia, meramente de acontecimientos.

                                                                                                                                                        Jorge Silva Castillo.











Desde muy joven sentí afinidad por las culturas antiguas, del mismo modo en que mi materia favorita en la escuela siempre fue la Historia.

Los viajes me han permitido conocer tanto lugares como vestigios de las primeras civilizaciones.

Al no haber visitado todavía Iraq, respecto de Mesopotamia —concepto griego que significa “entre ríos”—, recuerdo particularmente un par de lugares.

(Como he escrito en algún otro lado, quien pretenda acceder a los restos de las grandes culturas antiguas habrá de ir no a los países donde se establecieron aquellas, sino a los museos de las denominadas “potencias”.)

El primero, el Museo de Pérgamo en Berlín, donde contemplé atónito la Puerta de Ishtar durante varios minutos; además de las tablillas con inscripciones cuneiformes que se exhiben sin protección. El segundo fue el Museo Pushkin de Moscú, cuya sala dedicada a esta parte del mundo me hizo sentir insignificante, no sólo por las figuras colosales que destacan ahí.

Con estos antecedentes, doy comienzo a la publicación de un ciclo de algunos de los poemas épicos más importantes de la Humanidad —sólo espero disponer de la suficiente concentración para no desviarme de este objetivo, dada mi condición inquieta y dispersa.

La (re)lectura reciente del Poema de Gilgamesh, en la eximia edición del erudito mexicano Jorge Silva Castillo, me inspiró esta entrada.

Más adelante se leerá la información de los estudiosos; sin embargo, me gustaría expresar la profunda impresión que causó en mí, un lector mexicano del siglo XXI, esta obra concebida hace aproximadamente ¡50 siglos!

Cada cual es “ser humano de su tiempo” —y todo lo que conlleva serlo. Al acercarme a un documento de esta índole, lo hice irremediablemente con los prejuicios y la pedantería característicos de mi época.

A partir de la lectura identifiqué —¿o acaso sería más preciso decir, “reinterpreté”, “distorsioné”?...— algunos temas que esbozaron en mí una sonrisa, tales como el sexo, en tanto elemento de civilización cuando la hieródula Shámhat fornica con el salvaje Enkidú; o bien cuando éste mismo manifiesta a Gilgamesh que “tiene los ojos llenos de lágrimas y la tristeza en el corazón, por lo que su fuerza disminuye cuando sus músculos se paralizan y sus brazos desfallecen”: ¿Acaso no se vislumbra la “depresión” del amigo del héroe?

¡Vaya capacidad de esta cultura que legó a la posteridad, a partir del lenguaje, la burla cuando Gilgamesh contraviene las advertencias de los consejeros!: “Puesto que tengo miedo, iré.” Sin mencionar el anhelo de trascendencia, el miedo a la muerte, la manifestación de la amistad, la aparición del reproche, la sumisión a la voluntad divina; o la representación de la diosa Ishtar como una mujer manipuladora, entre muchas otras temáticas.

Lo anterior me hizo reflexionar si la sociedad actual, con toda su parafernalia moderna y sus conceptos progresistas, realmente es más avanzada que aquella que pudo reparar y analizar su circunstancia y la de sus miembros —evidentemente al amparo teológico.

Después de todo, a cinco milenios de distancia, los seres humanos aún morimos como aquellos semidioses...




Dos páginas destacadas sobre Mesopotamia (Sumeria, Asiria y Babilonia): Museo Británico de Londres (en inglés) y The Virtual Museum Of Iraq (en italiano). 








Himnos babilónicos. Estudio preliminar, traducción y notas de Federico Lara Peinado.
(Editorial Tecnos, Madrid, 1990).






Federico Lara Peinado, doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, y destacado investigador del antiguo Oriente Próximo en el Estudio Preliminar que precede a su edición de los Himnos Babilónicos (Editorial Tecnos, Madrid, 1990), escribe:  


En cuanto a la mitología babilónica y asiria, debemos decir que fue muy rica y variada, pudiéndose aislar diferentes ciclos míticos, que arrancaban de los ciclos sumerios anteriores, pero que fueron modificados, completados y enriquecidos en número. Puede así hablarse de un ciclo de mitos en torno al Diluvio (Tablilla XI del Poema de Gilgamesh).

[...]

La etapa histórica babilónica, que se desarrolló a lo largo de los dos primeros milenios antes de Cristo, constituyó (en su primera fase) la edad de oro de la literatura del Próximo Oriente antiguo, una literatura profundamente marcada con la impronta de lo religioso.

A dicho período histórico pertenecen, además de las grandes obras de carácter jurídico, histórico y técnico, las magnas y numerosas composiciones míticas, las obras de la sabiduría, los poemas didácticos, los grandes himnos tradicionales, así como infinidad de textos religiosos del más variado carácter.

[...]

Donde los escribas pusieron especial atención fue en la redacción del Poema de Gilgamesh, al fijar ahora una de sus principales versiones, a partir de materiales sumerios anteriores, empezados a recopilar en la etapa antigua babilónica.

Este poema el más famoso de la Mesopotamia de todos los tiempos, fruto último del genio semita, lo conocemos por su versión más completa, la hallada en la biblioteca del rey asirio Assurbanipal (669-629 a. de C.), en doce tablillas o cantos de casi trescientos versos cada uno. Se trata de una larga epopeya donde se narran las aventuras, hechos, y circunstancias del quinto rey de la primera dinastía de Uruk, Gilgamesh, que hubo de vivir a finales del siglo XXVII precristiano. Sus aventuras están inmersas dentro de una riqueza temática de contenido universal: amor, amistad, pecado, mal, concepción de la muerte, inmortalidad, resignación, tratados todos estos aspectos con gran altura ética.


Remito a quien interesado en profundizar en el tema; del propio Lara Peinado: Poema de Gilgamesh: Un viaje fallido a la inmortalidad






Gilgamesh o la angustia por la muerte: poema babilonio.
Traducción directa del acadio, introducción y notas de Jorge Silva Castillo.
(El Colegio de México: Centro de Estudios de Asia y África, México, 2002).





Jorge R. Silva Castillo fungió como profesor, investigador y director del Centro de Estudios de Asia y África del Colegio de México —para los lectores ibéricos que leen, esta institución de educación superior se fundó en 1940, teniendo como antecedente inmediato “La Casa de España”, y se enriqueció con el exilio causado por la Guerra Civil Española.

Fue alumno del erudito Réné Labat en la École Pratique des Hautes Études. También convivió con el historiador francés, Jean Bottéro, uno de los primeros traductores del Código de Hammurabi.

Pionero en la asiriología en México, Silva Castillo destaca por su Gilgamesh o la angustia por la muerte: poema babilonio, traducción directa del acadio cuya primera edición data de 1994.

Para desentrañar en justa dimensión la figura de Gilgamesh —que de acuerdo con el experto se debe pronunciar “Guilgamesh—, pongo a su disposición este enlace: Gilgamesh en las tradiciones sumerias y en la tradición acadia. 

Ahora bien, sobre el poema, el cual “antes de llegar a su forma escrita, fue transmitido de generación en generación por la tradición oral” (nota 8 de la página 201), transcribo algunos fragmentos de la Introducción, así como de la epopeya misma:


El texto más completo, aunque mutilado, del poema acadio de Gilgamesh, fue encontrado en las ruinas de Nínive, entre las tablillas de una colección de obras literarias conocida como Biblioteca de Asurbanipal de Asiria, que reinó del año 668 al 627, a. C. Alrededor de ciento cincuenta fragmentos más o menos importantes, descubiertos ahí y en otros sitios de Iraq [...] hacen ver que existía una versión que se copiaba fielmente, sin modificaciones mayores, aunque con variantes de detalle, por lo que se puede llamar versión estándar. [...] Los estratos en que se han encontrado algunos de estos fragmentos, así como su análisis textual y otros criterios, hacen pensar que la versión estándar se compuso durante el último tercio del segundo milenio a. C. A partir del siglo IX, esta obra, atribuida a un sacerdote exorcista babilonio llamado Sin-leqi-unninni, se reprodujo con un alto grado de fidelidad hasta los albores de nuestra era [...] La composición de Sin-leqi-unninni se basa en otra versión más antigua hecha en Babilonia hacia el primer tercio del segundo milenio, por lo que se puede llamar paleobabilónica.


Más adelante puntualiza:


La versión paleobabilónica, a juzgar por un pasaje que no recogieron las versiones posteriores, ofrecía una suerte de escape al fatalismo pesimista de la intrascendencia; Siduri, una tabernera que a la orilla del océano cósmico trata de disuadir a Gilgamesh de emprender la travesía de ese mar de aguas mortales, da al héroe consejos que no nos sorprenderían en boca de un filósofo romano que viviera según las normas del carpe diem [Lat. Toma el día: aprovecha el momento]:



Gilgamesh, ¿hacia dónde corres?
La vida que persigues, no la encontrarás.
Cuando los dioses crearon a la humanidad,
le impusieron la muerte;
la vida, la retuvieron en sus manos.
¡Tú, Gilgamesh, llena tu vientre;
día y noche vive alegre;
haz de cada día un día de fiesta;
diviértete y baila noche y día!
Que tus vestidos estén inmaculados,
lavada tu cabeza, tú mismo estés siempre bañado.
Mira al niño que te tiene de la mano.
Que tu esposa goce siempre en tu seno.
¡Tal es el destino de la humanidad!

(Fragmento Meissner
MVAG 7/1 : VAT 4105, col. iii, 1’-14’)






Mapa del mundo: el único mapa antiguo que se conserva de Mesopotamia.
Probablemente de Sippar, sur de Iraq, aproximadamente 700-500 a. C.
Museo Británico de Londres.





Me valgo del trabajo citado de Lara Peinado para ofrecer el argumento y la cronología de la obra:


A Gilgamesh, que se comportaba de modo tiránico con sus súbditos, los dioses le oponen un «igual», Enkidú, de naturaleza salvaje, para que refrene su comportamiento. Sin embargo, ambos personajes llegan a hacerse íntimos amigos y juntos corren una serie de aventuras (Bosque de los cedros, muerte del monstruo Humbaba, desprecio de Ishtar, lucha contra el Toro celeste). La osadía que significaba el haber despreciado a Ishtar motiva que ese orgullo sacrílego de Gilgamesh sea castigado por los dioses con la muerte de su amigo Enkidú. Ante la angustia del hecho y dándose cuenta de la precariedad de la vida, el héroe de Uruk busca desesperadamente el secreto de la inmortalidad. Pero todo será inútil y cada fracaso le sumirá en una mayor desesperación. Finalmente, Gilgamesh alcanzará la calma de la resignación al comprender que lo único inmortal del hombre es el recuerdo que de él tenga la posteridad.

En razón de tales temas y de su visión profunda, el poema tuvo amplia difusión, realizándose de él versiones hurritas, hititas y palestinas. Asimismo, episodios sueltos de claro origen sumerio fueron conocidos en el mundo eblaíta.






Gilgamesh o la angustia por la muerte: poema babilonio.
Traducción directa del acadio, introducción y notas de Jorge Silva Castillo.






Máscara de arcilla del demonio Huwawa.
Sippar, sureste de Iraq, 1800-1600 a. C.
Museo Británico de Londres.





Bendecía a Gilgamesh la multitud:
“¿Volverás algún día a la ciudad?”
Los ancianos los bendecían
y le daban consejos sobre el viaje:
“¡No confíes en tu fuerza, Gilgamesh!
¡Estén atentos tus ojos, ten cuidado!
Que vaya por delante Enkidú:
él sabe la ruta y ha hecho el camino,
conoce los pasos de montaña
y los ardides todos de Huwawa
el que va delante cuida a su compañero—;
sus ojos atentos te cuidarán.
¡Que te permita Shamash lograr lo que deseas!
Que lleguen a ver tus ojos lo dicho por tu boca.
Que te abra los senderos cerrados,
disponga para tus pasos el camino,
escoja la montaña para tus pies.
Que te regocije el sueño de tus noches.
Que te conduzca y te asista Lugalbanda.
Conforme a tu propósito,
logro, tan pronto como puedas, tus deseos.
En el río de Huwawa, objeto de tu empeño,
lava tus pies.
En tus altos nocturnos, cava un pozo
para que no falte en tu odre el agua pura
y ofrezcas a Shamash libaciones de agua fresca,
sin olvidar tampoco a Lugalbanda.”

Versión paleobabilónica (Yale)
Tablilla III, columna vi, 245-270.
(Las proezas, La expedición al Bosque de los Cedros,
Proyecto y preparativos, págs. 82-83.)






Tablilla del Diluvio (Tablilla XI). Indudablemente la tablilla cuneiforme más famosa de Mesopotamia. Nínive, norte de Iraq, aproximadamente del siglo VII a. C.
Museo Británico de Londres.






Bendecía a Gilgamesh la multitud:
“¿Volverás algún día a la ciudad?”
Los ancianos los bendecían
y le daban consejos sobre el viaje:
“¡No confíes en tu fuerza, Gilgamesh!
¡Estén atentos tus ojos, ten cuidado!
Que vaya por delante Enkidú:
él sabe la ruta y ha hecho el camino,
conoce los pasos de montaña
y los ardides todos de Huwawa
el que va delante cuida a su compañero—;
sus ojos atentos te cuidarán.
¡Que te permita Shamash lograr lo que deseas!
Que lleguen a ver tus ojos lo dicho por tu boca.
Que te abra los senderos cerrados,
disponga para tus pasos el camino,
escoja la montaña para tus pies.
Que te regocije el sueño de tus noches.
Que te conduzca y te asista Lugalbanda.
Conforme a tu propósito,
logro, tan pronto como puedas, tus deseos.
En el río de Huwawa, objeto de tu empeño,
lava tus pies.
En tus altos nocturnos, cava un pozo
para que no falte en tu odre el agua pura
y ofrezcas a Shamash libaciones de agua fresca,
sin olvidar tampoco a Lugalbanda.”

Versión paleobabilónica (Yale)
Tablilla III, columna vi, 245-270.
(Las proezas, La expedición al Bosque de los Cedros,
Proyecto y preparativos, págs. 82-83.)





Gilgamesh se dirigió a él,
                        a Utanapíshtim:
“¿Cómo no habrían de estar, Utanapíshtim,
            mis mejillas enjutas, mi cara demacrada,

Columna v
mi corazón triste,
                        demacrado mi semblante?
¿Cómo podría no estar
lleno de angustia mi vientre?
¿Cómo no habría de tener el rostro
como el de quien ha hecho un largo viaje,
maltratada la cara
por el frío y el calor?
¿Cómo no habría de andar
vagando por la estepa?
¡Mi amigo, mulo errante,
onagro del monte,
pantera de la estepa;
mi amigo, Enkidú,
            mulo errante, onagro del monte,
                        pantera de la estepa
—con quien, uniendo nuestras fuerzas,
juntos, escalamos la montaña,
nos apoderamos del Toro
                        y lo matamos,
derrotamos a Humbaba, que moraba
                        en el Bosque de los Cedros,
y en los pasos de montaña
                        matamos los leones—;
mi amigo, a quien tanto amé,
quien conmigo pasó tantas pruebas,
Enkidú, a quien tanto amé,
                        quien conmigo pasó tantas pruebas,
llegó a su fin, destino de la humanidad!
            Seis días y siete noches
                        lloré por él,
y no le di sepultura
hasta que de su nariz
                        cayeron los gusanos.
¡Tengo miedo de la muerte y aterrado,
vago por la estepa!
Lo que le sucedió a mi amigo
                        me sucederá a mí.
Tomé un largo camino
                        y vago por la estepa
¿Cómo podría callarme yo,
cómo guardar silencio?
Mi amigo, a quien amaba,
            ha vuelto al barro.
Enkidú, mi amigo, a quien amaba,
                                    ha vuelto al barro.
¿Acaso no habré de sucumbir yo, como él?
            ¿Nunca jamás me habré yo de levantar?”
Gilgamesh prosiguió,
hablando a Utanapíshtim:
Ea —[me dije]— iré a Utanapíshtim el Lejano.
            ¡He de ver a aquél de quien tanto se habla!
Rondé por los caminos
de todos los países,
sorteé peligros
                        en las montañas,
crucé los mares
                        todos.
¡Ah! Mi cara no ha gozado
                        de un buen sueño.
Me he quedado sin dormir.
                        He llenado mis venas de angustia.
Todo esto, ¿a qué me ha llevado?...
            ¡Mi ropa no ha durado para llegar
                        hasta la tabernera!
He matado oso, hienas,
            leones, panteras,
                        tigres, ciervos,
                                   leopardos, rebaños y manadas.
He comido su carne y me he vestido
                        con sus pieles.
¡Oh, si pudiera tapar,
con pez y con betún,
las grietas de la puerta del dolor!
Para mí no hay alegría. A mí, desgraciado,
me ha desgarrado [el destino].”

Tablilla X, columnas iv, 49-v, 34.
(En pos de la inmortalidad,
Travesía del océano cósmico y encuentro con Utanapíshtim,
págs. 156-159.)





(Utanapíshtim le habla a Gilgamesh):

Columna vi (Sm 1681)           

Tú has perdido el sueño:
¿Qué has sacado?
En tus insomnios
te has agotado.
Tus carnes están
llenas de ansiedad.
Haces que tus días
se acerquen a su fin.
La humanidad lleva por nombre
‘Como caña de cañaveral
                        se quiebra’.
[Se quiebra] aun el joven lleno de salud,
                        aun la joven llena de salud.
                                   . . . . . . . . . .
No hay quien haya
                        visto la muerte.
A la muerte nadie
le ha visto la cara.
A la muerte nadie
                        le ha oído la voz.
Pero, cruel, quiebra la muerte
                        a los hombres.
¿Por cuánto tiempo
construimos una casa?                    
¿Por cuánto tiempo
sellamos los contratos?
¿Por cuánto tiempo
            los hermanos comparten lo heredado?
¿Por cuánto tiempo
                        perdura el odio en la tierra?
¿Por cuánto tiempo sube el río
y corre su crecida?
Las efímeras que van a la deriva
                        sobre el río,
[apenas] sus caras ven
                        la cara del sol,
cuando, pronto,
                        no queda ya ninguna.
¿No son acaso semejantes
el que duerme y el muerto?
¿No dibujan acaso
                        la imagen de la muerte?
[en verdad,] el primer hombre
                        era ya su prisionero.
Desde que a mí me bendijeron [los dioses,]
                        no han bendecido a nadie más.
Los Annunaki, los grandes dioses,
                        reunidos [en consejo]
—Mammetu, que crea los destinos,
con ellos los decide—,
determinaron la muerte
                        y la vida.
Pero de la muerte
                        no se ha de conocer el día.”

Tablilla X, columna vi (Sm 1681), 6’-32’.
(En pos de la inmortalidad,
Travesía del océano cósmico y encuentro con Utanapíshtim,
págs. 160-161.)





NOTAS

Lugalbanda fue hijo de Enmerkar, rey de la primera dinastía de Uruk, héroes ambos de leyendas sumerias.

Shámhat (hieródula), prostituta sagrada cuyas funciones rituales tenían que ver con los ritos iniciáticos y de fecundidad de la dios Ishtar. Su nombre se debe pronunciar Shámjat.

Shamash, el dios del sol y de la justicia, era el dios tutelar de la dinastía de la que formaba parte Gilgamesh y, por lo tanto, su protector personal.

Huwawa, monstruo fabuloso puesto al cuidado del Bosque de los Cedros por Enlil. La “h” del nombre propio se debe pronunciar como “j”. Humbaba es forma fonética tardía, equivalente al Huwawa de la versión paleo-babilónica.

Utanapíshtim, el “Noe” mesopotamio, había obtenido la inmortalidad como recompensa por haber salvado a la humanidad de la catástrofe del diluvio.

El término Annunaki está usado aquí como nombre común de los dioses.

Mammētu es otra denominación de Mah, la diosa madre.